Para superar la esclavitud plástica (1/2)

Para superar la esclavitud plástica (1/2)

Alrededor de cuatro de cada diez dominicanos con una tarjeta de crédito se financia con ella. Es decir, al no hacer el pago total de lo consumido, acceden a uno de los créditos más costosos en el mercado. Cometen, por lo tanto, un tremendo error.

Si bien es cierto que hay gastos necesarios e imprevistos, y emergencias que a veces debemos solventar con este producto, también son muchos los excesos, deseos fuera de tiempo y despilfarros que asumimos por la facilidad de financiarlos con esos plásticos de doble filo.

Un tarjetahabiente que se vea constantemente haciendo uso de la facilidad de “crédito” en su plástico de manera regular (es decir, financiándose con ella por más de dos meses en el último año), o que recurre a los “avances de efectivo” debe replantear su uso de la tarjeta.

Es fundamental distinguir la tarjeta como instrumento de pago, auxiliar de nuestra planificación, asegurador de nuestras compras, sustituto del peligroso efectivo, gestor de descuentos y facilitador de viajes por nuestra fidelidad con ella, de la tarjeta utilizada como permisivo mecanismo de financiamiento al que recurrimos para pagar despilfarros.

La primera tarjeta agrega valor. La segunda destruye finanzas. Lo interesante es que bien podría ser la mismísima tarjeta. En otras palabras, el problema no está en el qué usamos, sino en el cómo lo hacemos. Si esto no se entiende, y claramente, la mejor tarjeta es ninguna.

Primer paso

Si te estás financiando con tarjeta de crédito, un primer paso es hacer conciencia del daño que le estás haciendo a tus finanzas. El cómo es fácil: Busca los estados de cuenta de los últimos seis meses, e identifica cuánto has gastado, mes por mes, en el concepto de “Interés por financiamiento”.

Suma esos seis meses, y multiplícalos por dos, para tener un aproximado anual de cuánto te cuesta financiarte.

Caso tras caso que he estudiado, típicamente el costo financiero asciende al equivalente de un mes del salario o ingreso mensual del tarjetahabiente. ¡Y luego decimos que es imposible ahorrar!

Tendrás también que hacer consciencia de en qué has gastado y el por qué lo has hecho. Identificar patrones y conductas y las situaciones (¡son tuyas, no de la tarjeta de crédito!) que te han llevado a realizar esos consumos, sobre todo los que, luego de ponderarlos fríamente, no fueron más que decisiones compulsivas o pequeños hábitos de consumo que terminan destruyendo tu capacidad de ahorro.

Saca los balances de todos tus plásticos, para identificar lo que debes. Solicita también tu historial y “score” de crédito para ver cómo los bancos te ven a ti.

Llevarás un registro cuidadoso de estos balances (mensualmente) y el “score” (trimestral) como punto de partida contra el cual medirás tu progreso.

Segundo paso

Con tu situación más clara, y nunca desesperándote (créeme, no serás el primero que enfrenta y supera el endeudamiento excesivo), tomarás la decisión de liberarte de la bola negra de plástico tóxico.

El cómo es lo más sencillo: ¡Dejarás de utilizar la tarjeta de crédito! Literalmente, almacenarás tus plásticos en algún lugar seguro y solamente le darás seguimiento por vía de tus estados de cuenta y el acceso por internet.

Ojo: Las guardarás, no las destruirás. Para fines de mantener y desarrollar tu historial y flexibilidad de crédito, es importante que puedas mostrar, a través de los burós de crédito, que tienes suficiente acceso a instrumentos de crédito formal (¡aunque no los utilices, claro!).

No todos podremos, sin embargo, preservar los plásticos. Para algunas personas, y sin que esto implique juicio de valor alguno, la “tentación” de recurrir a la tarjeta guardada es demasiado alta.

Bajo ese escenario, es comprensible que se inhabilite (destruya) el plástico, aunque quien enfrente esa falta de control también hará bien en buscar asistencia para cambiar ese patrón de conducta.

Si el descontrol en el gasto se mantiene, no importa que tritures tu tarjeta de plástico en mil pedazos: Siempre estará el usurero o prestamista que gustosamente te facilitará el dinero a cambio de la esclavitud del pago mensual con un “módico” interés, peor que el de las tarjetas.

¿Cuánto abonar a la tarjeta? Si haces el pago mínimo, y no vuelves a realizar consumo, ni te cobran cargo alguno, según las normas de la Superintendencia de Bancos, tardarás tres años en cancelar tus balances. 36 meses pagando una tasa de interés de 60% anual son demasiado.

Trata de hacer un esfuerzo por pagar lo más posible. Siempre más del mínimo, y evitando a toda costa caer en mora o en atraso en tus deudas. ¿La razón? Para evitar sobrecargos que podrían generar por encima de los ya altos intereses.

Por cierto, no esperes al final del mes para hacer tus pagos. Si puedes hacer pagos semanales… ¡Hazlos! Y si tienes algún capital o ahorro ocioso, no dudes en abonarlo a tu deuda plástica. No conozco una inversión que te rinda 60%.

¿Existen atajos? ¿Planes de pago que puedas negociar? ¿Préstamos de consolidación de deudas que puedas considerar? Prometo responderte, pero antes recuerda: Fácil fue el camino del despilfarro y el endeudamiento esclavizante. En el que estás ahora será difícil, pero llegarás más lejos. Ya verás.

No dejes de leer la continuación de este artículo: Para superar la esclavitud plástica (2/2) 


 LA CIFRA: 54 por ciento

Es la tasa de interés que debería estar vigente en la actualidad para las tarjetas de crédito en nuestro país. Aunque no estuve de acuerdo con la forma de cómo se estableció (porque era y es ilegal), esa fue la tasa que se “acordó” para 2015, luego de negociarlo con el Superintendente de Bancos (allá en el lejano octubre de 2013). Solo el Banco Providencial disminuyó al 54%. Una honrosa excepción, pues las demás entidades mantienen una tasa de 60%. ¿Por qué?


Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.




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