El abc del presupuesto familiar (2/2)

El abc del presupuesto familiar (2/2)

«El único presupuesto bueno es el presupuesto equilibrado».

Adam Smith


 

La reacción natural a cualquier ejercicio de presupuesto es que no hay suficientes recursos para los gastos ordinarios, para los «extraordinarios», para las inversiones, y mucho menos para el ahorro. Aunque el reto es difícil, si se monta sobre una proyección en el tiempo, y se ejecuta de forma disciplinada y con prioridades claras, bien puede la familia alcanzar sus metas propuestas.

En nuestra entrega anterior planteábamos como un primer paso, que la familia, o la persona, cuantifique en qué está utilizando sus recursos en la actualidad. Ese ejercicio es uno que muchos prefieren ni hacer para, se pensará, no pegarse tan duro con la realidad. Pero peor es cuando, cual avestruz que esconde su cabeza en la tierra cuando se acerca el león, no se enfrenta, ni se encara.

Es probable, como en el caso de la gran mayoría de los dominicanos, que al acápite ahorro no se destine nada al hacer el ejercicio inicial y que, por lo contrario, se esté gastando hasta 50% de los ingresos al pago de deudas, moras e intereses.

De ser así, la meta es sencilla: disminuir esa carga por deudas de forma acelerada. El cómo lo veremos, pero lo importante es asumir esto como algo fundamental que requerirá, además de sacrificios económicos, un tiempo prudente. Difícil será «desenliarse» en pocos meses de una maraña de deudas que se acumularon a través de muchos años.

En principio, las deudas deben pagarse de las más caras (por sus tasas de interés) a las menos caras. Algunos preferirán saldar las de menores montos, pues genera un cierto estímulo y resultado rápido. En cualquier caso, deben saldarse hasta tal punto donde sólo se mantengan deudas «sanas» como puede ser un préstamo hipotecario para la vivienda o uno de vehículo a baja tasa de interés.

El «cómo» se ha tratado en esta columna en otras ocasiones, pero puede incluir decisiones tan difíciles como la venta o liquidación de activos (inclusive de la vivienda principal por una alquilada), y una estricta disciplina en el gasto, de tal forma que todo efectivo disponible se abone a deuda.

Ocurrirá algo interesante: En la medida que se logre reducir la carga por deudas, se irá «liberando» parte de los ingresos antes atados a esos pagarés, y que el hogar debe ir destinando a la acumulación del ahorro familiar. Buscamos, en otras palabras, que el dinero, en vez de gastarse en cargos financieros, se utilice para crear un capital que servirá para generar ingresos financieros.

Obviamente, se debe cuidar de no volver a los «líos» del pasado, o de mal gastar en excesos o consumos innecesarios los recursos que se irán liberando al saldar deudas. De lo contrario, será como la persona que se hace una operación bariátrica, pero sigue manteniendo los mismos hábitos alimenticios del pasado. ¡Así no!

Gastar de forma racional es difícil. La propaganda comercial, nuestras debilidades y predisposiciones a la satisfacción inmediata y a compararnos con otros, ineludiblemente nos lleva al despilfarro.

Aún en el caso de las familias más humildes, habría que ver cuánto se malgasta en bancas de apuesta y excesos de alcohol o parranda, para ver que una parte importante del ingreso familiar se hubiese podido utilizar para capitalizar un ahorro sustancial para los imprevistos o para algún propósito definido.

En cuanto a los imprevistos, tengo la convicción de que el 70% de ellos son perfectamente previsibles y predecibles. ¿Realmente sorprenden esas gomas que tuviste que cambiar por uso? ¿No podías presupuestar un monto al año para el mantenimiento de tu vehículo? ¿Se sabía o no que habría que buscar la matrícula del colegio? ¿No se sabía que al trabajador doméstico le correspondía su doble sueldo?

Para todos estos gastos «imprevistos» predecibles, el hogar debe ir conformando una reserva especial que se va alimentando de aportes mensuales y más manejables que cuando se tiene que buscar todo el concepto de un «trancazo».

Por ejemplo, bien puede ser difícil reunir de repente RD$15,000 para el pago de una póliza de seguro. Pero quizás la misma meta se hace más manejable, si se hace una reserva mensual de RD$1,000 por 11 meses, y luego, en el mes 12 (con el doble sueldo), un aporte extraordinario de RD$4,000 para ese fondo.

En conclusión, si las metas están bien definidas y todo el hogar se compromete con ellas, serán alcanzables… ¡En el tiempo, claro! Lo que ocurre, lamentablemente, es que muchos aspiramos ahora a lo que para nuestros padres tomaba décadas acumular, y por eso desembocamos en un nivel de endeudamiento inmanejable.

Si esas metas se asumen y priorizan como el faro que guía a todo el hogar (sí, ¡todo el hogar!) será un asunto de tiempo y del esfuerzo de remar de forma constante y persistente para llegar a ellas. Apúntelo.

Lo que ocurre es que muchos aspiramos ahora a lo que para nuestros padres tomaba décadas, y por eso desembocamos en un nivel de endeudamiento inmanejable.

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1. El abc del presupuesto familiar (1/2)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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