Carta a un joven (2/2)

Carta a un joven (2/2)

A María y David José, con admiración.

Querido amigo: Leí tu carta con detenimiento. Te confieso que tengo ya más de una semana pensando en ella. De entrada, no sé si lograré ayudarte, pero lo intentaré.

En primer lugar, tengo que felicitarte. Lo que tan sincera y responsablemente expusiste en tu carta de la semana pasada generó miles de adhesiones y de simpatía de los lectores, sin importar su generación o nivel social.

Supiste captar la ansiedad generalizada que domina nuestras vidas económicas, personales y familiares, producto de los cambios aquí y en el mundo, que nos chocan cada día, y que están fuera de nuestro control.

Lo que te escribiré no pretende convencerte. Si algo he aprendido es que avanzamos con nuestros propios tropiezos, no con los ajenos. Pero quizás, ¡ojalá!, te lleve algo de esperanza con un nuevo reto que te propondré.

Valores , valores y más valores

Yo sé que te parecerá un cliché hablarte de valores. Igual te compartiré algunos que creo podrán ayudarnos a todos.

Primero, seamos realistas. Las preocupaciones que expresaste no son exclusivas de ahora, ni de tu generación (la Y), ni la mía (la X). He encuestado formalmente a personas de 80, 60, 40 y 20 años, y todos están convencidos que su vida fue más dura que la de sus padres.

Las dificultades que enfrentas, quizás sean diferentes a las de tus padres, pero créeme, que lo que ellos (o sus propios padres) lograron, fácil no fue.

Si te sientes que enfrentas preocupaciones “antes de tiempo”, no quieres imaginarte lo que era vivir en la inseguridad y los atropellos del trujillismo, o los “12 años”, que tantas vidas jóvenes costaron.

Tus padres ya inculcaron en ti, con su ejemplo y su vida, muchos de los otros valores que quiero compartirte.

La responsabilidad, por ejemplo. El de la persistencia también. Gracias a esos dos valores, y al trabajo, lograron educarte tan bien como lo hicieron.

Esa felicidad de tu padre al verte con tu diploma y profesional que me describiste, no la produce el dinero rápido ni mal habido. Tampoco fue producto de “magia”. Es el resultado de años de trabajo, con la persistencia y la responsabilidad, que sólo a sus 60 años sabremos valorar.

El que consideres que tu vida se torne rutinaria o aburrida (“de la casa al trabajo y viceversa”) es algo que está totalmente bajo tu control. Tú lo sabes mejor que yo. También sabes que es inaceptable, pues por tus acciones me has demostrado que conoces muy bien el valor del aprendizaje y el crecimiento.

Con los recursos que existen hoy día, está en ti sacarle provecho a cada día. No te dejes llevar, ¡por nadie! Mucho menos de un grupo de amigos que decidan desperdiciar sus sueldos y su tiempo, con la cachaza de hacer de ello un mal chiste.

Ahora bien, de que eso exigirá de ti el valor de la disciplina, no hay duda.

Está en tus manos evitar el tedio, el aburrimiento o la rutina. Desarrolla una vida social más sana, propónte metas concretas y lógralas, lee más, ejercítate, diviértete con inteligencia. Logra esa disciplina en una parte de tu vida, y verás como se generalizará en todas las demás.

Que seas disciplinado no es decir que dejes de cuestionar o ser inquieto. Nunca cambies, pues si no, fueras un mediocre.

Todo tiene un tiempo bajo el Sol

De la disciplina a la mediocridad hay un gran trecho, y está sustentado de un valor fundamental: La paciencia. Querido: Tienes la vida por delante. El mundo no se acabará mañana, ni tampoco permitas que la incertidumbre del futuro te paralice de miedo o ansiedad. ¡Paciencia!

Si te aceleras, ambicionarás una riqueza material y efímera, que sólo te llevará, como ya te ocurrió, a las pirámides, al juego y al deseo del dinero fácil.

Cuídate también del falso emprendimiento. Ahora la moda es ser “emprendedor”, cual si fuera la solución a todos nuestros problemas económicos.

Eso es una falacia. Hasta para el emprendimiento hay un tiempo adecuado. Si hoy soy un chiripero (¿emprendedor?) de cierto éxito, es gracias a los quince años de experiencia, disciplina, hábitos y relaciones que aprendí como… ¡Un simple empleado! ¿Hay algo de malo en eso?

No todos somos Jobs, Gates o Zuckerberg. Algunos somos simples López o Fernández, que para desarrollar nuestros planes de negocio, primero acumularemos un cierto capital, mucha experiencia y relaciones para “emprender”.

Para no desesperarte, entrégate

Tengo que despedirme llamándote la atención con algo: Debes ser más humilde. Definitivamente más agradecido y posiblemente más generoso.

A tus 25 años, soltero y sin familia, ganas ya más que 90% de los dominicanos. En nuestro país, el 70% vive en todo un mes con lo que tú ganas en una semana.

Tienes un empleo, estable o no, de poco aumento salarial o no, pero un empleo al fin. Hoy día, más del 30% de tu generación, educada igual que tú, está desempleado y, ella sí, totalmente desesperada.

Por lo anterior, me despido motivándote a que te entregues más en una obra social que te rete y que te motive a ser mejor persona y ciudadano. ¡La que sea!

Estoy seguro que si abrazas como valores tuyos aún más la generosidad y la caridad, muchos de los dilemas existenciales que ahora enfrentas serán nada al lado de la paz que sólo el agradecimiento, propio y de otros, traerá a tu vida.

Gracias, sinceramente, por escribirme.


“La arrogancia de la edad debe someterse para aprender de la juventud.”

Edmund Burk, escritor y político (1729-1797)

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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  • Marcela Gertrudis

    Hola, muy buen artículo para los jovenes.
    Tengo 22 años y estoy pasando por una situación similar.
    Este artículo me servió para reflexionar un poco, llegue al punto de pensar que la vida me está pasando por encima.
    Saludos,

  • Ilene Brazoban

    Hola, Buenas Tardes
    Quiero aportar que es una muy buena reflexión para nosotros los jóvenes, en momentos me he sentido igual que el joven y se que muchos están en el mismo lugar, hoy en día nos dejamos arropar la mente pensando solo en los problemas económicos y materiales no nos damos cuentas que gracias a Dios hemos podido recibir una educación y un empleo existen miles de jóvenes que quisieran tener esa oportunidad y lamentablemente no las tienen. Hay que aprovechar las oportunidades porque son unicas.

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