IMPORTANTE: Conoce las medidas tomadas por las entidades bancarias por COVID-19

Rompamos la inercia

Rompamos la inercia

Diez años atrás, nadie, ni en la República Dominicana ni en el mundo, se lo hubiese creído. Tal era el pesimismo, con razón, la negatividad y la desconfianza que generaba buena parte de la banca criolla de entonces. Ahora, sudor, lágrimas y mucho dinero después, se puede escribir.

El sector financiero dominicano está entre los de mayor solvencia en el mundo, incluso por encima del promedio de América Latina, los países ricos de la OECD y el propio Estados Unidos que entonces nos aleccionaba sobre la buena práctica bancaria.

Llegamos a la conclusión gracias al último informe de competitividad global de los amigos de Davos, que compartimos en la primera gráfica donde mostramos cómo, increíble pero cierto, las fortalezas de nuestro sistema bancario y el de los Estados Unidos se han invertido… a nuestro favor.

Si se quisiera mayor evidencia del avance logrado, bastaría con contar la cantidad de veces (negativamente, más de 80) que la palabra «banca» surgía en nuestro primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, allá en agosto de 2003.

¿En el último acuerdo standby? Unas 8 veces, casi todas positivas.

Entonces, más del 50% de las acciones previas y los criterios y las condicionalidades de desempeño y estructurales se referían al sector financiero, incluyendo la supervisión bancaria.

¿Hoy? Menos de tres de los 23 o 13% de los compromisos y tareas que el país acordó con el FMI tienen que ver con el sistema financiero dominicano.

El informe de Davos no debe de ser motivo para dormirse en los laureles (que, como veremos más adelante, cualquier cantidad de retos quedan), pero sí un llamado a reflexión.

Los dominicanos supimos enfrentar una crisis tan grave como fue el descalabro de los fraudes bancarios de 2003, que costó 20% de la economía y cientos de miles de familias más pobres.

¿Quién dice que no podemos enfrentar, con igual éxito, otros frentes como es la corrupción pública, el déficit eléctrico o la inseguridad ciudadana?

A veces olvidamos la magnitud del reto. Sumando las cuatro entidades fracasadas, RD$125 mil millones en activos estuvieron a riesgo, es decir, el 60% de la banca privada nacional de 2003.

Ni hablar de los años (¿décadas?) de malas prácticas bancarias y una patética y politizada «supervisión» durante los cuales se gestaron los fraudes.

El resurgir de la banca fue exitoso por muchas razones. Entre ellas la firmeza, la profesionalidad y el coraje con que dos administraciones diferentes, y lo que sobrevivió de la banca, enfrentaron el reto de forma sistemática, profunda y bajo una continuidad apolítica muy poco común en nuestro quehacer público.

Ojalá repetirse aquella hazaña para hacerle frente a las tareas por delante, algunas de ellas latentes todavía en el sector financiero dominicano.

«Dominicanos de pie, rompamos la inercia» se llama la próxima Convención Nacional Empresarial convocada por el CONEP, que incluye precisamente algunos de estos retos bajo el tema de «Dinero y Crédito.»

Entre ellos, ya me lo imagino, estará el tema no solamente la disponibilidad de los servicios financieros para el sector privado, sino también su costo, al igual que el acceso al crédito bancario.

Como se aprecia en la segunda gráfica, en las tres vertientes tenemos importantes logros que alcanzar, no obstante la fortaleza de nuestro sector bancario, sobre todo al compararnos con los países del DR-CAFTA donde, según los gurús de Davos, solamente logramos superar a Nicaragua, el más débil vecino.

Llama, obviamente, la atención el hecho también de que el acceso al crédito del sector privado es, según cifras oficiales, el más deficiente y con una marcada tendencia a la divergencia.

¿Qué puede ser tan diferente en nuestro aparato económico nacional, o nuestro sistema bancario, como para justificar que el crédito privado alcance solo al 20% del PIB criollo? ¿Cuándo América Central ha llegado a tener más del doble (como el 42% de 2008)?

Las respuestas son varias, e incluyen el denominador en cuestión (nuestro creciente PIB), el efecto desplazamiento impuesto por la mayor de las maldiciones (la deuda pública), la falta de transparencia empresarial y, sin duda, una normativa y gestión bancaria que debe re-calibrarse dada la nueva realidad económica del país (y el mundo).

Celebremos, pues, la satisfacción de un trabajo bien hecho que a todos los dominicanos, sin importar bandería política, debe enorgullecer.

Sigamos trabajando, eso sí, autoridades, banqueros y empresarios, para que ese logro llegue, a menor costo y con mayor facilidad, a todos en el país.

Este escribidor aplaude el logro bancario y se une a la iniciativa del CONEP para romper la inercia del dinero en la economía nacional.


«En nuestras ambiciones personales somos individualistas. Sin embargo, en nuestra búsqueda de progreso económico y político como nación, todos subimos o todos nos caemos.»

Franklin D. Roosevelt, En el discurso de su segunda toma de posesión (20 de enero de 1937)

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



Volver Arriba