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Una tarea pendiente

Una tarea pendiente

A G.V., gentil y valioso.

Acercándose el 31 de diciembre, es propicio el momento para reflexionar, más allá de las metas logradas durante este año, en las tareas nacionales que tenemos por delante.

Los logros, por lo menos en cuanto a la banca se refiere, no son pocos.

Pasado el cuarto año de la crisis financiera internacional, la solidez y fluidez con que el sector financiero local ha sorteado una tormenta global casi que perfecta, es digno ejemplo de que un sector «caído» puede levantarse y, a la vez, dinamizar a muchos otros actores de la economía nacional.

No cabe duda de que la banca dominicana ha facilitado fuertemente el desarrollo inmobiliario en el país, por vía del crédito hipotecario para la compra y remodelación de viviendas.

En menos de tres años, por ejemplo, la banca múltiple logró colocar en préstamos hipotecarios para la vivienda lo que las antes soñolientas asociaciones de ahorros y préstamos acumularon en el transcurso de cuatro décadas.

El sector comercio, y específicamente el importador (y por ende el grueso de los consumidores dominicanos) ha tenido igualmente un fuerte empujón por parte de la banca, gracias a sus ferias de vehículos, tarjetas de créditos y otras facilidades de crédito personal.

Eso está muy bien. Y las cifras lo confirman, como vemos en la gráfica.

En cinco años (de junio 2006 a la fecha), el crédito bancario más que duplicó lo colocado en 45 años de banca privada nacional en el país, al aumentar en RD$208 mil millones.

La pregunta obligada: ¿dónde fueron a parar todos esos préstamos nuevos?

El 54.2% lo colocaron los banqueros de consumo (no los corporativos o empresariales), en la forma de préstamos de consumo (27.4%) e hipotecarios (26.8%), a sus clientes personales.

El fenómeno explica, en parte, que tengamos una flotilla de vehículos que mal se da el lujo el país en darse, y también el acelerado desarrollo urbanístico de las dos metrópolis dominicanas.

«El consumo es el motor de la economía, aquí y en el resto del mundo», me advierte un docto amigo y compañero, sugiriéndome que no tiene nada de mal tal dinamismo en la banca personal.

Es cierto: toca pensar que la gran mayoría de los ingresos fiscales provienen, precisamente, de cargas al consumo.

La belleza del equilibrio

El problema, como bien sabemos, es relativo. No tiene nada de malo que las personas tengan mayor acceso al crédito para sus consumos y viviendas.

Pero, pero, pero: ¿y los sectores productivos en términos generales? ¿La industria? ¿La manufactura? ¿La agricultura?

Como vemos en la gráfica, estos sectores, reales generadores de valor para cualquier economía, recibieron (¡juntos!) el 8.2% del nuevo crédito otorgado en el país desde el 2006 a septiembre 2011.

En otras palabras, mientras hemos sido capaces de desembolsar RD$112.7 mil millones en préstamos personales, la agricultura y la industria manufacturera apenas captaron RD$17.0 mil millones.

El crédito al consumo, por ejemplo, subió RD$56.9 mil millones en cinco años mientras la agricultura recibió sólo RD$8.1 mil millones más.

¿Causa o consecuencia?

El banquero sigue a su cliente, no el cliente a su banquero. Las finanzas son consecuencia, no causa, de la generación de valor en una economía.

El problema no es cómo se divide la pizza (si entre acreedores o accionistas), sino el tamaño (y el sabor) del pastel.

Sea cual sea la teoría que explique esta coyuntura, es obligatorio para todos, como nación, sentarnos en la mesa del diálogo y estudio para entender por qué el crédito fluye únicamente sobre el cauce del consumo y las viviendas.

Como vemos en la segunda gráfica, la tendencia no es de ahora: se verifica desde junio de 2007… y hasta antes.

Si observa que el crédito personal disminuyó durante 2009 como por ciento del crédito nuevo total, no piense que fue porque se dirigió a los productores.

Durante ese año, más bien, el grueso del crédito lo absorbió el propio gobierno central en detrimento al acceso de consumidores y productores por igual.

Lo curioso es que, aún con el impresionante boom en el crédito personal, a la fecha, su reflejo en el producto interno bruto dominicano (9.5%) es la mitad del 18.3% que promedian nuestros pares en América Central y mucho menos que el 25.0% que alcanzó Costa Rica.

De los sectores productivos ni hablar: el crédito agrícola y a la industria manufacturera, combinado, es menos de la mitad del promedio centroamericano y una cuarta parte, nuevamente, del registrado en Costa Rica.

Es, en mi opinión, verdaderamente insólito que el crédito al sector privado, en términos generales, alcance sólo el 21% del PIB en la República Dominicana, mientras dos países de Mesoamérica (Costa Rica y Honduras) más que lo duplican y se acercan al 50% del PIB.

¿Tanto más informales son nuestras economías? ¿Tanto más amplio es el margen de intermediación dominicano? ¿Tanto más exigentes nuestras normas prudenciales? ¿Tanto más débil es nuestro proceso judicial? ¿Tanto más frágiles la titularidad de nuestras garantías?

¿Tanto menos eficiente y ágil es la banca dominicana? ¿Son realmente más conservadores los banqueros criollos?

Para mí, las respuestas son todas negativas, parcial o totalmente. Algo más huele en Dinamarca y posiblemente producto de una infección de pibitis aguda.

Sea cual sea la realidad, basta con reconocer, ahora, que tenemos todos un gran reto, y por ende una gran oportunidad, para reencauzar el flujo crediticio… y el de nuestras riquezas.

El crédito al consumo subió RD$56.9 mil millones en cinco años

mientras la agricultura sólo recibió RD$8.1 mil millones más.


«Los bancos han fracasado en términos de su contribución al bienestar social y el crecimiento económico de la región. El problema ahora es como preservar la estabilidad financiera, a la vez que la banca se hace mas útil a la sociedad»

Augusto de la Torre, Economista en jefe para America Latina del Banco Mundial (Noviembre 2011)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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