¿El inicio del fin o el fin del principio de la crisis?

by Alejandro Fernández W. | May 20, 2020 10:36 pm

Cumplidos los primeros dos meses de estado de emergencia, e inmersos en una de las crisis económicas más intensas de la historia moderna, es un buen momento para analizar el comportamiento del crédito bancario, cual si fuera un termómetro del nivel de actividad económica en el país.

La pandemia motivó, aquí y en el resto del mundo, una impresionante flexibilización de la política monetaria de los bancos centrales. En el plano local, eso explica que, a pesar de una parálisis casi absoluta de los sectores reales, el crédito privado haya aumentado más de RD$23.5 mil millones desde el cierre de febrero 2020 hasta la primera quincena de mayo.

El ajuste todavía está por sentirse en materia crediticia y si a apostar fuera, sería a que ocurrirá más fuertemente a partir de julio y agosto, cuando llegue el fin de la gracia bancaria. Clic para tuitear

Vemos en la primera gráfica que, de hecho, 2020 venía con cierta ralentización, pues durante el primer trimestre del año, mes a mes, se evidenció una menor actividad crediticia. En efecto, mientras en el último trimestre de 2019 el crédito crecía, en promedio mensual, unos RD$17.7 mil millones, inició este año creciendo solo RD$4.6 mil millones.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRD.

Luego del shock inicial de marzo, donde el crédito privado aumentó RD$3.1 mil millones, lo experimentado en abril (¡aumento de RD$17.1 mil millones!) e incluso durante las primeras dos semanas de mayo (RD$9.5 mil millones) sorprende, por un lado, pero también es indicativo de la resiliencia de algunos sectores, incluyendo la misma banca.

Es interesante observar que, durante todos estos meses de pandemia y de cierto nivel de pánico cambiario, el aumento en el crédito privado está denominado tanto en RD$ como en US$, evidencia de que no todos los agentes esperan que se produzca un proceso devaluatorio descontrolado. De tener ese mal augurio, evitarían el financiamiento en moneda extranjera y eso, por lo menos, no es lo que indican las cifras.

¿Quiénes crecen?

Desde el cierre de febrero hasta la fecha, todos los sectores empresariales han sido receptores netos de más crédito bancario. La excepción, como vemos en la segunda gráfica, son las facilidades a personas.

En cuanto a los sectores productivos, industria (RD$8.6 mil millones), comercio (RD$7.2 mil millones) y el inmobiliario (RD$2.6 mil millones) encabezan el “ranking” de colocaciones de crédito en tiempos de pandemia.

Dos sectores, críticos para el buen desenvolvimiento de la economía, aunque crecen, lo hacen a un ritmo paupérrimo: la construcción (a penas RD$558 millones en estas 10 semanas) y las mipymes (RD$240 millones en igual tiempo). Dado este pobre desempeño, es prioritario que las autoridades, ahora que están diseñando el nuevo fondo de garantía para estimular el crédito privado, tomen en consideración estos rubros.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRD.

¿Cuál es el sector “Otros”? Aunque no tenemos los detalles específicos, en ese rubro se incluyen “Instituciones sin Fines de Lucro que sirven a Hogares (ISFLSH), otros préstamos no clasificados e intereses devengados”.

Pienso que esa magnitud tan importante (RD$9.3 mil millones), el rubro de mayor crecimiento desde febrero, corresponde a los intereses generados durante este periodo pero que no han sido cobrados por los bancos dado el periodo de “gracia” que han otorgado.

El declive minorista

Era de esperarse la contracción en el crédito minorista. Son RD$6.2 mil millones menos a ese sector, empujado a la baja sobre todo por el desplome del dinero plástico (RD$6.5 mil millones menos) y el pobre desempeño de los préstamos personales e hipotecarios.

Puesto en perspectiva, aunque sigue creciendo en términos interanuales (8.8% nominal), ese ritmo es el más bajo de la última década y con tendencia a empeorar en las próximas semanas dada la caída en el consumo y la confianza, tanto de los consumidores como de los bancos que antes le prestaban tan generosamente.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRD.

A diferencia de la crisis financiera de 2008, cuando las tasas de interés de consumo se dispararon de 18.5% a 29.1% en pocos meses, tumbando la curva del crédito minorista de un 29.1% a solo 2.9%, en la actualidad las tasas se mantienen estables y esto, sin duda, ha servido como amortiguador para enfrentar la pandemia.

Por lo anterior, y a pesar de que se inicie el proceso de reactivación, es importante que sepamos que este no es el principio del fin, sino el fin del principio de la crisis. El ajuste todavía está por sentirse en materia crediticia y si a apostar fuera, sería a que ocurrirá más fuertemente a partir de julio y agosto, cuando llegue el fin de la gracia bancaria.

Fuente: Elaboración propia con datos del BCRD.

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Sobre cómo la pandemia transformará la banca dominicana

by Alejandro Fernández W. | May 13, 2020 9:02 pm

Cada vez pienso más en cómo será nuestra vida después del estado de emergencia por Covid-19, en cómo conviviremos con los cambios que la pandemia ha plantado y que tal vez persistan indefinidamente. Ausente un tratamiento o una vacuna, el reinventarnos en torno a esta realidad es fundamental para sobrevivir 2020 y relanzarnos en 2021.

Durante estos días he reflexionado sobre el impacto que tendrá el virus en la economía y, de manera particular, en los retos y las oportunidades que presenta para la banca dominicana. Comparto algunos apuntes con respecto a cómo creo que se transformará el sector bancario a partir de esta experiencia.

Lo hago con humildad, a sabiendas de que es poco de lo que podemos estar seguros ahora y con todo el deseo de equivocarme en algunas de estas especulaciones, aunque pienso que, al final del día, contaremos con una banca más eficiente, consolidada y, ojalá, más humana.

Más digital

Si antes la transformación digital era un lujo que solo algunos podían darse, mientras también mantenían su tradicional infraestructura física de sucursales y cajeros, ahora sabemos que lo digital es esencial para la supervivencia.

Cotizar un préstamo, abrir una cuenta de ahorro o negociar un depósito a plazo fijo son gestiones que tendrán que hacerse de forma digital y remota en el muy corto plazo.

Esto requerirá de cambios profundos, tanto en materia regulatoria y legal, como en la forma en que se organizan las entidades, pero es realizable. Lo que antes era un sueño, ahora es un requisito esencial y sin lugar a dudas, un paso en la dirección correcta.

He reflexionado sobre el impacto que tendrá el virus en la economía dominicana y, de manera particular, en la banca. Comparto algunos apuntes con respecto a cómo se transformará el sector a partir de esta experiencia. Clic para tuitear

Más cauta

Creo que el gran “boom” crediticio de los últimos siete años finalizará dentro de los próximos meses. Hasta tanto no se reactiven importantes rubros de la economía, algunos de los cuales no están bajo nuestro control (turismo, remesas), en adición a la incertidumbre que permea los mercados, es difícil pensar que la banca retomará con el mismo entusiasmo de antes su rol de financista.

Su aversión al riesgo es mayor. Con esto no digo que no se prestará, solo que se hará con mayores exigencias de garantía y a los segmentos empresariales y poblacionales menos impactados por la contracción económica.

La cautela no será solamente en cuanto a quién se le presta, sino también con respecto a qué plazo (menos largo plazo) y en qué moneda, pues ya hemos olvidado la lección del 2003 de no financiar en dólares a quienes no son generadores de divisas.

Más público-privado

Veremos mayor integración e involucramiento del sector oficial en las actividades de intermediación, sea a través del estatal Banco de Reservas o de nuevos mecanismos, como los fondos de garantía (ojalá que de carácter mixto o público-privado), para asegurar un adecuado flujo crediticio para la eventual reactivación de la economía. 

Menos algorítmica

Prepárese para recibir más llamadas personales de su banquero. Sobre todo para indagar cómo le va durante la pandemia y si mantiene su empleo.

Los modelos de aprobación de crédito existentes se fundamentan en complejos algoritmos, modelos probabilísticos y masivas bases de dato de historiales de pago que generan puntajes de riesgo automatizados. Pero resulta que, en esta época de periodos de “gracia” y flexibilización en el pago de las cuotas, muchos de estos modelos no serán de gran utilidad, más aún cuando una parte tan importante de la población está desempleada.

Más equilibrada

La banca trabaja bajo un marco de regulación y supervisión que, por necesidad pandémica, tendrá que ser mucho más flexible, equilibrado y condescendiente de lo que ha sido en los últimos años. Como esta es una tarea de todos, veremos nuevas y necesarias gradualidades en la implementación de normas existentes o por venir, pues de nada servirá una regulación perfecta si matamos al paciente que, por causas ajenas, está bajo cuidados intensivos, como espejo que es la banca del resto de la economía.

