La desgracia del buena paga (2/3)

La desgracia del buena paga (2/3)

“Da tu primer paso con fe. No es necesario que veas toda la escalera, solo da tu primer paso.”

Martin Luther King, Jr. (1929-1968)


Los primeros pasos para salir de las deudas

Aunque sus retos lucían difíciles de superar, con un poco de creatividad, más disciplina y mejor enfoque, Susana no sólo saldría del hoyo financiero, sino que haría realidad el sueño de terminar su propia vivienda.

Pensando en que algún día escribiríamos su historia, para que tal vez otros puedan aprovecharla y aprender de ella, tratamos de ser lo más sistemáticos y organizados posible en el proceso.

¿El primer paso? Cédula en mano, y luego de responder algunas preguntas básicas, buscamos el historial de crédito de Susana desde la computadora.

-Nana -le dije, pues es fundamental también destacar lo positivo- de verdad te felicito. Debes sentirte orgullosa de haber asumido todos tus compromisos financieros de la forma tan seria y consecuente que lo has hecho. Sólo veo que has tenido dificultad con una telefónica, al identificar un expediente en legal de años atrás.

-Ay sí, don. Eso fue un celular que yo saqué, que al día siguiente me robaron en la calle -admitió Susana.

-No te preocupes, pero vamos a ponernos al día con ellos. Llamaré a la telefónica, y estoy seguro que podemos sacar un buen descuento y plan de pago cómodo para salir de eso.

En efecto, lo logramos: 50% menos y doce cuotas.

La tarjeta que nunca bajaba

Tomó unos días, pero pudimos contactar a los bancos emisores de las tarjetas de crédito de Susana para que le mandaran los estados de cuenta que ella nunca había visto.

Ella autorizó que llegaran a la casa, de tal forma que el siguiente fin de semana aprovechamos una siesta de la bebé para revisar los estados con tiempo y cuidado.

-Susana -le expliqué- es importante que entiendas lo caro que puede ser manejarse con tarjeta de crédito si uno no sabe manejarla o lo hace mal.

-Don Alejandro, explíquemelo todo, que yo de verdad que no entiendo nada.

Nos enfocamos en los estados de los últimos doce meses:

-Veo que varias veces hiciste retiros en efectivo con tu tarjeta… ¿Tú sabías, Susana, que cada vez que retiras dinero de esa manera, le tienes que pagar al banco un cargo del 6%?

-No, don. No me explicaron eso, y tampoco pregunté… Sólo me dijeron que si yo quería podía sacar dinero así.

-Sí, lo podías hacer, pero sale caro. De hecho, en una ocasión te permitieron sacar más del límite. Al hacer eso, te cobraron un recargo por ‘sobregirarte’ en la tarjeta… ¡Cada mes que pasaba! Solamente por ese cargo, pagaste RD$1,200 al año.

Susana abría los ojos. Seguimos.

-En varias ocasiones, por retrasarte muy pocos días en tu fecha de pago, te cobraron una mora por RD$450… En total, RD$1,800.

-Es que con mi horario se me hacía difícil pagar en esas fechas -me explicó.

Sumamos los cargos por “membresía” y un seguro que se cobró dos veces, por error del banco y sin que Susana lo supiera, y llegamos a RD$6,000 en cargos.

En promedio, Susana le debió al banco RD$10 mil, pero le había pagado, en intereses y comisiones, RD$10 mil… ¡Un 100%!

Repetimos el ejercicio con la otra tarjeta. La misma costosa y plástica historia.

Peor fue el caso de Ramírez, el prestamista a quien Susana hasta agradecimiento le guardaba porque no le cobraba mora.

-Puede ser -le dije- ¡pero no lo hace porque la tasa de interés que te cobra es de más de 300%!

-Imagínate, Susana -añadí- lo caro que te salieron esas compras… Terminaste pagando el doble por ellas (y hasta el triple con Ramírez). Toca salir de esas deudas ‘malas’, porque de lo contrario quedarás esclava de ellas para siempre, y el plan de terminar tu casa se nos hará casi que imposible.

Segunda decisión, primer avance

-Susana, lo que ahora haremos es la parte fácil. Lo podremos lograr por lo buena paga que eres y por tu capacidad de trabajar y generar ingresos, pero quiero que estés clara de que es sólo un primer paso.

-Entiendo, don. ¿Qué debo hacer?

-Mira, esto no te lo dije hasta que vi el detalle de tus deudas, pero entre una y otra pagabas RD$18 mil en cuotas al mes. Más de lo que yo te pago.

-¡Ay, don! -exclamó Susana- Usted me dice eso y me mareo! ¿Y entonces?

-Vamos donde mi amiga de la asociación de ahorros y préstamos. Ellos son de La Vega, pero tienen oficina aquí. Haremos lo que se llama una consolidación de deudas, de tal forma que en vez de pagar RD$18 mil, tu cuota será sólo RD$4 mil, y en un par de años habrás salido de esos líos tan caros y que iban para muy largo.

-Don, ¿es en serio? ¿La asociación me prestará a mí, si yo no tengo garantía?

-Sí, lo harán. Porque si has sido buena paga con las deudas malas, ellos saben que con condiciones tan mejoradas, lo seguirás siendo. Yo también lo sé’.

Acompañé a Susana a la sucursal y allí le explicaron todo con detenimiento. Tomaron los datos de sus préstamos y tarjetas, pues ellos mismos se encargarían de saldarlas en los distintos bancos.

Al salir de la sucursal, era evidente en el alivio en el rostro de Susana. Detuvimos el sangrado de los plásticos y del usurero.

-Don Alejandro, yo todavía no me lo creo. ¿Ahora que más debo hacer?

-Varias cosas. Entre ellas, decidir qué hacemos con tus dos tarjetas de crédito.

-Don, vamos a cancelarlas. Yo no quiero volver a caer en esos líos…

-Te entiendo, pero mejor cancelemos sólo una de ellas. Con la otra, te pediré que me prometas algo. Mantenla guardada en tu casa, sin usarla. Juntos revisaremos el estado cada mes para revisar que todo esté en orden.

Ella asintió.

Las otras tareas de Susana

Al despedirse por ese fin de semana, le pedí que se sentara a conversar un rato a tomarse un cafecito conmigo.

Sonriendo, le entregué en sus manos una pluma y pequeña libreta, cuyas páginas yo había numerado por 30 días.

-Bien. Pues a partir de hoy, y por todo este mes, quiero que cada día me escribas cada peso que gastas. ¡Cada peso!

-Para el presupuesto, don -asintió-.

-Sí. Y en esta hoja, me vas a completar tu segunda y última tarea.

-¿Cuál será? ¿Ahí qué escribiré?

-Tus sueños, Susana. Tus metas. Hablaremos de ellos la semana que viene.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.




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