La bruja del sur

La bruja del sur

Mis dos hijos saben, al igual que las otras tres personas que leen esta columna, que desde hace un tiempo recibo mi inspiración, no de doctos economistas, encíclicas financieras o aburridas cifras, sino de una misteriosa bruja que turba, de vez en cuando, mis sueños.

Hoy que «celebramos» el Día de las Brujas, y que para colmo nos arropa la oscuridad de la Luna Nueva, pensé que sería apropiado hablar sobre los diferentes tipos de brujas que circundan el mundo financiero.

En el Mago de Oz, por ejemplo, había cuatro: dos buenas y dos malas. Las buenas (Glinda del Sur y Locasta del Norte) fueron fuente de inspiración para Dorothy y sus acompañantes, protegiéndolos, orientándolos y haciéndoles saber que ellos solos podían buscar su camino de regreso a casa.

Lamentablemente para países como el nuestro, las brujas malas también existen. Una recientemente usurpó, desde Argentina, el noble título de Buena Bruja del Sur para conjurar sobre su tierra, y hasta la nuestra, un efectivo hechizo para alejar a los extranjeros de sus costas financieras.

No exagero. Luego de mi réplica al «Profesor» la semana pasada, en la que mostré que la percepción de riesgo asignada por los mercados al país aumentó de 5.5% a 11.7%, un lector me escribió un correo titulado: «Te quedaste corto.»

Resulta que entre la fecha que escribí y la fecha de publicación, Cristina Fernández de Kirchner, la Hillary de Argentina, profundamente preocupada por el bienestar de los trabajadores de su nación, sometió un proyecto para nacionalizar la administración de los fondos de pensiones. Ojo, la Fernández también tiene un pequeño problema para pagar su deuda pública (unos US$23 mil millones vencen los próximos dos años), pero eso no tiene absolutamente nada que ver con su decisión. Absolutamente nada.

Los mercados recibieron la noticia como pócima maldita. Para mal de males, nos salpicó a nosotros. Si en un mes, nuestro riesgo país se había duplicado, una semana después, luego del «paquetico» de doña Cristina, ¡se triplicó a 17.1%!

¿Qué tiene que ver nuestra isla con Argentina? Dejando a un lado lo de los apellidos y el creernos «maestros del universo», inmunes a la tormenta financiera del Norte, Standard & Poors y Fitch nos dan la mismita clasificación de riesgo («B»).

Ahora resulta, y ya esto se pone más extraño que la Ciudad Esmeralda del Mago de Oz, que el rendimiento exigido sobre los bonos en US$ es 20% (antes era un 6%), ¡superior al 18% que está dispuesto a pagar el Banco Central por sus certificados a largo plazo en RD$! ¿Será que se apreciará el peso?

Los números espantan. El horno, como diría mi hermano, no está para galletitas de Halloween. Pregunto: ¿No será buena idea pensar, algo más, lo que haremos frente a esta película de terror? ¿O será que nos seguimos durmiendo, confiados que terminará al levantarnos?


Para tomar en cuenta…

¿Qué hacer?

Concuerdo con Rafael Camilo, en que «no debemos augurar calamidades para la economía dominicana a destiempo, despertando pesimismo.»

Pero los datos que planteamos aquí la semana pasada, y que ahora puntualizamos son, para usar sus propias palabras, «elementos de juicio» y «peculiaridades de los factores externos que nos afectan».

El riesgo país no es algo teórico. Afecta el costo al cual el Gobierno, y el sector privado, pueden acceder a los mercados internacionales. Afectan la valoración de las empresas dominicanas, y sobre todo de las subsidiarias de compañías multinacionales, cuyos flujos de efectivo son descontados tomando en cuenta este factor.

Aunque el «equipo» se sienta que tiene todo bajo control, toma algo de humildad, y de prudencia, reconocer que esto escapa de sus manos. El impacto de la decisión Fernández-Kirchner sobre nuestros bonos soberanos lo dice todo, ¿o no?

Me pregunto: ¿de verdad no vamos a firmar un acuerdo standby (olvídense de aquel de monitoreo) con el FMI?

¿Ha hablado el Gobierno con los bancos corresponsales, y con los agentes del mercado, sobre las «bondades» que distinguen a nuestra economía blindada de la argentina? (Un lector me sugirió que invitáramos a todo el departamento de riesgos del Wells Fargo, ahora propietario del principal banco corresponsal del país, el pisoteado Wachovia Bank. La idea no es descabellada.)

¿Por qué no hacer algún tipo de «roadshow» por las diferentes plazas internacionales para transmitir allá la misma calma y tranquilidad que inspira la propaganda local? Ellos están más nerviosos que nosotros, los criollos de aquí.

Finalmente, ¿sabe el Gobierno cómo algunos proyectos de corte privado, con presencia en el mercado de deuda internacional, harán frente a sus compromisos? Una caída de ellos será una caída para todos.


«Mientras los otros países están interviniendo para rescatar sus bancos, Argentina debe proteger sus trabajadores y jubilados.»

Cristina Fernández, presidenta de la República Argentina.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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