Nunca como ahora hemos visto tanta tensión entre los mecanismos para asegurar la estabilidad financiera, por un lado, y la necesidad de servir como mecanismo de rescate para mantener a flote hogares y empresas. El equilibrio predominará.

Menos rentable

Sale costoso adecuar de forma acelerada las plataformas tecnológicas para los retos del presente. A esto agréguele las inversiones necesarias en materia sanitaria, de bioseguridad y de logística que debe hacer todo el sector.

En adición, las reservas para préstamos de dudoso cobro que los bancos tendrán que constituir, dada la quiebra de empresas y pérdida de empleo, impactará la rentabilidad del sector. Por fortuna, gran parte de él se encontraba tan preparado como se podía estar, en cuanto a solvencia, para amortiguar el golpe de nuestra primera recesión en 15 años.

Más consolidada

Cuando el mar está estable, todos los barcos navegan bien. Pero cuando arrecia una tormenta, solo las embarcaciones más fuertes no naufragan ante la embestida de las olas y los vientos.

Las crisis tienden a acelerar los procesos de consolidación de entidades, algunas de las cuales determinarán que por sí solas no cuentan con la suficiente capacidad para encarar los nuevos requerimientos de capital, inversiones en tecnología y de provisiones por deterioro crediticio que demandan los tiempos, aún con la mayor flexibilidad normativa.

En la unión encontrarán la fuerza, sobre todo algunos de los proveedores más pequeños del sector. También por esto será importante, cuando superemos la pandemia, establecer nuevas reglas del juego para asegurar la competencia y efectiva dinámica de mercado.

Mejor comunicadora

Tantos cambios en el diseño de productos y el marco regulatorio con que opera obligará a la banca a comunicarse mejor con sus clientes, para mitigar los riesgos que generan expectativas erradas o exageradas. ¿Un ejemplo concreto? El reto de explicar qué es un “periodo de gracia” a cientos de miles de deudores que se han acogido a esta facilidad, sobre todo cuando su vigencia concluya.

Más universal

A raíz de la necesidad de universalizar programas sociales como #QuédateEnCasa y el #FASE, hemos visto que cada dominicano debe tener una cuenta bancaria desde la cual interactuar digitalmente, no solo con el Estado, sino con todo el mercado. Ya vemos, a partir de esta pandemia, que la “ciudadanía financiera” puede ser tan importante y necesaria como la cédula de identidad.

 Más humana

Así como las autoridades tendrán que ser flexibles con las entidades, ellas tendrán que serlo con sus clientes. Todos estamos en el mismo bote, y la tormenta está iniciando. Será necesaria una mejor comunicación y mayor comprensión en la relación banca-deudor. De nada servirá atropellar o humillar a quien, aún queriendo, no puede honrar sus compromisos.

Cada actor tendrá que ceder. Ojalá que, producto de ese obligatorio proceso de diálogo, salgamos todos, no solo la banca y sus clientes, sino toda la sociedad, reafirmando nuestros valores de humanidad y solidaridad.

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Decisiones inmobiliarias en el contexto de crisis por Covid-19

by Alejandro Fernández W. | May 6, 2020 7:46 pm

Melissa firmó el contrato de adquisición de vivienda con el promotor inmobiliario el viernes antes de las elecciones. Fue a través de una fiduciaria, de tal forma que se sentía más tranquila de entregar aquel primer aporte para el inicial de su vivienda. Luego vino el estado de emergencia, y con esa realidad, ansiedad e incertidumbre sobre su decisión.

Elizabeth está pensando en “meterse en un lío”, aprovechando estos tiempos de pandemia, para adquirir un apartamento que le están vendiendo en condiciones covidianas, es decir, con un excelente descuento. Ella tiene poca liquidez, pero acaricia la idea de pegar un “home run” en su primera incursión inmobiliaria.

Tanto para Melissa como para Elizabeth también genera inquietud el tema del riesgo cambiario. Es decir, ambos contratos de compra fijan el precio final en dólares estadounidenses y, con todo lo que ha estado pasando últimamente, ellas tienen la duda de si no será demasiado grande el riesgo que estarían asumiendo en estos momentos.

Abundan las inquietudes sobre la decisión de adquirir una vivienda en este contexto. Lo cierto es que no hay una receta para uso general, pero considerar estos 7 principios puede ayudar a esbozar una respuesta. Clic para tuitear

Manuel está más avanzado que Melissa y Elizabeth en el proceso. Ya la obra estaba casi para ser entregada a los adquirientes, pero lamentablemente no pudo hacerse el contrato hipotecario necesario para terminar de pagarle al promotor del proyecto.

Manuel, además de estar preocupado por el tema cambiario, tiene dudas sobre si podrá acceder o no al financiamiento bancario en estos tiempos de crisis y, de igual forma, bajo cuáles condiciones en cuanto a tasas de interés y si sería buena idea fijar la tasa por más tiempo o procurar una tasa más baja, pero variable.

Principios fundamentales

Evidentemente, la respuesta para las inquietudes que tienen Melissa, Elizabeth y Manuel es, en mi opinión, la misma: ¡Depende! La realidad de cada uno de ellos es distinta, en cuanto a su perfil financiero actual y futuro y el rol e importancia que tiene la adquisición de la vivienda en tiempos de Covid-19.

Como en muchos otros aspectos de las finanzas personales, no hay una receta universal. Son muchas zonas grises, será necesario el discernimiento para tomar la decisión más acertada. No obstante, creo que podemos partir de siete principios para esbozar una respuesta que ayude a los tres.

La incertidumbre

En general, por los niveles de incertidumbre que ya estamos viviendo, no es prudente tomar decisiones de gran magnitud o que comprometan nuestra liquidez, ingresos o capacidad de endeudamiento en estos momentos.

Tan sencillo como eso. Bajo este principio, la recomendación será que cualquier decisión que implique una cifra superior a tres sueldos de la persona sea analizada con mucho detenimiento. Idealmente, se podría posponer la decisión por lo menos durante los próximos 60 o 90 días, dilatarla.

No sabemos cuándo o cómo terminará el estado que ahora vivimos. Y aún si terminara ahora, no sabemos si retornará a mortificarnos más adelante, en caso de que repunte la famosa curva de infectados. Por esta simple razón, si la decisión se puede barajar, que se baraje.

La liquidez actual

“No debes comprar acciones a menos que tengas la expectativa, en mi opinión, de mantenerlas por un tiempo muy extendido y estés preparado, financiera y psicológicamente, para sostenerlo.” Warren Buffet. Reunión anual del fondo Berkshire Hathaway (2020)

¿Con cuántos recursos líquidos contamos? ¿A cuántos meses de los gastos fijos del hogar equivalen ese “clavito”? ¿Qué tanto durará al integrar el compromiso de pagar una cuota de préstamo mensual? ¿Existe un fondo aparte para facilitar la mudanza y los ajustes iniciales que toda propiedad nueva requiere?

El principio es que de nada sirve vivir en una jaula de oro, o de ladrillo en este caso, si la persona que reside en ella no tiene algún nivel de seguridad para cubrir sus gastos fijos ordinarios, para lo cual necesitará tanto de un bolsón de liquidez como de una muy buena, segura y estable fuente de generación de ingresos.

¿Ingresos buenos, seguros y estables?

No estoy seguro que existen muchos empleos, sin importar el sector de que se trate, en la actualidad, que cumplan con las condiciones de ser buenos, seguros y estables. Ahora mismo todo está en el aire, por definirse o en proceso de cambio total e incierto.

El desempleo ya alcanzó niveles récord en los Estados Unidos (solo superado por la Gran Depresión del 1929) y pasará aquí en los próximos meses. Frente a esta lamentable situación, de duración indefinida, no creo que sea prudente dar como algo “seguro” el empleo que nosotros o nuestras parejas tenemos en la actualidad.

¿Cuánto lo quieres?

Mejor dicho: ¿cuánto te has preparado para la decisión que estás asumiendo? Si ya tienes tiempo en el proyecto, que quizás adquiriste cuando todavía estaba “en plano” y pudiste aprovechar el tiempo para planificarte para los compromisos que asumirás.

Ahora bien, si lo tuyo es algo especulativo, repentistas, queriendo aprovechar “el timing” del mercado porque entiendes que este es el mejor momento para conseguir mejores oportunidades, te invito a que seas algo más humilde en cuanto a la seguridad que tienes de asumir riesgos mientras el resto del mundo se está derritiendo.

Dime de la propiedad

No es lo mismo un proyecto que está a pocos meses de culminar la construcción para fines de ser entregado que uno cuyo primer picazo fue pocas semanas antes del estado de emergencia. El primero implica niveles de riesgos más bajos que el segundo, que todavía habría que ver si será capaz de reunir a otros inversionistas como tú para que puedan justificar la continuación de la obra.

