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¿Estaremos locos?

¿Estaremos locos?

Pongámonos en los pies de un padre o, mejor, una madre de familia. Cualquiera. El jefe de familia maneja un presupuesto, cada vez más ajustado. De alguna forma toca estirarlo para que rinda, ya que no son pocos los compromisos asumidos.

Está, sobre todas las cosas, la comida del hogar. La educación de los niños. El alquiler o la hipoteca de la casa. Los gastos para transportarse al trabajo. Una pequeña nómina para ayuda doméstica. Algo para el mantenimiento o la seguridad de la vivienda. No faltará alguna asignación para «botar el golpe».

En muchos casos, buena parte del presupuesto familiar se destina al pago de una tarjeta de crédito u otro financiamiento, pues los chelitos de la quincena frecuentemente no rinden. El pago de la tarjeta, o del préstamo que sea, fácilmente llegó a ser hasta el 25% o 30% de lo que entra al hogar, sino más.

La jefa de familia se siente que están «trabajando para el banco», ¿verdad? A pesar de que no estamos en recesión, eso de una «baja en el ritmo de crecimiento económico» se siente como si fuera una depresión. El dinero no rinde y toca recortar. Viene la pregunta: ¿Y por qué no dejamos de pagar la tarjeta de crédito o el préstamo?

Aunque cada quien lleva sus asuntos financieros como mejor piense, este escribidor, por lo menos entiende que dejar de pagar una deuda, nunca (pero nunca) es buena idea. Aparte de lo desagradables que son los abogados cobradores, el que incumple no contará con el medio de pago o financiamiento con el que solventó su insolvencia.

Ya lo dijo Benjamín Franklin: «El crédito es dinero. No lo olviden». Existen, obviamente, condiciones extremas donde ya ni siquiera el buen crédito se puede mantener. Llegar a la decisión de perderlo, eso sí, mínimo debe ser sopesado tan cuidadosamente como los padres que, con un divorcio, destruyen familias.

Para fortuna de todos nosotros en la República Dominicana, cuya economía (como cualquier otra) depende de la estabilidad y la solvencia de su sistema financiero, la gran mayoría de los dominicanos somos buena paga. Estadísticamente, de cada 100 deudores, menos de 3 son morosos. Eso dicen los números.

Quienes mejor saben esto son, precisamente, los más pobres, que recurren al micro crédito como su única fuente de capital y lo cuidan, no por estar amarrados con muchos contratos o garantías, sino con el orgullo y la dignidad del hombre, o la mujer, que empeña su mayor activo: la palabra.

Nuestros políticos, o por lo menos algunos de ellos, aparentemente no lo ven así. Cual si fueran Alan García de los ochenta o los simpáticos Correa, Chávez o Fernández de Kirchner, flotan la idea (cual si fuera una «bola») de declarar una moratoria al pago de la deuda soberana y postergar eso para «después».

Tal es la opinión del distinguido economista Arturo Martínez Moya, a quien escuché en mi programa de radio favorito,  apoyar la idea de una «moratoria» a la deuda soberana.

La lógica es absurdamente interesante. Va algo así: cual si fuéramos un contribuyente más de los Estados Unidos, de esos que han incumplido con sus hipotecas basura, dando lugar a los préstamos «tóxicos», nuestra propia deuda soberana (la contratada por este gobierno y todos los pasados) también debería ser considerada tóxica.

Con ese nuevo adjetivo, y una vez declarado nuestra moratoria, tendremos que hablar con los yanquis y los organismos internacionales (que es lo mismo), para que ellos, «con buena voluntad», nos den un buen descuento en el pago de la deuda.

Así de sencillo. Logrado esto, encontraremos un alivio para nuestro presupuesto de nación para redireccionar una mayor parte de esos recursos a cubrir necesidades sociales.

Comparto con don Arturo la injusticia de la situación actual. A octubre de 2008, el gobierno destinó más a la deuda externa de lo que asignó a educación, cultura, deportes, salud, la Procuraduría, el aparato judicial, la diplomacia, el medio ambiente, los jóvenes y mujeres. Juntos.

Ojo. Tan alta carga de deuda, aunque injusta, es una realidad nuestra. No de los yanquis. Aunque sea una consecuencia de decisiones que todos los gobiernos contrataron en nombre nuestro.

Ahora resulta que, además de tener gobiernos despilfarradores, los tendremos mala paga. Precisamente en estos momentos, cuando más que nunca tenemos que solventar cualquier cantidad de «déficits» (hasta 25% del presupuesto de 2009) con el muy escaso crédito externo.

¡Qué bonito! Tremenda idea. Excelente ejemplo para nosotros los deudores. Dejar de pagar disfrazados de tóxicos. Hagámoslo, a ver cómo nos va. Seguro que tan bien como a Alan, Hugo, Cristina y Rafael. Sin petróleo, claro. ¿Estaremos locos? ¿También?


Las tasas bajarán, pero cuidado con meterse en un lío

He sido el primero en apoyar las medidas asumidas por el Banco Central para flexibilizar la política monetaria en aras de reducir el costo del dinero en el país. Celebro la creatividad y celeridad con que las autoridades han actuado y comparto su extrañeza en lo lento que ha sido el proceso de reducción.

Apoyo estas medidas sobre todas las cosas para que se lleve cierto alivio a los hogares dominicanos que ya tienen compromisos de deuda asumidos. Hasta ahora han sido buena paga, pero me quedaba la duda de hasta cuándo.

Ahora bien, estos no son momentos para meterse en otro lío de préstamos, hasta nuevo aviso. Si lo estaba pensando, piénselo dos veces. Por favor.

Una aclaración necesaria

Aparentemente nuestras últimas dos entregas han generado cierta controversia que merecen aclaración. Primero: es cierto, el ciclón David fue en 1979, no en el 1978. Segundo: sí, el staff del Banco Central se estaba «arrascando» la cabeza por lo lento que bajaban las tasas de interés. Es lo mismo que «rascándose», según el diccionario de la Real Academia.

Lo dijo Ben Franklin: «El crédito es dinero. No lo olviden». Existen, obviamente, condiciones donde ya ni siquiera el buen crédito se puede mantener.


Pregunta final

¿Será verdad que el presidente Fernández comparte la idea de don Arturo? Qué raro, pues los amigos don Temo y don Vicente, ambos estaban de viaje, precisamente, contratando más deuda.


«Buena parte de la deuda de los países de América Latina se puede considerar como activos tóxicos… Nada más hay que hablar con los organismos internacionales y el gobierno EUA para hacer un descuento de esos activos.»

Dr. Arturo Martínez Moya, Presidente de la Comisión Económica del Partido Revolucionario Dominicano.

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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