Wikileaks a la criolla

Wikileaks a la criolla

Desde la Embajada en Washington, DC (SECRETO & IMAGINADO)

El gobierno dominicano no debe invertir en los fondos de pensiones de los Estados Unidos, dada la muy alta posibilidad de perder los fondos debido al fraude y la corrupción.

Basada en el estado actual de las cosas en los EE.UU., la embajada dominicana en Washington urge encarecidamente a que la Cancillería autorice la no participación en el sistema de seguridad social americano. La embajada en Washington urge que apruebe nuestra solicitud para situar los dineros de pensión en AFPs dominicanas.

Solamente entre 2007 y 2008, el patrimonio de los hogares estadounidenses ha disminuido más de US$14 millones de millones. Los activos de los fondos de pensiones, en este mismo período, perdieron US$2.3 millones de millones, o un 22% de su valor.

Para 2008, de los países de la OECD, los fondos de pensiones de los EE.UU. registraron la tercera mayor pérdida relativa (-26.8%) en todo el mundo, superado solamente por las de Irlanda e Islandia (Nota: las pérdidas de estos dos países se debieron a inversiones en «activos tóxicos» originados en… ¡EE.UU.! Ese año, las AFPs dominicanas rindieron, en términos reales, 7.2%).

La situación ha llegado a tal extremo, que Reuters reporta un aumento en el déficit de US$68 mil millones en los primeros 100 planes de pensiones yanqui, a US$253 miles de millones, por lo que cuentan con sólo el 83% de los fondos para atender sus obligaciones.

Para recurrir al auxilio de los fondos de pensiones (y de los bancos, los regulados y los que están «en la sombra», las compañías de seguro, manufactureras, inmobiliarias y todo lo demás que se mueve en EE.UU.), el gobierno de ese país ha invertido o gastado más de US$13.9 millones de millones.

Preocupado por esta deficitaria situación, que ha llevado a un nivel de endeudamiento público único en la historia federal, Standard and Poor’s disminuyó la calificación de la deuda yanqui.

La responsabilidad de este masivo salvataje económico ha recaído sobre los hombros del joven Tim Geithner que, en junio de 2008, reconoció la existencia de un «sistema bancario a la sombra» (o paralelo) por un monto global de US$10.5 millones de millones.

Este sistema paralelo (en la forma de fondos de cobertura, ABCPs, CMBS, SIVs, CDOs, MBSs, repos, y otros derivados que nadie por lo visto entiende) llegaron a superar, por la propia admisión del hombre del Tesoro, los US$10 millones de millones en activos de todo el sistema bancario estadounidense.

El propósito de este sistema paralelo era disfrazar la baja capitalización y el alto apalancamiento de la banca de inversión (y comercial) estadounidense, al subestimar la cantidad de activos a riesgo bajo su responsabilidad.

Siguiendo las mismas malas prácticas contables y financieras de Enron (2001) y WorldCom (2002), solamente los primeros cuatro bancos de inversión más grandes de los EE.UU. tuvieron que reponer en sus balances, en 2009, casi US$1 millón de millones en activos que habían «titularizado».

El principal ejecutivo financiero (CFO) del fallido Lehman Brothers reconoció que su firma abusó de los Repo 105s, una «maniobra financiera que le permitía remover activos de su balance general cada cierre de periodo contable».

Comentándolas por correo electrónico escribió: «estas transacciones no tienen sustancia y su único propósito es reducir el balance.» El superior de este CFO, el CEO, luego reconoció: «estemos claros, esta solo es una más de las drogas a las que estamos enganchados.»

Geithner admitió que en plena crisis recibió una tentadora oferta de Sandy Weill para encabezar Citigroup (un coloso engendrado fuera del marco legal de Glass-Steagall en 1998 bajo el Tesoro de Robert Rubin), pero que la rechazó.

Curiosamente, el jefe del Tesoro fue el pupilo predilecto del mismo Robert Rubin. Al detonar la crisis, Rubin, oriundo de Goldman Sachs (rescatado con US$10 mil millones) era una de las cabezas de Citigroup (rescatado con US$45 mil millones), donde en 8 años acumuló bonos por US$126 millones.

No fue el único banquero de inversión que se benefició de la crisis. En 2008, precisamente cuando el gobierno federal inyectó fondos por US$145 mil millones en seis grandes bancos, 4 mil de sus empleados recibieron bonificaciones por más de US$30 mil millones (o un 20% de los fondos del rescate).

En este sentido, el caso más absurdo fue el de Joe Cassono, jefe de una offshore de la aseguradora AIG, que en plena crisis afirmó que era imposible que sus inversionistas perdieran dinero. Aunque meses después AIG fue rescatada con US$85 mil millones, el gurú recibió más de US$315 millones.

La arrogancia, prepotencia y derroche de los banqueros de inversión no tiene comparación a nivel mundial.

Los primeros en explotar fueron los de un fondo de cobertura de US$20 mil millones de Bear Sterns (quienes dan cátedra en nuestra isla), capitalizado con solo US$1.6 mil millones. Viendo la crisis venir, su gerente bebía vodka y calmaba a su equipo diciéndoles: «Tranquilos, que haciendo lo mismo ya hemos ganado la loto varias veces.»

Otros recomendaban a sus firmas salir de inversiones que para ellos eran «basuras», vendiéndoselas a los administradores de dinero «bruto» (o «dumb money» como le dicen a las aseguradoras y… ¡los fondos de pensiones!).

Como muestra de la captura de los poderes legislativos y de supervisión yanqui, el CEO de Fannie Mae (una entelequia cuasi-privada detrás de todo el boom hipotecario) escribió, también en un «e-mail» de 2006: «Nosotros siempre ganamos. Escribimos las reglas o hacemos que las escriban de tal forma que trabajen a nuestro favor.»

Ese año, la agencia supervisora de Fannie Mae concluyó su auditoría diciendo que sus directivos eran «bien calificados y activos» y que estaba «bien capitalizada.» Poco después, fue rescatada con US$154 mil millones.

Sin duda, la mayor muestra de la «disfuncionalidad y captura por la industria financiera», según el analista financiero Harry Markopolos, de la supervisión y regulación del mercado de valores de EE.UU. es el caso Madoff.

Markopolos por 10 años denunció ante la superintendencia de valores de ese país («SEC»), la existencia del esquema Ponzi. Su denuncia fue ignorada, hasta que explotó no por ser descubierta, sino porque el propio Madoff fue incapaz de mantener el fraude de US$50 mil millones, como lo hizo (aparentemente por sí solo) por 30 años.

El sistema financiero en los EE.UU. pone en extremo riesgo el dinero de los contribuyentes dominicanos y el futuro bienestar financiero de los empleados del gobierno dominicano. La corrupción, las transacciones entre sí, el abuso de información privilegiada y la no transparencia de las entidades reguladoras garantizan que el dinero de los contribuyentes dominicanos será desviado. La embajada en Washington reitera su solicitud para situar los dineros de pensión en fondos de pensiones en la República Dominicana.


«(La seguridad social) es un esquema ponzi para la gente joven. La idea de que están trabajando para poderse retirar y que el sistema estará allí para ellos es una mentira monstruosa.»

Rick Perry 

Gobernador de Texas y candidato presidencial Republicano. (29 de agosto de 2011)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


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