Debes saber que si el plan original era que el proyecto te lo entregarían en doce meses, más bien podría ser en quince o más, porque si antes había variables no controladas, esos factores se han elevado con la situación actual.

En adición, un proyecto gestionado por un constructor experimentado, idealmente bajo la estructura de un fideicomiso gestionado por una fiduciaria independiente, presenta bondades para el inversionista muy superiores a las que ofrece un constructor independiente que está levantando su primer edificio, por ejemplo.

Tu perfil de riesgo

El apetito de riesgo que Melissa, Elizabeth o Manuel tienen variará. No es el mismo, a pesar de que tengan la misma edad o perfil socioeconómico. Quizás Manuel no sufrirá de ansiedad por tener que pagar US$50,000 a una tasa de cambio de RD$55 por dólar versus una conversión a RD$60 por dólar; pero Melissa y Elizabeth, sí. Por tanto, si el riesgo no es aceptable para ellas, no tienen por qué asumirlo, sobre todo en estos momentos en que, si existe algo seguro, es la inseguridad, la incertidumbre.

Si tienes la alternativa de fijar, ahora, el costo de tu financiamiento, ¿de verdad vas a inventar con una tasa variable? ¿Por qué agregarle otro factor de riesgo? Algunos se atreverán, otros, como yo, lo pensarán dos veces. Clic para tuitear

En cualquier caso, hay formas de mitigar ese riesgo cambiario. Por ejemplo, si el promotor esté dispuesto a fijar el precio definitivo en RD$, a una tasa de cambio más elevada que la actual, pero que le brinde suficiente tranquilidad a Melissa y Elizabeth.

Quizás ellas tienen otros activos, actualmente en RD$, que puedan convertir a US$ en estos momentos, de tal forma que estarían “calzando” el riesgo en dólares que asumen en su pasivo, con activos algo proporcionales en magnitud en esa moneda.

Lo mismo ocurre con la tasa de interés. Si tienes la alternativa de fijar, ahora, el costo de tu financiamiento, ¿de verdad vas a inventar con una variable? ¿Por qué agregar otro factor de riesgo en tu vida? Algunos se atreverán, otros, como yo, lo pensarán dos veces.

Mente fría

Volvamos a Melissa, Elizabeth y Manuel. Con la mente fría, tomando en consideración estos apuntes, ¿cómo le respondería? Reitero, con un pensamiento detenido, reflexivo y consultando ampliamente. No dejándose llevar por compromisos del pasado, presiones del momento (“¡es de oportunidad que lo podrás adquirir!”) o sueños de un futuro tan incierto. Piensa en frío. ¡Mucha suerte!

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Apuesta a Duarte

by Alejandro Fernández W. | Abr 29, 2020 8:57 pm

El niño, si mal no recuerdo de unos diez años, sacó de sus bolsillos un puñado de billetes estrujados y se lo mostró a su padre, que estaba sentado en la cabecera de la mesa, orgulloso del pequeño capital acumulado. “Mira, papá, ya tengo ahorrados nueve pesos…”

Nueve pesos cuando cada peso todavía era una papeleta y rendía para varios viajes al colmado por refrescos, platanitos y paquitos Archie, Memín o Kalimán. Era en aquella época toda una fortuna, pues estamos hablando del año 1982.

¡Pobre del niño! En vez de recibir palabras de estímulo del padre, se ganó su boche. “El papel moneda no debe tenerse así, todo estrujado y embollado. Representa los símbolos patrios, así es que cuídalo mejor y nunca lo maltrates”.

El peso está bajo ataque. En abril la depreciación superó el 7.3%. En este contexto, lo mejor que podemos hacer es mantener la confianza en nuestras autoridades actuales, en nuestra moneda y nuestro sistema financiero. Clic para tuitear

En esa historia el niño era yo y mi padre, en ese momento, el recién renunciante gobernador del Banco Central, que me enseñaba ese aspecto del papel moneda a muy temprana edad.

Recuerdo la anécdota en un contexto en que el actual gobernador del Banco Central enfrenta uno de los momentos más delicados en la historia de la moneda dominicana, bajo amenazas de magnitud extraordinaria, con el riesgo de verse tan maltratada por la pandemia de 2020 como aquellos pesitos envueltos en el puño que los abollaba y estrujaba en el año 1982.

La Regla HVA bajo ataque

El peso está bajo ataque. Por segunda vez en una década, la devaluación interanual tradicional que establece la “Regla HVA” (es decir, un piso de 2% y un techo de 6%) se ha roto.

Como vemos en la primera gráfica, la depreciación en los meses de marzo y abril se disparó más allá del “techo invisible” de variación interanual de 6%, superando la depreciación de abril el 7.3%.

“Poco me lo jayo”, diríamos en el Cibao, tomando en consideración el desplome de la economía global y las embestidas que han sufrido sectores críticos para la generación de divisas del país, como el turismo, las remesas y las propias zonas francas.

Un ejemplo quizás baste: ya en marzo, las remesas recibidas cayeron un 21.8% al compararlas con igual periodo de 2019, su mayor desplome en la última década.

La pérdida de US$1,400 millones en divisas (o RD$72,000 millones de ingresos para el hogar dominicano) por una caída proyectada del 20% de remesas en este año nos impactará duramente.

Ni hablar del sector hotelero, que se encuentra paralizado y conectado a un respirador, con la esperanza de que en los próximos 6, 12 o 18 meses, se logre identificar algún tipo de tratamiento o vacuna para la desgracia que nos arropa.

Una posición ingrata

Frente a una situación como la actual, de importante pérdida de fuentes de divisas, para evitar o controlar una posible fuga de capitales, un banco central en tiempos ordinarios aumentaría las tasas de interés, para resguardar el valor de la moneda criolla.

Sin embargo, las autoridades del Banco Central están entre la espada y la pared, puesto que precisamente para mantener a flote la economía, y tal cual como está haciendo el mundo entero, han tenido que abrir la llave de liquidez para asegurar la estabilidad del sistema financiero y de pagos.

Un aumento de las tasas a nivel local sería impensable en el corto plazo, salvo que se aspirara a decapitar  definitivamente cualquier posibilidad de supervivencia de nuestros hogares y tejido empresarial.

¿Qué hacer?

A diferencia del pasado, cuando era común escuchar críticas sobre la acción de las autoridades en el manejo de su política cambiaria, en esta ocasión todas mis conversaciones con banqueros y banqueras concluyen en lo mismo: “El hombre está haciendo lo que tiene que hacer… No hay de otra… Yo sí que no quisiera verme en la posición en que él está ahora”.

El deslizamiento gradual, aunque todavía controlado y de gota a gota, de la tasa de cambio, combinado con un uso paulatino de las reservas internacionales, resulta odioso, pero desgraciadamente necesario en estos momentos.

La apuesta, imagino yo, es a que se podrá mantener una franja de devaluación controlada, probablemente del doble del techo anterior (10%-12%), hasta que se logre afianzar de manera más sustentada el valor del peso.

Todo indica que hay que esperar esta segunda etapa para después del 5 de julio, cuando se haya elegido un nuevo presidente. Entonces las nuevas autoridades tendrán que conformar un equipo económico que logre reafirmar la confianza de los inversionistas y encaminar al país hacia una reactivación económica sostenible.

Señaladas esas autoridades, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, los demás organismos internacionales y otros actores, serán las llaves para abrir las puertas de la estabilidad y la reactivación.

Hasta entonces, solo nos queda apostar a la supervivencia. Mantengamos la confianza en nuestras autoridades actuales, en nuestra moneda y nuestro sistema financiero, pues apostar a la desconfianza, la inestabilidad o el pánico, es atentar en contra de toda la nación de Duarte.

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¿Tapar el sol con un dedo?

by Alejandro Fernández W. | Abr 22, 2020 9:58 pm

Pienso que todos estamos ante un proceso de negación colectiva de la realidad, tanto sanitaria como económica, que implica la presencia del COVID-19 en nuestras vidas. Pienso que es un fenómeno natural, esta negación, parte del duelo que implica perder la relativa certidumbre con que vivíamos antes de la oscuridad de la cuarentena.

Preocupa, sin embargo, que nuestras autoridades también caigan en la trampa de pensar que todo está bien, que las medidas tomadas son más que suficientes y que el “palo”, al final del día, no será tan duro.

El mejor ejemplo de esto, por lo menos en mi opinión, es el anuncio de que según “los últimos informes económicos de diferentes organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial, nos dicen que nuestro país será el único que no caerá en recesión en el continente”. La información no solo llegó en vivo y en directo mediante el discurso presidencial del pasado viernes, pues también se han asegurado de repetirla una y otra vez.

