Carta de un joven (1/2)

Carta de un joven (1/2)

Sobre decisiones de finanzas personales, salario, ahorro, deudas e inversiones para los jóvenes.

“A mis 25 años me sorprende cómo va cambiando el mundo que nos rodea. Muchos jóvenes en la actualidad vivimos una época de preocupaciones antes de tiempo y que, sin las orientaciones necesarias, no podremos llegar muy lejos, ya que lo que vivimos es muy diferente a lo vivido por nuestros padres. Para detallar esto, decidí escribir sobre mi propia experiencia.

Los inicios

Desde temprana edad, mi padre me enseñó que el trabajo duro trae sus recompensas, y que la educación era lo primordial para desarrollarnos en nuestras vidas como profesionales.

“Estudia, consigue un buen empleo y trabaja arduamente”, me aconsejó. En ese entonces, estábamos bien económicamente y con pocos problemas.

Tiempo después, debimos enfrentar nuevos retos. Mi padre perdió su empleo, y buscaba la forma de aportar al hogar. Felizmente encontró un trabajo con el que me permitió completar mi educación universitaria.

Entre estrategias con el uso de las tarjetas de crédito, préstamos y recortes de gastos, mis padres hicieron magia para que con sólo RD$70,000 al mes pudieran mantener a tres personas, junto con mi educación. A sus casi 60 años, mi padre aún sigue laborando, y está feliz de ver mi título universitario.

Al graduarme, conseguí mi primer empleo, que llegó acompañado de mi primera cuenta bancaria. Temas nuevos que no tuve la preocupación de entender bajo la sombra de mis padres.

Indignación

Al pasar los meses, todo se convertía en una rutina, de la casa al trabajo y viceversa. Mientras tanto, los compañeros de labor hacían bromas de qué tan rápido podían desaparecer su sueldo de la quincena, al pagar las deudas.

Al cambiar de trabajo, los ingresos aumentaron, pero también los gastos. Ganando el doble de mi sueldo anterior, pensaba en todos los planes que podía hacer, pero al pasar el tiempo, el sueldo no me pareció suficiente.

Llegó el gran momento de mi primer aumento. Para mi sorpresa, sólo me tocaba 3.5% o RD$2,000. A ese paso, para poder tener un sueldo parecido al de mis compañeros, tendría que esperar diez años, sin siquiera tener en cuenta la devaluación para llegar a RD$80,000.

La confusión

Para ese tiempo, tomaron fuerza los “multiniveles”. Estos nos hacían un llamado a la conciencia: “¿Trabajar toda tu vida para otro?”, “¿Entregar la seguridad de la familia a la inseguridad de un empleo?”, “¿Acaso con lo que ganas podrás cumplir tus sueños?”, y un nuevo concepto que me definía como parte de la “generación Y”, con el mantra de: “Sé emprendedor, sé dueño de tu destino, ¡sé dueño de tu propio negocio, ahora que tienes el tiempo!”.

Ver a mi padre seguir trabajando, a pesar de su salud, y estar rodeado de personas con décadas en la misma posición sin avanzar, me dio el temor de verme a mí mismo en esa situación.

Estos tiempos, cuando el ahorrar se vuelve complicado, y los costos de la vida van en aumento, nos ponen a reflexionar por el futuro: ¿Podré costear la salud, educación y el estilo de vida que quisiera darle a mi futura familia?, ¿el mercado me pagará más si hago una maestría?, ¿podré algún día comprar un apartamento cómodo, cuando los pagos son tan altos? Ninguna de las respuestas a estas preguntas parecían ser positivas o claras. Necesitaba alternativas.

Para mi sorpresa, no era el único con estas preocupaciones, mis compañeros de la universidad temían lo mismo, y todos sabíamos que debíamos tomar acción para enfrentarlas.

La desesperación

“El que no arriesga no gana”, “No esperes resultados distintos haciendo lo mismo”, “Nunca fue tan fácil hacer negocios” y “Cada vez son más los jóvenes con éxito”, son frases que se repetían. Nadie hablaba de trabajar para una empresa grande o de estudiar más para ganar mejores salarios. ¡Todo lo contrario! Parecían ideas fuera de tiempo, que sólo significaban el común denominador para el fracaso.

Rápidamente me vi en un mundo de buscar las tasas de interés más alta para certificados financieros, y de encontrar al banco con más beneficios. Largos periodos y miserias de retornos generados era lo que encontraba. Fue entonces cuando conocí un puesto de bolsa que me otorgaba mejores tasas que el mercado común, pero aun siendo la mejor opción no me conformaba.

El negocio de TelexFree tenía un poco más de un año funcionando en el país. Me parecía una idea ridícula y poco confiable desde sus inicios, pero luego, al verme estancado en la búsqueda de una mayor rentabilidad, decidí tomarlo en cuenta. “El que no arriesga no gana” me motivaba a intentarlo. Total: era una oportunidad de obtener un retorno inimaginable que no se sabía por cuánto tiempo estaría en el mercado, y que podía aprovechar.

Inyecté una parte de mis ahorros, lo suficiente como para no verme afectado, pero sí para poder generar un retorno del negocio el cual volvería a inyectar, sacando mi dinero del juego. Faltando un mes para recuperar el dinero, la compañía cerró por estafa, como era de esperarse.

De vuelta a los días de trabajo, y con el completo entendimiento de no saber nada, comencé una búsqueda por adquirir conocimientos de finanzas.

Pero me estrello con la realidad en el país con la venta de Cervecería y de Orange y Tricom. Cientos de personas despedidas, y amistades cercanas terminan en la calle, sin importar qué tan buenos eran, o si tenían maestría o no.

Los trabajos de nuestros padres, que parecían tan seguros, ahora parece que no lo son para nosotros. Las compañías se fusionan o venden, los precios suben, los aumentos son pequeños, la educación es costosa, las vacantes son escasas y, de encontrar, hay que competir con miles de igual o superior nivel.

Muchos entendemos que estamos a una edad en la cual podemos cometer errores y asumir riesgos, por lo que sentimos que si no actuamos ahora, más adelante será difícil o ya muy tarde.

“¡Si hubiera sabido lo que sabes a esa edad!”, exclama un compañero de trabajo, quien afirma que la edad entre los 25 y 35 es una época importarte para tomar decisiones.

Es aquí donde me encuentro, tratando de tomar decisiones. Sin dinero suficiente como para invertir en bienes raíces o alguna otra inversión, busco consejos o alguna ayuda que nos pueda dar las pautas a seguir.

Los jóvenes estamos llenos de sueños, pero con muchos temores de que pasen los años sin haber hecho nada.

Me despido pensando que necesitamos una cultura en la que nos podamos apoyar, y que nos ayude a enfocarnos y fomentar nuestros proyectos.

Espero respondas, amigo escribidor.”

Te recomiendo que leas la segunda parte de este artículo: Carta a un joven (2/2).

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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