La gran burbuja

La gran burbuja

Desde el 2004 al 2011, la República Dominicana descendió 42 escalones (de 59 a 110 o 86%) en el índice de competitividad global de Davos. Sin embargo, la inversión extranjera directa aumentó US$717 millones entre el 2004 y 2010, de US$900 millones a US$1,626 millones (80%).

Como toda estadística económica, la inversión extranjera directa es una que, para valorarla, debe desmenuzarse.

Eddy Martínez, del Centro de Exportación e Inversión, a inicios de semana se proyectó con un titular que, sólo de leerlo, me enriqueció: «el flujo de inversión extranjera directa (IED) en los últimos siete años totaliza US$12,214 millones.»

Aunque el monto es inferior al publicado por el Banco Central (ellos entre diciembre 2004 y junio 2011 totalizan unos US$12,392 millones), lo cierto es que la IED en el país ha aumentado de manera significativa en los últimos años.

Comparando el primer y último quinquenio de la década pasada, vemos que la inversión aumentó 111%, de US$4.5 mil millones a US$9.4 mil millones.

Las cifras impresionan, por su magnitud. Comparándonos con nuestros pares de América Central, aunque mantenemos el liderazgo en términos absolutos, quedamos atrás en términos relativos, al haber aumentado sólo 111% versus el 137% de los países del istmo.

El caso de Costa Rica, líder regional en cuanto a competitividad global se refiere, según el análisis de Davos, llama la atención. A pesar de que tenemos una economía 50% mayor a la de los «ticos» (según el PIB de los respectivos bancos centrales), recibimos sólo 15% (US$1.2 mil millones) más inversión extranjera durante el último quinquenio que ellos.

¿Dónde queda Costa Rica en el ranking de competitividad? Mientras nosotros somos el país 110 del mundo, los ticos están orondos y orgullos de su posición 61.

No se trata, sin embargo, sólo de la magnitud de la inversión.

No es lo mismo recibir inversión, por ejemplo, para una fábrica nueva que manufacturará equipos para la exportación en base a mano de obra local y transferencia de tecnología, que recibir un cheque (con vocación a depositarse en Miami), luego de vender lotes o solares playeros.

En el país, toca decirlo, hemos vendido mucha tierra en los últimos años. Desde que se lleva la estadística «inmobiliaria» (en el 2004) hasta el 2010, este renglón ha acumulado US$2.7 mil millones.

Alta la inversión inmobiliaria durante esos seis años, tan alta como la inversión extranjera destinada a los sectores comerciales, industriales, eléctricos y de zona franca… ¡combinados!

Sin despreciar el atractivo de nuestras costas, es evidente que la burbuja inmobiliaria mundial también nos arropó.

Sólo así, por ejemplo, se entiende que en el 2007, mientras el turismo, el comercio, la industria, telecomunicaciones, el sector eléctrico, el financiero, las zonas francas y el minero atrajeron en su conjunto una inversión global de US$767 millones… aquí la inversión inmobiliaria extranjera excedió los US$900 millones, US$133 millones (o 17%) más que todo el resto de la economía.

Toda burbuja tiende a desinflarse, claro, y la gran burbuja no fue excepción.

Aun asumiendo que la inversión inmobiliaria acumulada a junio de 2011 mantenga su ritmo para todo el año (cosa que dudo viste el más reciente desguañangue capcanero), en este año no alcanzaremos a vender ni 15% de la cifra récord de US$900 millones vendidos en 2007.

Como todo flujo, es difícil mantener los niveles de inversión extranjera en el tiempo sin antes asegurar una competitividad real en la economía de un país.

Volviendo a la historia reciente, recordemos el 2008, año récord en la inversión extranjera directa en el país.

¿Qué pasó en 2008? La burbuja inmobiliaria seguía en sus buenas (vendieron US$527 millones), la Barrick inició su plan de inversión (US$357 millones), los amigos escoceses compraron el ron puertoplateño (un impacto estimado de US$575 millones) y una empresa mexicana compró la concesión del siglo XXI (Aerodom, estimo que en US$645 millones).

Sólo esas cuatro transacciones representaron el 73% de los US$2.9 mil millones captados ese año. Dejando a un lado a la Barrick, yo me pregunto: ¿Cuántos empleos o exportaciones generó esa gran masa de inversión extranjera?

Otras preguntas obligatorias son: ¿cuándo volveremos a vender solares playeros o comerciales como antes? ¿Qué pasará una vez Barrick termine su plan de inversión? ¿Qué otra joya de la corona licorera venderemos? ¿Y qué otra infraestructura pública concesionaremos para que un puñado de criollos la venda con el plan de inversión a menos de la mitad?

Quizás don Eddy sepa.

Y quizás pueda explicarnos también (ya que promueve exportaciones) cómo las zonas francas vendieron en 2010 menos de lo vendido 12 años atrás en 1998.

Si don Eddy no puede responder esta última, quizás pueda ayudarlo, montado en su motoconcho o en la esquina donde vende tarjetas de llamadas y botellitas de agua, uno de los 75 mil dominicanos que perdió su empleo en las zonas francas.

¿Dónde, insisto, está la empleomanía, las exportaciones, el aporte a la competitividad o al valor agregado nacional de buena parte de esos US$12.2 mil millones en IED «de los últimos 7 años»?


 «Se debe hacer todo lo necesario para fortalecer el clima de negocios y posicionar la marca «República Dominicana», para continuar atrayendo las inversiones que contribuyen a construir una realidad de mayor bienestar, de mayor prosperidad y cada vez más digna para todos los dominicanos.»

Eddy Martínez

Director del Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD)


 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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