Así vimos posteriormente a la secretaria ejecutiva de la Cepal destacar, al igual que el Banco Mundial, que entramos a esta crisis con una posición fuerte, por el crecimiento histórico de los últimos años, y que por lo tanto sus expectativas para este 2020 apuntan a un estancamiento del crecimiento económico, mas no a una contracción.

En primer lugar, toca destacar que de hecho sí habrá una economía en la región que crecerá en este 2020: se trata de la pequeña Guyana (PIB de US$4 mil millones) en el norte de América del Sur, y que logrará aumentar su economía en más de 50% en este año, básicamente por el desarrollo de su nueva industria petrolera.

En segundo lugar, y aunque ciertamente tanto el Banco Mundial como la Cepal son organismos financieros con mucha credibilidad y capacidad técnica, no dejan de ser burocracias cuasi-gubernamentales que se nutren de las estadísticas y las proyecciones de sus contrapartes en los gobiernos locales que, en momentos electorales como los actuales, tienen todos los incentivos para empequeñecer el shock económico que sufriremos.

Quizá todos estamos ante un proceso de negación del significado de la presencia del Covid-19 en nuestras vidas. Preocupa, sin embargo, que las autoridades también caigan en la trampa de pensar que todo está bien. Clic para tuitear

Vale destacar que los organismos públicos no están solos en su optimismo covidiano. A mí en lo particular me sorprendió que, tan cerca como el 27 de marzo pasado, en su informe regional analizando el impacto de la pandemia, para República Dominicana el banco estadounidense Citi proyectó que el país de hecho crecería… ¡Un 2.4% del PIB en 2020!

A diferencia de estas informaciones, poco se ha reseñado la estimación del Fondo Monetario Internacional en torno a que este año nuestra economía se contraerá un 1%.

Otros actores fuera del plano local también estiman una contracción. Entre ellos el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que calculó para el país, en un excelente estudio de impacto económico regional, una contracción del 2.4% en su escenario más optimista y hasta 4.8% según sus peores supuestos.

La prestigiosa calificadora Standard & Poor’s a su vez proyecta una contracción del 2.0%, mientras que The Economist Intelligence Unit, que por muchos años le ha dado cercano seguimiento a la economía dominicana, nos ve contrayéndonos hasta un 3.0% en 2020.

Para no pecar del complejo de Guacanagarix, que tanto he criticado, también es válido conocer las estimaciones que nuestros propios centros de análisis económico tienen en cuanto a la magnitud del efecto de la crisis covidiana.

En un extremo tenemos a Towers Capital Group, que estima una caída del Producto Interno Bruto de 1.5% en el 2020. La firma Analytica, a su vez, es bastante más ácida en su análisis y proyecta una contracción del doble de esa magnitud, en torno al 3.7% para este año.

Los muchachos de CREES, que yo me arriesgaría a contagiarme por verlos tomándose un café con los del Banco Mundial y la Cepal, están en el otro extremo: visualizan para este año la real recesión, sin lugar a dudas que una propia de una economía de guerra, como veremos más abajo, pues su proyección es de una caída en el producto del orden del 10% al 14%.

Todo en perspectiva

Como se verá, desde un crecimiento del 2.4% hasta una depresión en una magnitud del 14%, los economistas enfrentan la misma dificultad que nosotros para proyectar el futuro en sus bolas de cristal: una incertidumbre enorme. El principal factor desconocido es por cuánto tiempo estaremos en la situación de cuarentena actual.

Tendremos que esperar al 2021 (¡no tardes, por favor!), pero a ojo de buen cubero, o mejor de escribidor financiero, yo apuntaría a una recesión de alrededor de un 1% a 3% del PIB. De ser así, y tal como vemos en las últimas dos gráficas, este será un año histórico. Lejos de llegar a la contracción del 12.5% de la la Guerra Civil de 1965, estaríamos repitiendo escenarios parecidos a los vividos por nuestros padres y abuelos (como la crisis política de 1961 de negativo 2.3% del PIB), de la década pérdida de los ochenta (negativo 2.1% en 1985) o la contracción que siguió a la crisis bancaria de 2003 (1.3%).

 

La otra dimensión que no debemos olvidar, y que pienso es importante, es la del tiempo. Si retomamos la segunda gráfica, se observa que no solamente compartimos las proyecciones del 2020, sino también les pedimos a nuestros brujos (y brujas) económicos sus estimaciones de crecimiento del PIB para el año 2021.

Concluyo, con esta perspectiva mucho más optimista. Verá que, sin excepción, para los analistas que osaron proyectar la economía dominicana pos-COVID-19, las expectativas para el 2021 son halagüeñas, con el mismísimo FMI proyectando una reactivación del 4.0%, Standard & Poor’s un 6.0% y The Economist Intelligence Unit 2.8%.

Pienso que toca, pues, no pretender tapar el sol con un dedo. Este será un año devastador, en términos económicos y sobre todo en lo humano y sanitario. El enfoque ahora debe ser cómo lo sobrevivimos, y en sentar las bases para que la recuperación, que sin lugar a dudas vendrá en 2021, sea lo más fuerte y abarcadora posible. Amén.

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/53474-tapar-el-sol-con-un-dedo/


De las AFP en tiempos de pandemia

by Alejandro Fernández W. | Abr 15, 2020 7:05 pm

La pandemia sacará lo mejor y lo peor de nosotros. Aquello que pensábamos imposible, ahora es más que probable. Formas de manejarnos u organizarnos que antes nos parecían ideales inalcanzables, ahora son necesidades urgentes.

En materia financiera, con la destrucción de valor para empresas y hogares engendrada por la cuarentena y nuestra desvinculación temporal con el resto del mundo (y los millones de turistas que nos visitaban), se ha hecho más que evidente la necesidad de fuentes de ahorro y liquidez para enfrentar el descalabro económico.

No, lo de “hay que guardan pan para mayo y harina para abril” no era un simple proverbio de los campesinos de antes o un eslogan de quienes nos dedicamos a la educación financiera y a motivar el ahorro para épocas de vacas flacas.

Llegó abril y dentro de poco llegará mayo y no, no estábamos preparados para esto. Fuimos a buscar el chancho, el prodigioso “clavito” o fondo de emergencia y estaba vacío.

El fenómeno no es nuevo. Desde 2014, cuando el Banco Central de la República Dominicana realizó la primera Encuesta General de Cultura Económica y Financiera (aplicada a más de 2,300 hogares dominicanos), el bajísimo nivel de ahorro del hogar dominicano está bien documentado.

Según la encuesta, el 51% de los hogares de más bajo ingreso solo podría durar una semana sin ingresos, atendiendo sus gastos fijos, antes de recurrir al endeudamiento. Pero no solo los hogares de más bajo ingreso. Hasta en los hogares de ingreso mediano, el 45% apenas podría subsistir por un mes sin tener que “enliarse” para resolver.

Como no estábamos preparados para esto, una solución propuesta ha sido la de extraer el 30% de los fondos de pensiones para repartir entre los cotizantes, con el argumento de que  para qué pensar en el futuro si en lo inmediato no se puede resolver el hoy.

La iniciativa ha prendido en las redes sociales cual si fuera pólvora. Ha generado un interés desenfrenado, y el afán de sus promotores es comparable al  de los fanáticos de un esquema multinivel que promete hacerlos rico sin salir de casa, o al de los miembros de una familia local que compraron el cuento de la antigua y millonaria herencia secuestrada por las autoridades.

Compartiré mi opinión, que es solo una más, aunque por alguna razón cientos de mis lectores la han exigido cual si fuera una obligación. Va dirigida a los tres actores fundamentales: los cotizantes de los fondos de pensiones que aspiran a “resolver” la pandemia con su ahorro previsional, las administradoras que gestionan esos recursos y las autoridades llamadas a fiscalizar y proteger nuestro sistema de seguridad social.

Querido trabajador:

Iré al grano: no, no estoy de acuerdo con que descuarticemos de forma indiscriminada el sistema de capitalización individual en que se basa nuestra seguridad social para solventar tus gastos durante estos meses de pandemia.

Podría entrar en una discusión técnica del por qué esta no es la vía para atender tus más que justificadas necesidades en estos momentos, pero sería redundante luego de las opiniones vertidas por economistas de la capacidad técnica y ética profesional de Gustavo Volmar, Eduardo García Michel e Isidoro Santana sobre el tema.

Aún entrando en el detalle y la minucia, sé que de todas formas no le harías caso a mis argumentos, o me confrontarías con ataques ad hominem, porque en definitiva ya te has convencido que el sistema de las AFP es una estafa y “tus cuartos lo quieres ahora”.

