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¿El año que viene será mejor?

¿El año que viene será mejor?

A LFR respetuosamente.

La vi. Sentada sola frente al mar. Mirada absorta en la luna llena de una noche reciente, La Bruja no cayó en cuenta de mi presencia a su lado. Nos embargó así el aullido de un silencio compartido por tiempo indefinido. Luego me miró a los ojos con los suyos, embargados de tristeza y melancolía, y me admitió: «¿Sabes? La esperanza es frágil. Toca cuidarla. Nada peor para mantenerla que aquello de pensar en que el año que viene será mejor… Antes que nada, toca actuar.»

Pensé que sí. Que es verdad. Demasiados matrimonios se mantienen unidos pendientes de una ilusión que nunca llega y que, en el fondo, no es más que una espada de Damocles esperando a caer. Las decisiones, los cambios, se postergan en el tiempo y cuando la pareja viene a ver, ya desesperada, es muy tarde para actuar. ¿Y después? Un diluvio de lágrimas inútiles.

Los dominicanos, y sobre todo las dominicanas, conocemos bien esta realidad. No solamente en nuestras vidas personales, sino también en la política. Mantenemos una relación, los del sector público y nosotros los mortales en el privado, repletas de ilusiones, mentiras y falta de accionar que termina, ineludiblemente, en un rencoroso y frustrante divorcio entre las partes.

El presidente Fernández conoce esto mejor que nadie. Ha sabido, cada 16 de agosto, vendernos la ilusión de que el año que viene será mejor. Y, cada feriado de agosto, cuales tontos ciegos que fuéramos, le creemos. Pronto cumpliremos nuestro noveno aniversario y todavía le creemos.

Doce meses atrás, en su discurso de toma de posesión, nos cegó por última vez con las promesas de un esposo desesperado, que no se ve, perdido en su propio mundo de falsas verdades e ilusiones. La trágica escena pecó entonces, para usar sus propias palabras, de cantinflesca.

La lista es interminable. Que los préstamos al sector agropecuario serían clasificados «A» por las autoridades monetarias. Se emitirían RD$5 mil millones en bonos agrícolas. Convertirían el desfasado Banco Agrícola a una más enfocada Corporación de Crédito Agropecuario. Los industriales del campo accederían a RD$7 mil millones de los fondos de pensiones, con la intercesión de don Vicente.

Sigo. Se establecería un sistema de garantía recíproca para las micro y pequeñas empresas. Estableceríamos una ley de seguridad alimentaria. Se generalizaría el seguro agropecuario. Estableceríamos un programa de suplementos alimenticios. El Programa «Tu Compromiso» (¿y el suyo?). Minaríamos el país de agencias de microcrédito.

Profundizaríamos el «Sistema Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico». Sembraríamos, además de frutos orgánicos, incubadoras empresariales en todo el territorio nacional.

Las promesas incumplidas se mantienen promesas eternas y se reciclan cada cierto tiempo para hacerle frente a embistes «mediáticos» y populares que, naturalmente, son dirigidos por la oposición política.

De moda últimamente están la contratación de dos centrales de carbón y otra de gas de 600 megavatios con las que, desde hace cinco años, resolveremos la brecha energética. Ni hablar de los 700 megavatios provenientes de la políticamente correcta energía alternativa, tan eólica como la fuente física que pretende transformar.

Mis frases cohetes favoritas, por supuesto, están nuevamente de moda durante las últimas semanas, justo a tiempo para la declaración (¿repetición?) de amores del próximo 16.

Tenemos, claro está, que cambiar el modelo económico de la nación. Ya las oigo, nuevamente, acompañadas de aplausos: «Se requiere un ajuste a nuestro actual modelo de desarrollo, que incorpore a los sectores productivos.» Oiré también sobre los avances logrados en el «Plan Estratégico Nacional de Ética, Prevención y Sanción de la Corrupción». ¿Será que daremos el «sí» nuevamente a la reconciliación nacional cuando nos vuelvan a hablar de «Una revolución moral»?

Lamento, Señor Presidente, que nuestros oídos de parejas ingenuas, engañadas e ilusamente esperanzadas ya no son los mismos. Nuestros ojos ya no lo permiten. Nueve años es mucho tiempo para conocer a un compañero y, con el tiempo, hasta el más ciego entre nosotros abre los ojos.

Le imploro, Presidente, le ruego, que actúe. No solamente el 16 de agosto próximo sino durante los próximos tres años que nos quedan de amores. Hay tiempo para la reconciliación, en base a acciones. El tiempo para viajar vendrá después.

Si de palabras se tratara, le obsequio unas que quizás sean las únicas que tendría que pronunciar en su discurso: «Nuestros remedios a menudo yacen en nosotros mismos / y nosotros se los adjudicamos al Cielo.» Shakespeare las escribió en «Todo está bien si termina bien». Se las dedico a usted. Y a mi bruja.


¿Acertamos?

No nos está yendo mal. En cuanto a las tasas de interés para los préstamos, aunque si bien es cierto que vemos algunas espectaculares (al 9% y 10%), lo cierto es que el promedio ponderado de todos los préstamos (y no solamente los hipotecarios) es de 19.5%, cerca del medio del 19% y 21% al cual habíamos apuntado seis meses atrás.

La tasa pasiva, es decir la que se paga por los depósitos a plazo fijo o certificados financieros, que a finales de diciembre de 2008 llegaba incluso hasta el 18%, ha promediado un 9.3% en el transcurso de los seis meses de 2009. Si, 9.3%. Bien cerca del 10% al cual apostamos.

Donde mayor divergencia hemos tenido entre la realidad y nuestra predicción es en torno a la tasa de interés para los depósitos en US$ captados localmente. Proyectábamos una reducción de la tasa en US$ del 2.8% al 2.0%, visto los excesos de liquidez mundial y la laxa política monetaria de los EE.UU.

Curiosamente la tasa se ha mantenido al 2.9%. Dato curioso este, pues en los EE.UU. para obtener ese mismo rendimiento, ¡habría que invertir en un certificado de depósito a cinco años!


«Nos proponemos mantener un superávit fiscal primario en el sector público no financiero de dos por ciento del PIB; promover un crecimiento permanente de las reservas internacionales hasta alcanzar el promedio de las economías de la región y contribuir con la necesaria recapitalización del Banco Central.»

Dr. Leonel Fernández Reyna – Presidente de la República Dominicana, en su discurso de toma de posesión en agosto 2008.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


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