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La decisión de Héctor

La decisión de Héctor

«No, no puede elegir… ¡por favor no me hagan elegir!» Estas desgarradoras palabras, inmortalizadas por Meryl Streep en su personificación de la polaca que nunca logró perdonarse en la «Decisión de Sophie» me hacen recordar la lectura de las dos rameras frente al Rey Salomón. También nos ayudan a entender la coyuntura que Héctor Valdez Albizu y su «staff» (me encanta el anglicismo tan utilizado por ellos) enfrentan en la actualidad. Antes de recordar la decisión de las rameras, hablemos sobre la de Héctor.

Así como el Banco Central (BC) fue quien más engrasó el boom económico que muchos vivieron entre 2005-2007, ha sido él mismo el responsable de frenar buena parte de la actividad al final del 2008. Haber logrado que las tasas de interés activas caigan a su nivel más bajo en los últimos 30 años fue, sin duda, el principal motor detrás del crecimiento del consumo y el crédito hipotecario que nos permitió vivir como Alicia en el País de las Maravillas.

Lo que va, claro, también viene. Parece ser que se nos fueron los frenos, particularmente al gobierno reeleccionista en el primer semestre del 2008, por lo que fue necesario recurrir al freno de emergencia. En menos de doce meses, los amigos del BC lograron algo monetariamente insólito: aumentar las tasas de interés en más de un 115%.

En las últimas semanas, las preguntas en la mente de todos son las mismas: ¿Hasta cuándo permanecerá tan alto el costo del dinero? ¿Seguirá subiendo? ¿Podré pagar mi préstamo? Dejando a un lado la realidad de nuestros bolsillos, el tema viene a colación por las recientes medidas adoptadas por el BC que apuntarían a una reducción en el corto plazo, hasta el momento ilusorio.

Pienso que para responder las preguntas, primero se debe recordar cómo llegamos donde ahora estamos. Las recientes medidas del BC, tímidas a todas luces y contraproducentes según algunos anónimos analistas, buscan desenroscar toda una serie de decisiones que lograron, sin lugar a dudas, mantener la famosa estabilidad macroeconómica a expensas, eso sí, del crédito al sector privado y la actividad económica de todos, menos del gobierno.

La crónica detrás del aumento de las tasas de interés, que reproducimos en la segunda gráfica, es como una cátedra resumida de política monetaria magistralmente aplatanada. Aunque las decisiones más explícitas se tomaron a partir de febrero de 2008, ya en septiembre del año anterior («a» en la gráfica) comenzaron a gestarse, cuando se les permitió a las AFP invertir parte de los fondos que administran en el BC, cortando así una fuente de liquidez antes exclusiva a los bancos.

A partir del 2008, el BC se puso las pilas. Cual si fuera un banco múltiple más, activó una estrategia casi comercial en búsqueda de recoger la mayor cantidad de dinero de nuestra economía. En febrero («b») levantaron el límite de RD$10 millones para sus inversionistas individuales. Introdujeron también un nuevo «producto»: certificados del BC a 3 años, con una jugosa tasa del 15%, ¡80% más que la máxima tasa ofertada por la banca en esos momentos! En marzo y abril («c»), modificaron el interés que ofertaban para sus depósitos de más corto plazo a tal punto que pagaban 50% más que bancos. También en abril («d»), le abrieron su ventanilla «directa» a empresas no financieras, desviando otra fuente de fondos para la banca.

La mayor «belleza» fue su decisión de junio («e») cuando le cambiaron las reglas a la banca de la composición de su encaje legal, retirándole cualquier cantidad de dinero de sus bóvedas sin costo alguno para las autoridades. En agosto («f») otra joya: cambiaron la forma de calcular el encaje (de semanal a diario) apretando aún más el torniquete monetario.

Todavía sin sentirse plenamente satisfechos, el «staff» bancentraliano re-introdujo la redención anticipada para algunos de sus productos de captación en septiembre («g») y aumentó la tasa máxima para sus depósitos a largo plazo a un 18%.

Los resultados, dolorosos para todos, aunque menos que para los ahorrantes e inversionistas, son conocidos. La liquidez global, que antes crecía de la mano (o más) que la actividad económica en términos nominales, apenas aumentó 7%, una tercera parte del 20% registrado por el producto interno bruto. Las tasas de interés se acomodaron en las nubes y los préstamos nuevos al sector privado desaparecieron.

Escrita, en pinceladas pues aunque usted no lo crea me faltan algunas joyas, esta breve crónica del Gran Enroscamiento Monetario del 2008, vuelvo a la decisión de Héctor, las dos madres rameras y Sophie.

El Banco Central, como la madre verdadera que optó por perder a su hijo antes de verlo sacrificado por Salomón, decidió, correcta y prudentemente a mi juicio, perder los jugosos crecimientos de la economía que tanto les gusta estimar para mantener viva la esperanza de la estabilidad de precios.

Ahora bien, a diferencia de la Sophie de Meryl Streep, ojalá que Héctor luego no se arrepienta. No de las decisiones del año pasado sino de las que, tímidamente, luce que tomará este 2009. Toca desenroscar el torniquete que a muchos ya nos aprieta más allá de lo que podemos aguantar. Por favor.


La cifra

436 millones de dólares fue el total de reservas internacionales netas que el Banco Central «quemó» en el transcurso del primer semestre del 2008 para mantener la estabilidad relativa de la tasa de cambio durante aquellos meses electorales. Esto conllevó que la contraparte en RD$ (más de RD$15 mil millones) fuera desmonetizada o retirada de nuestra economía, otro elemento decisivo en el aumento de la tasa de interés que se registró precisamente durante ese periodo. Tranquilos: al cierre de 2008 las reservas se recuperaron, aumentando US$190 millones.


 «Los directores saludaron el hecho de que el sistema bancario esté bien capitalizado, goce de liquidez y sea rentable, y de que las pruebas de estrés demuestren que puede resistir shocks moderados.»

Primera revisión del acuerdo de seguimiento del FMI (13 de enero de 2009).

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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