Una de las propuestas que ha surgido para enfrentar la crisis que genera la pandemia ha sido extraer el 30% de los fondos de pensiones para repartir entre los cotizantes. Sería una decisión lamentable. Aquí explico por qué. Clic para tuitear

Quisiera, eso sí, responderte la inquietud que tan insistentemente me has hecho en las redes sociales con una sola pregunta: si durante todos estos años que, ahora, en retrospectiva, lucen de “vacas gordas” no lograste ahorrar siquiera un pequeño fondo para atender dos o tres meses de gastos fijos para una emergencia como la actual, ¿cómo crees que vas a solventar, aunque sea un 30% o 40% de tus necesidades durante los 120, 180 o quizás hasta 240 meses que potencialmente durará tu retiro?

Puedo responderte. No lo harás. De no ser por la forma forzosa en la que acumulaste tu capital gestionado por la AFP, te puedo asegurar, poniendo mano en el fuego, que llegarás a tu edad de retiro igual a como llegaste a esta crisis: con nada ahorrado.

Así como te arrepientes de no haber sacando aunque sea una porción de tus ingresos del pasado para acumular un pequeño clavito que ahora aprovecharías, te puedo asegurar que de la misma forma te sentirás en el año 2030 o 2040, cuando te arrepientas de haber sacrificado el capital acumulado en tu cuenta de capitalización individual para atender la pandemia de 2020.

Queridas AFP: 

Se lo dije. En 2012, cuando escribí la serie Yo aspiro a una pensión digna, cuestioné el mecanismo bajo el cual se les estaba compensando por la gestión de los fondos. Volví a reiterarlo en 2016, viendo las movilizaciones sociales en Chile, cuando escribí De “No+AFP” al complejo del avestruz, que fue una crítica constructiva al sistema de pensiones actual.

El modelo, aunque lejos de ser perfecto, se podía mejorar. ¡Y mucho! Había cualquier cantidad de medidas que ustedes pudieron impulsar durante este tiempo para que su credibilidad como gestores de los fondos previsionales contrarrestara la pobre opinión que de ustedes tiene, probablemente, la mayoría de sus afiliados. Cito algunos ejemplos:

-Un mayor esfuerzo para devolverles los recursos a los sucesores de cotizantes ya fallecidos. Ver de qué manera integraban a los independientes o a quienes dejaban de ser empleados, para que sus fondos se siguieran acumulando bajo su gestión.

-Mayor interés en identificar y devolverle los recursos a quienes, por temas de edad, no iban a poder beneficiarse de una pensión mínima y calificaban para recibir sus fondos de forma íntegra.

-Impulsar programas para estimular el ahorro voluntario, incluso para ampliar los beneficios de quienes perdiesen sus empleos, promover la cultura del ahorro, los instrumentos para automatizar la creación de los fondos de emergencia con la misma obligatoriedad con que se construyen los fondos previsionales.

-Identificar, en general, de qué manera podían llevarle un mayor valor agregado a sus afiliados, así sea por programas de educación u orientación financiera, iniciativas de responsabilidad social mucho más ambiciosas o quizás construyendo una mejor y más fluida y colaborativa comunicación con la opinión pública para explicar mejor por qué valía la pena ahorrar para mayo de 2030 o 2040.

Las rentabilidades que ustedes generaron más que justificaban el que buscaran un mejor equilibrio en cuanto a su rol como administradores y las necesidades y expectativas de sus clientes, los afiliados y cotizantes de la seguridad social. Se durmieron, y perdonen que se los diga, en sus laureles, pensando en que el titular de mañana mataría el titular de ayer, que todo pasa y al final podían seguir aceptando las imperfecciones del sistema que de todas formas les era tan rentable a ustedes.

Ojalá que actuar ahora ya no sea demasiado tarde, pero de que existe el riesgo de que nuestro aparato de capitalización individual sucumba bajo la pandemia, existe. ¡Despierten! Las mismas tácticas del pasado difícilmente les servirán. Y no hablo de ahora, sino de dentro de uno o dos meses más, cuando se mantenga la cuarentena y la actual parálisis económica.

Queridas autoridades:

Y ustedes, carajo, ¿dónde es que están? La seguridad social se supone que la regentea el Ministerio de Trabajo. El sistema previsional cuenta con su propia Superintendencia de Pensiones. ¿Como es posible que a esta altura del juego ustedes se mantengan en silencio, en un escenario donde el clamor público ha crecido a tal punto que lo que se quiere es decapitar y destruir un modelo que tantas bondades le ha representado a la economía nacional, y especialmente a las finanzas públicas del régimen de los últimos 16 años? En mi opinión insólito y cobarde.

¿O será que, a sabiendas de que pronto entregarán el poder, ya no les importa que el ahorro previsional se siga acumulando para beneficio de todo el país? ¿En serio?

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/53229-de-las-afp-en-tiempos-de-pandemia/


Fin de una era

by Alejandro Fernández W. | Abr 8, 2020 9:24 pm

Todo llega a su final, lo que no sabemos es el cuándo, el cómo o el por qué. Así nos ocurrirá con el más largo ciclo de expansión crediticia que disfrutó la economía dominicana, iniciado a inicios de 2013 y que pronto terminará.

En la primera gráfica observará a lo que nos referimos. Desde enero de 2013 hasta la fecha, transcurridos casi 90 meses, el crédito privado en el país se mantuvo creciendo de forma ininterrumpida.

Un verdadero récord, cuando lo comparamos con el primer ciclo de este siglo, que duró 48 meses (2005-2009) y el segundo que se extendió por 46 meses (2009-2013). El primero terminó por la crisis financiera internacional, de origen externo, y el segundo con el gran desguañangue fiscal, de extracción criolla, que resultó del proceso electoral de 2012.

Increíblemente, el ciclo actual se resiste a encarar su fin. Todavía durante los primeros días de este mes (abril 2020), seguía creciendo a un ritmo interanual de 8.2%, evidentemente motivado por el mayor descorche de flexibilización monetaria de todas las cosechas Valdesianas.

Observe que, al comparar el desempeño acumulado de la cartera de crédito privada a abril de 2020 se registra un crecimiento nominal de 1.2%, comparado con el cierre del año anterior. Aunque quizás no deslumbrante, sigue estando dentro del promedio de 1.5% del último quinquenio e incluso mejor que los nuevos préstamos otorgados en 2017 (0.6%) y muy parecido al crecimiento del año pasado (1.3%).

¿Por qué el final?

Aunque no lo queramos, mi expectativa es que, al cierre del mes de abril, y como mucho al concluir mayo 2020, se apreciará una reducción muy significativa en el ritmo de actividad crediticia de la banca, en línea con la misma caída que esperamos en la actividad económica.

Si la reducción no se evidencia de forma más pronunciada o acelerada, es por el “periodo de gracia” otorgado por la mayoría de las instituciones a sus deudores, de tal forma que la multimillonaria amortización que se produce mensualmente en los préstamos hipotecarios y de consumo se postergará hasta finales del primer semestre.

No nos llamemos a engaño. Lo que se avecina será desgarrador. La banca, como sistema circulatorio de todo el aparato productivo y comercial, enfrentará, junto a sus clientes, duras batallas en los meses por venir. Clic para tuitear

Sin embargo, como comentábamos en nuestra entrega de la semana pasada (“La última milla”), es cuesta arriba pensar que el dinamismo en el otorgamiento de nuevos préstamos se mantendrá en los próximos meses, entre otras razones por la dificultad de formalizarlos de forma remota (¿quién acepta un pagaré por la vía digital?), pero sobre todo por la desgarradora situación del ingreso tanto de hogares como de empresas.

El primer impacto

Analicemos lo ocurrido entre los cierres de febrero y marzo, tanto de 2019 como de 2020, para entender cuáles sectores fueron impactados por los estragos del Covid-19 de forma inmediata.

De manera general tenemos que el crédito privado durante el mes de marzo del año pasado  aumentó RD$7,050 millones. Compárese con la expansión lograda en igual mes de este año: a penas RD$3,100 millones, o el 45% de la colocación de préstamos de 2020.

¿Los sectores más impactados? Sin lugar a dudas, los que por muchos años fueron los motores del boom crediticio iniciado en 2013. Por ejemplo, los préstamos personales (para vehículos y consumo en general), de crecer RD$3,000 millones en marzo de 2019, se contrajeron RD$320 millones en 2020. ¿Los hipotecarios? De RD$645 millones en aumento neto en marzo 2019, ahora cayeron RD$1,600 millones.

Penosamente las pymes, que antes recibieron RD$63 millones en nuevos créditos, ahora vieron su volumen de crédito caer RD$341 millones.

