El superintendente inesperado

El superintendente inesperado

“Los temas de la banca no están para atenderlos en el Palacio Nacional. Los problemas de los bancos son para resolverlos en la Superintendencia.” Así se expresó el ahora saliente Superintendente de Bancos, Rafael Camilo, exactamente diez años atrás, cuando el entonces secretario Danilo Medina comentaba públicamente el proceso de reforma bancaria de finales de 2004.

Aquello fue como una declaración de independencia y abrió el proceso de consolidación y fortalecimiento institucional que daría inicio a una nueva e impresionante mejoría en los procesos de supervisión bancaria y del propio sector financiero en la República Dominicana.

Aunque la gestión de J. Julio Cross, justo anterior a la de Rafael Camilo en la Superintendencia de Bancos, fue la que enfrentó la gran crisis bancaria de 2003, todavía quedaron importantes frentes abiertos que correspondió encarar a la nueva administración de 2004.

Tuve el privilegio de colaborar en ambas gestiones, la de Cross y la de Camilo. Fui testigo de primera mano de la transformación de un sector tan debilitado como el bancario, y de una institución tan fuertemente cuestionada como la Superintendencia de Bancos.

La tozudez y frialdad del Súper

Sobre Camilo en 2004 habían pocas expectativas. Se entendía entre muchos que, a pesar su excelente dirección de Onaplan (1996-2000), sería un supervisor débil, dada su nula experiencia bancaria. ¡Cuán equivocados estuvieron!

“Si me dejo llevar de la burocracia y el día a día, no lograremos nuestro propósito. Quiero que identifiquemos medidas concretas y, de ser necesarias, duras, para lograr un golpe de impacto en el sector”, nos exigió al equipo técnico de entonces, y así se sembró el proceso de capitalización de la banca múltiple de entonces que hoy estamos cosechando.

La independencia y el criterio de Camilo, tozudo, frío y distante para algunos (incluyendo su propio equipo), fue fundamental durante el transcurso de todo aquel primer año de gestión, cuando todavía existía un riesgo sistémico concentrado en un banco múltiple importante, cuyo rescate el Superintendente víabilizó sin tener que recurrir a la asistencia de fondos públicos como antes.

El salvataje del Banco Dominicano del Progreso, en septiembre de 2005, encabezado por Rafael Camilo del lado oficial y por Juan Vicini Lluberes como actor principal de los accionistas privados, fue sin duda uno de los principales logros del “Súper” y una capitalización privada de una dimensión y naturaleza única en la historia bancaria dominicana y, lo afirmo sin exagerar, mundial.

En otros tiempos, aquella operación se habría estructurado en el Banco Central, el eterno hermano mayor de la Superintendencia o en el mismo Palacio Nacional. Fue el mérito de Camilo, de su equipo técnico (ya yo no estaba), y del entonces presidente Leonel Fernández que respetó su espacio de actuación, encarar la situación, presionar, exigir, consensuar y construir conjuntamente con los actores privados el rescate de 2005.

Otros avances, muchos pendientes

En lo meramente técnico y cuantitativo, no se puede dejar de apreciar la magnitud en la que se logró mejorar la capitalización y la calidad de toda la banca.

Lo resumo en la primera gráfica. La morosidad de las carteras crediticias se disminuyó a 1.9%, una cuarta parte la de 2004. Esos préstamos de dudoso cobro, que antes no estaban bien reservados, ahora en agosto cuentan con una total cobertura de 1.6 veces.

Diez años atrás, los activos defectuosos, si no se recuperaban, podían impactar el 25 % del patrimonio bancario. Ahora, podrían castigarse en su totalidad y sólo afectar el 2 % del capital.

Los niveles de bancarización se han aumentado. Como muestra, dos datos: Antes los préstamos apenas representaban el 46 % de los activos bancarios. ¿Ahora? 59 % y creciendo, los privados, a un ritmo interanual de 14 % que se compara muy favorablemente con la contracción de 3.6 % que se registró en agosto de 2004.

En lo cualitativo, la supervisión bancaria ha dado también un salto espectacular. Bastaría ver los informes técnicos de esa entidad de antes y compararlos con los trabajos, mucho más profundos e integrales, que producen los especialistas actuales, que ahora cuentan con un respaldo, respeto y los recursos con los que no contaron por décadas hasta el 2003.

A su regreso en 2012 desde la Dirección General de Aduanas, también inesperado, Camilo dio continuidad a los primeros avances en cuanto a las tarjetas de crédito y la campaña de educación financiera que comenzó Haivanjoe NG Cortiñas, su predecesor por tres años.

En esta última etapa, al superintendente de mayor longevidad en nuestra historia (ver gráfica) le faltó, y se notó, el entusiasmo y la rígida independencia de sus primeros años como supervisor.

Buena parte de su agenda, que giraba en torno a la revisión del orden normativo que se redactó, quizás de forma atropellada por la urgencia y falta de tiempo de diez años atrás, quedó en carpeta. Le tocará a su segundo y ahora sucesor, Luis Armando Asunción, darle curso.

El mayor legado de la gestión de Rafael Camilo es el equipo humano que deja en el ente supervisor. Hoy varios de los participantes en el “Programa de Jóvenes Profesionales” que creó en 2004 tienen posiciones de mando. Muchos técnicos “de los de antes” se han curtido y superado por la política de continuidad e inversión en el capital humano técnico de la institución, que tanto NG Cortiñas como Camilo mantuvieron.

Hoy, al saliente Superintendente, le tocará “el banco”. Volverá, lo puedo apostar, como titular de uno de sus vecinos de la avenida México, donde desde años tiene sus aspiraciones puestas. Espérelo.


“Yo salí de Bataan y yo regresaré.”

General Douglas MacArthur, 11 de marzo de 1942

 

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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