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Adiós a las Golondrinas

Adiós a las Golondrinas

Entre el fin de nuestra crisis financiera en diciembre de 2004 y el inicio de la yanqui en julio de 2007, la República Dominicana se benefició de una masiva y totalmente especulativa visita de más de US$1,000 millones de fondos golondrinos.

A pesar de nuestro blindaje y la muy repetida idea de que nos beneficiaríamos de la desgracia ajena, lo cierto es que desde el verano del 2007, los visitantes, obedeciendo a sus dueños del Norte, abandonaron nuestras costas. También masivamente. ¡Qué bueno!

Primero, conceptualicemos. El país generalmente importa del exterior más de lo que exporta en bienes y servicios. Ese resultado deficitario se registra como un saldo negativo en la cuenta corriente de la balanza de pagos. ¿Cómo lo financiamos? Por dos vías: o por la cuenta de capital de la misma balanza o «quemando» nuestras siempre escasas reservas internacionales.

Desde la cuenta de capital podemos recaudar fondos por vía de endeudamiento extranjero o recibiendo inversiones, también de extranjeros. Las inversiones extranjeras pueden ser directas (por ejemplo, los famosos US$12.5 mil millones aquellos que recibirán nuestras costas de nuevos proyectos turísticos) o «de cartera».

Cuando la inversión es de cartera o de portafolio, los extranjeros aportan capitales, y a cambio, les entregamos no un pedazo de tierra (una playa) ni una empresa (como el caso de Brugal), sino simplemente un título o instrumento financiero que, generalmente a corto o mediano plazo, repagaremos.

Así fue como, en la misma medida que logramos aumentar las diezmadas reservas internacionales, desde US$192 millones a diciembre 2004 hasta su pico de US$1,626 millones en diciembre de 2007, el país recibió un flujo de inversiones extranjeras «de cartera», en igual periodo de tiempo, de más de US$1,900 millones. La mayor entrada de estas inversiones, como mostramos en la segunda gráfica, fue en el transcurso del 2007, cuando recibimos US$954 millones. Friolera suma ésa: equivale al 50% del sobregiro de la cuenta corriente de ese año o el 60% de las reservas netas acumuladas a la fecha.

¿A dónde fueron a descansar sus frágiles alas los inversionistas golondrinos? Sus balcones favoritos, con espectacular vista al Mar Caribe (y a los jardines, curiosa y convenientemente, de «La Embajada») fueron los del Banco Central. Como mostramos en la primera gráfica, los inversionistas que el Banco Central denomina «Otras instituciones financieras» compraron el equivalente en RD$ de US$1,205 millones en instrumentos financieros de mi emisor favorito.

Unos meses antes de su pico en julio de 2007, estas inversiones de extranjeros en el Banco Central representaron hasta un 83% las reservas internacionales (según el FMI) del país y más del 20% del stock de certificados de participación.

Eso sí: de la misma forma en que llegaron, así recogieron sus nidos y se fueron. Calladitos, como don Eduardo. Sin mucho ruido. Entre julio de 2007 y este marzo, los inversionistas institucionales han retirado el equivalente de US$640 millones del país, aunque no del BC.

Inteligentemente, el «staff» de don Héctor les colocó títulos a largo plazo. A tasa fija. ¡Sin redención anticipada! Genial movida para nosotros. Costosa y lamentable para ellos.

La única alternativa de los tenedores extranjeros era vender sus títulos en el mercado secundario a importantes descuentos. Ya poco les importaba estas pérdidas marginales, dada la urgencia que tenían de enfrentar las filas de sus nerviosos inversionistas que, allá en el caótico frío del Norte, exigían les devolviesen su plata. Así fue como los títulos se quedaron en el BC, pero en manos de algunos afortunados criollos. A rendimientos aún más jugosos que antes.

Toca reconocerlo. Aunque no estemos «blindados», lo cierto es que algo (¿alguien?) nos protege. Sobreponernos a una despilfarradora campaña electoral, a una factura petrolera récord y al retiro de los fondos golondrinos, en medio de la más perfecta tormenta financiera internacional, y que el país todavía se mantenga parado, peca, mínimo, de milagroso. Apúntenselo al Profesor. A don Héctor. ¿O a Tatica?


La cifra

95 por ciento de las inversiones de «Otras instituciones financieras» en el Banco Central a julio de 2007 correspondieron a fondos golondrinos, con sus sedes en Nueva York, Miami y Londres. El resto fueron inversiones de financieras, bancos de desarrollo y aseguradoras criollas. ¿Por qué mezclar ambos tipos de inversionistas? Los extranjeros deberían tener su acápite aparte. ¿No cree, don Héctor?


«Tras el nivel de la tasas de interés, los bancos deben calcular provisiones, castigos, gastos operacionales y evaluar el riesgo implícito en cada operación. Para nosotros como Superintendencia, nos parece casi natural que los riesgos sean cuantificados con criterios justos y razonables, y que no oculten sus verdaderos alcances al momento en que un banco otorga un préstamo».
Gustavo Arriagada M. Superintendente de Bancos de Chile ante su Cámara de Diputados, cuyos políticos tampoco entienden por qué tardan en bajar las tasas.

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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