Algunos sectores mostraron mejor resultado. Por ejemplo, el comercio. En marzo 2019 su crédito cayó, en términos netos, RD$28 millones. Ahora se expandió por RD$1,695 millones. Los sectores productivos, como la industria (de RD$500 millones a RD$1,150 millones) y el agropecuario (de RD$244 millones a RD$590 millones), vieron su acceso al crédito en efecto duplicarse, con implicaciones esperanzadoras para toda la economía.

Un ajuste difícil

No nos llamemos a engaño. Lo que se avecina, evidentemente en términos sanitarios, pero también en lo económico y lo social, será desgarrador. La banca, como sistema circulatorio de todo el aparato productivo y comercial, enfrentará, junto a sus clientes, duras batallas en los meses por venir.

Afortunadamente, este no es su primer rodeo. Superó la crisis del 2003-2004, y la del 2007-2009, y salió fortalecida. Confío en que será igual ahora ya que, como se aprecia en la última gráfica, encuentra al sector con el más bajo nivel de morosidad y los mejores niveles de cobertura para posibles pérdidas, en lo que va de siglo. Suficiente artillería y reservas para entrar a la guerra económica de la pandemia.

 

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La última milla

by Alejandro Fernández W. | Abr 1, 2020 7:48 pm

Conozco a Ale desde que tengo recuerdo de mis caminatas los fines de semana en el Parque Mirador. Su presencia ahí, en el Kilometro 0, nunca falla. Es un punto de referencia, de servicio y hasta de confianza para cientos de caminantes como yo.

Además de vender botellitas de agua y otras bebidas, tiene un surtido de papitas, galleticas y nueces (para los más saludables). Las bebidas las tiene frías y temperatura ambiente, pues conoce los gustos de sus clientes, aunque nos vea solamente los fines de semana.

Su rol va más allá de mero proveedor de comestibles. Ale es también custodio de preciados bienes, como celulares y llaves de vehículos, para aquellos que salimos a nuestro encuentro, ahora distante en la imaginación, con la salud, la naturaleza y otros amantes de las caminatas, el “jogging” o la bicicleta.

Tal es la confianza que se genera a través de los años, que Ale también nos fía, a los de barriguitas cerveceras que a veces olvidamos el efectivo en la casa. “No te preocupes, ya nos conocemos. Tú me pagas eso después. Llévate lo que quieras”.

Lo vi por última vez un par de semanas atrás. Porque sabía lo que ocurría en otros países en cuanto a medidas de cuarentena y distanciamiento social a raíz del Covid-19, y supuse que esa sería la última vez que intercambiaría con Ale en mucho tiempo.

Luego de pagarle (esta vez nada de “fiao”) y darle su propina, le pedí el número de su teléfono celular. En principio, él simplemente me entregó su móvil, pues pensó que yo lo necesitaba para hacer una llamada. “No, Ale. Es tu número que necesito”.

Nuestros microempresarios

Como Ale hay cientos de miles de microempresarios en nuestro país. Gente que se levanta todos los días a caminar, a brindar sus servicios, muchas veces a clientes en la calle, recurrentes y regulares. No tienen sofisticación y, por lo pequeño de sus negocios, las limitaciones de recursos y el alto costo de la formalidad, operan desconectados de las redes de apoyo social que brinda el Estado.

Pienso por ejemplo en Dayra. Una manicurista de primera que le “arregla las uñas” a mi esposa, a veces aquí en la casa, otras veces en el salón que frecuenta. Años de servicio, atendiendo a su clientela, con todo el profesionalismo, la calidad y confianza del mundo.

Cientos de miles de microempresarios en nuestro país operan desconectados de las redes de apoyo social que brinda el Estado. En esta coyuntura, las medidas monetarias que se han tomado distan mucho de sus realidades. Clic para tuitear

Muchos conocemos también a Orlando – Palito de Coco – Zapata. Fijo en la Gustavo Mejía Ricart con Lincoln, suple, también con excelencia y decencia, a los cientos -quizás miles- de transeúntes y choferes que, antes del Covid-19, rumbo a nuestros hogares o lugares de trabajo, decidíamos degustar sus palitos o excelentes coconetes como postre.

Ale, Dayra y Orlando. Los tres, además de ser vendedores o proveedores de servicios ambulantes e informales y de sostener a sus hogares con el sudor de su trabajo, tienen algo en común: con suerte, les quedan muy pocas semanas, días quizás, de solvencia económica, dada su incapacidad de producir el “diario” en las calles por las medidas de sanidad que obligó imponer el nuevo Coranavirus.

Ale, Dayra y Orlando también tienen otra cosa en común. No están solos, dependiendo de la medición que usted prefiera, hablamos de cientos de miles de microempresarios que ahora mismo no están produciendo, cuentan con muy pocos ahorros y ni hablar de acceso a crédito bajo las condiciones actuales.

Las medidas monetarias

La reducción de la Tasa de Política Monetaria. Facilidades de expansión de liquidez. Repos. Depósitos remunerados. Flexibilización del encaje legal. Ventanilla de provisión de liquidez a los bancos. Cientos de millones de dólares “inyectados” al mercado cambiario. Relajamiento regulatorio o normativo.

Todas esas medidas, anunciadas hace ya dos semanas, procuran (teóricamente) fortalecer nuestro sistema financiero y de pagos, facilitar la provisión de liquidez a las empresas y los hogares y mantener la estabilidad macroeconómica.

Pocos serán, en toda la población dominicana, los que entenderán la naturaleza o el alcance de estas políticas. “Alejandro”, me imagino a Ale preguntándome, “¿y eso en qué me ayuda a mí, que estoy encerrado aquí en la casa y que no puedo vender, que tengo compromisos fijos, con pocos ahorros y sin alguien que me preste?”

Para Ale, Dayra y Orlando, que están en “la última milla”, como le llamara Agustin Carstens, actual director del Banco Internacional de Pagos en Basilea, Suiza y exgobernador del Banco de México (y amigo de nuestras actuales autoridades monetarias), las medidas, además de lejanas a su realidad, son francamente incomprensibles.

¿Cómo lograr que esas decenas de miles de millones de pesos en liquidez no se acumule en el sistema bancario, sino que fluya, de alguna forma, hasta que por lo menos gotas lleguen a los cientos de miles de microempresarios que la están necesitando en la actualidad?

Una propuesta

¿Quiénes conocen, personal y empresarialmente, a Ale, Dayra y Orlando? ¿Sus teléfonos? ¿Dónde viven? ¿A qué se dedican? ¿Qué tan buenos son en sus negocios? ¿Quiénes son sus clientes, quiénes sus proveedores? ¿Qué tan bien cumplen con sus compromisos? ¿Quiénes darían la cara por ellos, en caso de necesitarse una garantía?

No es la Tesorería de la Seguridad Social. Tampoco la Dirección General de Impuestos Internos. Posiblemente ni la misma Dirección Nacional de Inteligencia.

El Estado debe establecer un fondo de garantía para viabilizar que la liquidez de decenas de miles de millones de las que habla el gobernador Valdez Albizu llegue a los microempresarios informales. Clic para tuitear

Sin embargo, es altamente probable que los banqueros de esos microempresarios, muchos de los cuales tienen ya vínculos establecidos con entidades que se dedican a las microfinanzas, como los bancos Ademi, Adopem o Fondesa, y hasta la misma Banca Solidaria del Estado, sabrían responder cada una de esas preguntas, quizás no para la totalidad, pero si para un número importante, que estimo en más de medio millón. Solamente el Adopem trabaja con más de 390,000 emprendedores en situación de vulnerabilidad.

Para lograr canalizar el crédito hacia estos microempresarios, no basta con las medidas de liquidez anunciadas por el Banco Central o la flexibilización de las normas prudenciales. El Gobierno, si de verdad quisiera apoyar a este segmento poblacional, debe compartir parte de los riesgos con los proveedores microfinancieros.

Estaba ya en el tintero una ley de Garantías Recíprocas, además de la recién promulgada ley de Garantías Mobiliarias. Entiendo que, además de las medidas monetarias y financieras, el Estado debe establecer un fondo de garantía, quizás avalado por futuros pagos de impuestos o por asignaciones presupuestarias extraordinarias, para viabilizar que la liquidez de decenas de miles de millones de las que habla el gobernador Valdez Albizu llegue a “la última milla”.

Sin esas garantías estatales, que se han utilizado ampliamente en otras jurisdicciones para situaciones y poblaciones vulnerables como esta, difícilmente un banquero prudente y experimentado se atreverá a sacar dinero fresco de los ahorros de sus depositantes para colocarlos en la calle bajo las condiciones actuales.

Ciertamente, una parte de esos recursos, bajo el esquema que visualizamos, no se recobrará en el futuro. De esta tan crítica y lamentable situación que estamos viviendo y sufriendo todos, quizás uno de nuestros tres microempresarios no logrará reponerse.

A través de un mecanismo como este, sin embargo, por lo menos habremos apoyado a los otros dos, de una forma lo más racional posible, basada en condiciones y conocimiento del mercado que tienen los micro financistas, pero sobre todo generosa y solidaria posible.

La alternativa es tirar dinero al aire, sin criterio y sin enfoque, apoyando a vividores y oportunistas, posiblemente bajo líneas demagógicas, populistas y partidarias, a costa de los microempresarios de buen carácter y experiencia, con voluntad de pago pero que enfrentan ahora duras condiciones que ponen en peligro su capacidad de pago.

Hasta el más encumbrado y colosal “gobernador de los gobernadores de Bancos Centrales”, como el ex fondomonetarista Agustin Carstens, desde Suiza, valora a Ale, Dayra y Orlando, como piezas fundamentales de la economía mundial en los momentos actuales.

Ojalá que nosotros hagamos lo mismo.

PD: A Ale le pedí su teléfono para luego solicitarle su número de cuenta bancaria y hacerle llegar una donación. Con Dayra y Orlando hicimos, en nuestro hogar, lo mismo. Ojalá que el gentil lector tenga la misma consideración, en la medida de sus posibilidades, con sus proveedores y servidores de siempre, que ahora necesitan de nuestra solidaridad.

Source URL: https://www.argentarium.com/argentarium/52836-la-ultima-milla/


El banquero y la sombrilla

by Alejandro Fernández W. | Mar 25, 2020 11:04 pm

Aunque muchas veces se lo atribuimos a Mark Twain, aquello de que un banquero es quien te presta una sombrilla cuando no la necesitas y te la quita cuando comienza a llover es, de hecho, de fuente anónima, publicado por primera vez en el 1905 en Londres.

Como toda crisis, esta no será diferente. Tiene su inicio y tendrá su fin. Tendrá también su solución, ¡no duden de ello!, aunque tardemos más de lo que quisiéramos en dar con ella. También tendrá más de una lección para todos aquellos que la vivimos, y que la sobreviviremos, en las próximas semanas.

Una de las primeras lecciones que he sacado del Covid-19 es que no todos nuestros banqueros son tan patéticamente indolentes o insensibles como los que supuestamente describía Twain.

En tiempo récord, luego de recibir las herramientas de diferimiento normativo y de política monetaria por parte de las autoridades, los principales bancos anunciaron importantes iniciativas para aliviar y facilitar, en la medida de lo posible, la difícil situación que sus clientes, y especialmente sus deudores, enfrentan durante esta pandemia.

En la última semana las entidades han ampliado y mejorado las medidas temporales en beneficio del cliente. Como usuarios, ¿cómo debemos interactuar con estas facilidades? Clic para tuitear

Las medidas adoptadas por las entidades difieren entre ellas. En apenas una semana han ido generalizándose, se han ampliado y mejorado para beneficio del cliente. Sepan que son medidas mejores que las ofertadas en mercados más desarrollados que el nuestro, como los Estados Unidos, Colombia, Chile y México que, para mí, son referenciales en la región. Ahora bien, como usuarios, ¿cómo debemos interactuar con estas facilidades?

¿Qué es lo primero que debo hacer?

Visita las redes y la web de tus proveedores financieros, donde encontrarás los avisos y comunicados que muchos de ellos (sobre todo bancos múltiples y algunas asociaciones de ahorros y préstamos) han publicado para especificar las facilidades que están brindando.

¿Y lo segundo?

Trata de contactar a tu oficial de servicios o a tu gerente de banco. Aquí es donde podrás medir la calidad y el profesionalismo de tu banquero y de tu banco. Llámalo luego de haber revisado tu situación financiera de manera general y solamente con las preguntas bien concretas, pero también las preocupaciones que puedas tener en este momento. Ellos deben orientarte de la mejor manera posible. Recuerda, son humanos igual que tú y comparten contigo las mismas ansiedades y preocupaciones que tenemos todos.

¿Debo ir a mi sucursal bancaria?

¡No! Por tu salud, la de otros clientes, la de tu banquero y sus colegas y la de los relacionados de todos, lo ideal es que te manejes de forma digital. El contacto puede ser un correo electrónico, una llamada o un mensaje por WhatsApp, eso dependerá de cómo haya sido tu relación con tu oficial hasta el momento.

¿Qué más puedo hacer para cuidarme?

Si necesitas efectivo, utiliza los cajeros electrónicos de tu entidad u otros. Si no lo has hecho hasta ahora, aprovecha para conocer el portal web de tu banco para poder realizar transferencias y pagos, en algunos casos libres de todo costo, por la vía digital.

Nuestros viejos

Las personas mayores son quienes más riesgo corren en estos tiempos. Lamentablemente, muchas de ellas (por ejemplo, muchos pensionados) no manejan los canales digitales o sienten que deben hacer todo de forma presencial. Trata de ser solidario y generoso, ayúdales a aprender acerca de los canales digitales y si ellos no lo pueden hacer, que se acerquen a un oficial que les oriente en la sucursal (recordando que los horarios, por razones de seguridad y sanidad, ahora se han reducido a cuatro horas, entre las 8:30am y 12:30pm).

El odioso 0.15%

Si bien es cierto que algunos bancos exoneren los cargos por transferencias electrónicos, todavía están obligados a cobrar el 0.15%, pues es un impuesto que el Código Tributario les mandó a retener a favor del Estado dominicano. De ese cargo no nos salva nadie, por lo menos hasta el momento, aunque hemos propuesto la suspensión temporal.

Los “cashbacks”

Como muchas de las compras que estaremos haciendo en estas semanas serán del supermercado y farmacias, se agradece que varias entidades ofrezcan descuentos y “cashbacks” al utilizar sus tarjetas para comprar en esos establecimientos. Ten cuidado, eso sí, de realizar consumos innecesarios, pues el horno, como sabemos, no está para galleticas.

Los “cash advance”

Una forma de acceder al crédito, en caso de que no tengas nada de efectivo, es realizar retiros de efectivo con tu plástico. Aunque lo puedes considerar, y sobre todo aprovechar, pues varias entidades han llevado a 0% el cargo por este tipo de retiros, recuerda que dineros que recibas ahora, son dineros que eventualmente tendrás que pagar.

También toma nota de que, si bien es cierto que algunas, aunque muy pocas entidades, redujeron algo el costo del dinero plástico, sigue siendo una fuente de financiamiento muy costosa que deberías tratar de evitar lo más posible. Ojalá que otras entidades se animen con ofertas de financiamiento plástico mucho más asequibles que las actuales.

Al retirar el dinero en efectivo, o al no hacer el pago total en tu tarjeta de crédito, se seguirá aplicando una tasa de interés por los montos que vayas a financiar. Si bien es cierto que en muchas entidades los odiosos cargos por mora se han reducido o eliminado, el interés te lo cobrarán por igual. Evita, en la medida de lo posible, financiarte con dinero plástico.

¿Pago mi préstamo?

¡Si! Piénsalo: Si todos dejamos de pagar nuestros préstamos, ¿cómo podemos esperar que luego los bancos, simples intermediarios financieros, puedan devolvernos nuestros ahorros o depósitos? Eso sí, paga tus préstamos siempre en la medida de lo posible, y aprovecha algunas de las facilidades que está brindando la banca en estos momentos.

La gracia de 90 días

Aplaudo que muchas entidades han decidido prorrogar el pago de la próxima cuota de préstamos personales y hasta hipotecarios (en pocos casos) por 60 y hasta 90 días. En otras palabras, si antes el plazo de tu préstamo era de 12 meses, ahora lo será de 14 o 15 meses. Observa que, por tanto, al endeudarte por más tiempo, también pagarás más en interés por financiamiento. Como los meses más críticos de esta crisis son los próximos dos o tres, sin embargo, es positivo este alivio, así sea puntual y temporal, en nuestros flujos de caja.

Dadas las condiciones actuales, es prudente maximizar la mayor cantidad de efectivo que puedas, por lo que bien podrías aprovechar esta modalidad, si te la ofrecen. Recuerda siempre, eso sí, que a finales de junio tendrás que retomar el pago de tu préstamo, por lo que cuida y respeta esa liquidez, si es que te llega a sobrar, que antes le pagarías a tu banco, para poder seguir construyendo tu historial de pago cuando esta pesadilla pase.

¿Y si dejo de pagar?

Si no te ofrecen de forma automática ese periodo de gracia, contáctales para explicarles tu caso. Nadie está obligado a lo imposible y las situaciones actuales, sobre todo para los independientes o los recién desempleados, son extremas. Da la cara. Explícales que es un tema de capacidad, no de voluntad de pago, y solicítales un refinanciamiento, quizás pagando solo interés o procurando una gracia más prolongada.

¿Me endeudo más?

Hazlo solo si no tienes otras fuentes de financiamiento alternas (por ejemplo, de familiares o amigos), o si no tienes algún tipo de “clavito” o colchón de liquidez para cubrir tus próximos 60 o 90 días. En ese caso, podría ser buena idea aprovechar un crédito, si es que puedes acceder a él, presumo que por la vía de avances de efectivo. Recuerda que tendrá un costo, por lo menos del interés que tendrás que pagar, y para el cual debes planificarte.

Consejo para los empresarios

Según el tipo de empresa que operes, las negociaciones serán bastante más complejas que las resumidas aquí, aunque los principios generales son los mismos. Debes obligatoriamente conversar con tu gerente de banca PYME y empresarial, para evaluar tus alternativas de periodos de gracia, pagos solo de interés o extensión de plazos. Si puedes ofertarle alguna garantía a tu entidad, te irá mucho mejor.

En general, estos no son momentos para inventar mucho. Mejor dicho, para inventar nada. Seamos prudentes y cautos, sí. Sobre todas las cosas, seamos generosos y solidarios con quienes podrían tener muchas más necesidades. Cuida y comparte tu sombrilla. Y, recuerda, esto pasará. Hoy ya estamos un día más cerca del fin de la crisis.

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Finanzas pymes en tiempos de coronavirus (2 de 2)

by Alejandro Fernández W. | Mar 19, 2020 6:23 am

Al igual que muchos que leerán esta columna, soy un pequeño empresario. En pocos días he visto cómo uno de mis proyectos, que en momentos ordinarios tendría muy buena facturación y rentabilidad, ha empezado a debilitarse, a punto de desfallecer en un abrir y cerrar de ojos.

Más que como Argentarium, hoy escribo como dominicano y como un aprendiz de empresario más. Ante la incertidumbre, desinformación y volatilidad, de magnitudes históricas que hoy enfrentamos, deseo compartir la forma en que estamos trabajando nuestras finanzas en tiempos del Covid-19.

Escribo con mucha humildad, para no decir temor, pues quizás las recomendaciones que ahora pueda hacerles estén basadas en una percepción muy optimista o muy pesimista del cambiante contexto económico, tanto a nivel internacional como doméstico. Si de algo sirve, sepan que de esta forma es como estoy manejando mis “ventorillos”.

Parto de una idea: esta crisis pasará. Quizás más tarde, quizás más temprano de lo anticipado, pero pasará. Estoy convencido de ello. La gran pregunta que nos tenemos que hacer es la siguiente: ¿cómo puedes, primero, asegurar la supervivencia y, segundo, posicionar tu negocio desde ahora, para cuando llegue el momento de la recuperación?

La gran pregunta que nos tenemos que hacer es la siguiente: ¿cómo puedes, primero, asegurar la supervivencia y, segundo, posicionar tu negocio para cuando llegue el momento de la recuperación? Clic para tuitear

No hay claridad entre los más sofisticados analistas sobre cuánto durará la crisis del coronavirus en su forma más destructiva en los mercados financieros y empresariales, ni hablar del daño a nuestros sistemas de salud pública.

Quiero pensar, y afirmo esto quizás con demasiado optimismo y fe, que transcurrido los próximos tres a seis meses, habremos pasado lo peor de la batalla y llegará el momento para recuperarnos y recomenzar. Volveremos a nuestro trajín del día a día que, hasta hace poco era, en términos relativos a lo actual, extraordinariamente ordinario y hasta aburrido.

Podría equivocarme, pero ese es mi horizonte actual. ¿Qué podemos hacer ahora?

Primero la gente 

Desde hace más de una semana, mis colaboradores están trabajando por la vía remota. El último sacrificio que haré será el de recortar su seguro de salud o su compensación fija, aunque evidentemente que la variable se multiplicará por cero. Prioricemos todas las medidas de sanidad y bienestar de nuestra gente. Ellos no lo olvidarán.

¿Dónde estás parado? 

Rápidamente haz un levantamiento de dónde está la empresa a nivel de liquidez, tipo y magnitud de inventario con el que cuentas, recursos que estén “en la calle” y los distintos compromisos con terceros a los que hacer frente en la medida de lo posible.

Proyecta tus 90 días 

Como mínimo, trabaja una proyección realista de tus ingresos y el flujo de caja que generan, con base en lo ya facturado y lo que, de forma extraordinariamente conservadora (¡no te auto-engañes!), puedas proyectar que te entrará de aquí al 30 de junio.

Habla con tus socios 

Sobre todo con los más importantes clientes, contáctales y reitera lo fundamentales que son para ti. Recuérdales el valor que les estás creando, la relación que han construido y diles que cuentas con ellos en momentos difíciles de la misma forma en que ellos cuentan contigo.

Reingeniería de costos 

Revisa todos y cada uno de tus costos. Al dedillo. De la A la Z. Aquellos que sean menos fundamentales para tu empresa, habla con tu proveedor para por lo menos entrar en un periodo de “gracia” por 90 días. Si no logras esa negociación, de ser necesario, recorta el gasto. Este es el momento en el que encontrarás la más mínima “grasa” en tus finanzas para extirparlas. Al salir de esto, saldrás mucho más ágil, fortalecido y enfocado en el aspecto empresarial.

Cash is King 

El efectivo es rey. En tus proyecciones, enfócate más que en el devengo, en tu caja. En tu flujo de efectivo. Todo aquello que razonablemente puedas convertir en efectivo, ¡hazlo efectivo! Más te convendría descontarle un 10% a tus cuentas por cobrar para recuperar esa liquidez ahora, en vez de tener que recurrir al prestamista al 240% después.

Duras decisiones 

Recuerda algo: nadie está obligado a lo imposible. Lo más probable es que entre tu liquidez actual y la proyectada, te quedarás corto para hacerle frente a todos tus compromisos. Tendrás que priorizar. Da la cara. Conversa. Negocia. Muestra buena fe. Cómo te manejes en esta crisis dirá mucho de cómo te irá después, por la reputación que construirás ahora.

Sobre tus empleados 

Ojalá que, como intentamos nosotros, tengas como objetivo mantener tu plantilla de empleados contigo. Si todos cancelamos personal, todos nos quedaremos sin clientes. Existen alternativas, entre ellas la suspensión temporal. Explóralas con un abogado laboralista si entiendes que si no sacrificas a algunos, tendrás que sacrificarlo todo.

Sobre tus préstamos 

Mantente al día con tus compromisos financieros. Si evitas la mora ahora, te será más fácil lograr una negociación más efectiva y consensuada con tu banco. Con las facilidades anunciadas por las autoridades, la banca cuenta con mayor flexibilidad para reestructurar tus préstamos, si así fuera necesario, en cuanto a algún período de gracia de capital, extensiones de plazos, mejoras en tasas de interés y otras.

Dale la cara a tu banco y explícale que tienes toda la voluntad de pagar, como lo has demostrado en el pasado, aunque tu capacidad ahora está limitada por el coronavirus. Comparte con tu banquero algunas de las decisiones y sacrificios que has tomado por tu parte y que deberían quedar reflejadas en tus proyecciones financieras.

Tu banco, si es un banco bueno e inteligente, debe apoyarte, pero procura que los nuevos términos que pactes ahora sean razonables y realistas. Asegúrate de cumplirlos, ¡de la misma forma que la banca tiene que mantenerse honrando sus obligaciones con depositantes y ahorristas!

La almohada 

No, estos no son momentos para tomar grandes decisiones, sobre todo en cuanto a nuevos financiamientos o la ejecución de algún plan de inversión o adquisición importante. Posterga esto para más adelante, que bien podría ser en pocos meses. La prudencia obliga. Muchas veces, no hay mejor consejera que tu almohada. Consúltala con frecuencia.

Reflexión final 

Conversando con la madre de mis hijos, que al igual que este escribidor es también pequeña empresaria, y escuchando mi consejo de que trabajara de forma remota, se despedía por teléfono diciéndome: “Está bien, voy a cerrar la oficina”.

“Cerrar”. Ojalá evitemos utilizar esa palabra. Mejor pensemos en cómo nos vamos a reinventar. En cómo vamos a innovar, utilizando nuevos medios digitales que siempre hemos querido explorar y que ahora, por aquello de que la necesidad es la madre de toda invención, tendremos la oportunidad y la obligación de hacerlo.

El valor que creamos va más allá de un simple espacio físico. El valor está en nosotros, en nuestra creatividad, nuestras relaciones y, sobre todas las cosas, en nuestra gente. Desde donde sea que nos encontremos, no perdamos la esperanza y sepamos, como demasiadas veces he tenido que recordar esta semana, que por calles más oscuras nos hemos perdido en la noche… Y hemos sobrevivido.

¡Ánimo, dominicanos! Dios nos guarde a todos.

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