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Un inicio decepcionante

Recuerdo de mi época de banquero que los primeros meses del año resultaban ser de los más importantes para los resultados del banco, y nuestras metas de presupuesto, pues un préstamo dado en enero nos generaría ingresos durante todo el año, a diferencia del que otorgáramos a finales del ejercicio fiscal.

Al mismo tiempo, siempre hubo un reconocimiento en el sector financiero, y pienso que se mantiene todavía, que el primer trimestre es algo “lento”, ya que tanto las empresas como los bancos están en sus procesos de cierres fiscales, auditorías externas, asambleas de accionistas, etcétera.

Aun así, en la opinión de Argentarium, el año 2006 comenzó más lento de lo normal, y debería llamar a la atención y acción de los banqueros y las autoridades monetarias y financieras.
Nuestra percepción se basa en evidencia anecdótica, y conversaciones con diferentes representantes de la industria bancaria. Un banquero, con responsabilidad primaria del área de riesgo de un banco múltiple, me comentó que su “pipeline”, o expedientes de aprobaciones de crédito en proceso, se han disminuido a menos de la mitad cuando se compara con el mismo período 2005.

Otros funcionarios bancarios, ya de las áreas comerciales, me comentan que simplemente no hay demanda para préstamos y que las transacciones más relevantes son meras renovaciones de facilidades existentes.
Esto resulta algo preocupante, sobre todo cuando recordamos que en el primer trimestre de 2005 fue cuando se observó una fuerte contracción en la cartera de crédito de la mayoría de los bancos, que algunos entendieron se debió a la entrada en vigencia de las nuevas normativas bancarias.

Sin embargo, al transcurrir de 2005, sobre todo en el último trimestre, a nivel consolidado se venía apreciando un impresionante crecimiento en los volúmenes de crédito y esto había sido base, en gran medida, para el optimismo que caracterizó a nuestro artículo “La bruja y yo: predicciones bancarias para 2006”.

El crecimiento no fue generalizado

Sin embargo, con la reciente publicación de los resultados del sector, a noviembre 2005, en el sitio web de la Superintendencia de Bancos (SIB) hemos podido comprobar que este crecimiento no fue generalizado y que el estatal Banco de Reservas (con una participación del sector financiero del 28%) por si solo justificó el 54% del aumento mostrado por la cartera en moneda local de la banca.

No podemos determinar si el crecimiento fue destinado a operaciones del sector público, pues todavía no tenemos la composición de la cartera por banco individual. Sin embargo parecería que no, pues, además del holgado superavit fiscal del gobierno central, de manera consolidada (de acuerdo a la SIB) durante los primeros 11 meses de 2005, esta cartera apenas aumentó unos RD$809 millones, cuando el total mostró un aumento en exceso de los RD$20 mil millones.

La única señal concreta de una mejoría en los resultados del sector bancario para el inicio de 2006 también proviene del Banco de Reservas que, de acuerdo a recientes declaraciones dadas por su administrador general, Daniel Toribio Marmolejos, aumentó sus resultados netos en un 84% al comparar los períodos enero 2006 con enero 2005.

Aunque es indudable el dinamismo y crecimiento de nuestro banco comercial líder (colocado en el Ranking Top 20 de BetaMetrix entre los más rentables y eficientes de todo el sector a octubre 2005) lo cierto es que los resultados de enero 2005 de esa entidad fueron afectados por un alto nivel de provisiones contabilizado en el transcurso de ese mes y que, de hecho, los resultados de enero 2006 (unos RD$146.8 millones) son 50% menores a los obtenidos mensualmente, en promedio, durante el primer semestre de 2005 (aproximadamente RD$292.8 millones).

Otro punto de preocupación en torno a la rentabilidad de la banca al inicio de este año es la volatilidad cambiaria (y sobre todo la dirección de los cambios) que ha caracterizado nuestro mercado en las últimas semanas. Es casi una realidad estructural de los bancos dominicanos que estos tienden a mantener mayores activos en moneda extranjera que su contraparte en el pasivo (es decir, una posición larga en moneda extranjera). La fuerte apreciación del peso dominicano durante los primeros meses de 2006 seguramente que ha tenido un efecto negativo –así sea temporal– sobre los ingresos de la banca, en marcado contraste a los beneficios cambiarios excepcionalmente favorables obtenidos por la volatilidad (en dirección opuesta) comprobada al cierre de 2005.

El sector financiero ha reaccionado tanto a esta difícil coyuntura, como a una política monetaria mucho más restrictiva que la del último trimestre del año pasado, con un aumento paulatino pero evidente en las tasas de interés para las operaciones activas de su balance general.

Es obvio que estas mayores tasas activas, combinadas con el muy bajo nivel de inflación que disfruta nuestra economía, resulta en tasas de intereses reales que hacen del crédito bancario una opción de financiamiento para el sector real dominicano todavía más costoso y, por ende, menos atractivo y viable. No podemos subestimar el efecto que esto tiene sobre la demanda agregada del crédito y la actividad económica de la República Dominicana.

Franco Ucelli, analista de Bear Stearns, resalta en su último informe que, luego de haber crecido 17.6% durante todo 2005, la base monetaria de la República Dominicana se ha contraído en 6.4% durante las primeras siete semanas del año en curso.

Evidentemente que la política monetaria, correctamente cautelosa en un período tan cercano a las elecciones legislativas y municipales de mayo 2006, juega un rol determinante en la menor actividad que nuestras apreciaciones anecdóticas han podido percibir.

Pero nos preguntamos si existen otros factores incidiendo sobre el quehacer de la banca y la economía dominicana (¿el REA? ¿la reforma fiscal? ¿la activación del CAFTA? ¿el índice de confianza empresarial/consumidor?).

¿Lleva la bruja la delantera?

La realidad es, como en varias ocasiones han resaltado nuestras autoridades financieras, que según marcha la banca, marcha la economía dominicana, y de ahí la importancia de la solvencia y estabilidad de nuestro sector financiero, que no deja de ser una especie de tejido sanguíneo a través del cual fluyen los recursos de la actividad nacional.

Aunque esta entrega de Argentarium es algo menos optimista que las anteriores, nos mantenemos confiados en que en el transcurrir de 2006, nuestros banqueros logren ser facilitadores (sino impulsores) de una mayor actividad comercial, y contribuyentes a la meta nacional enfocada a la generación de las oportunidades de empleo de nuestra población.

Marzo es el mes de importantes eventos de carácter societario y corporativo, como son las asambleas generales de nuestras principales entidades financieras, y la publicación de los estados financieros auditados del ejercicio que culminó en 2005.

Argentarium apuesta a que las nuevas políticas y cambios, de carácter estratégico y organizacional, que se anunciarán durante las próximas semanas, lograrán revitalizar y dinamizar a una buena parte del sector bancario dominicano que ha mantenido, durante estas primeras diez semanas, un perfil sumamente bajo y que, confiamos, ha sido en preparación de nuevas iniciativas y un renovado empuje comercial. De lo contrario, me temo que, en lo que se refiere a la mayor actividad y rentabilidad del sector que predijimos para 2006, la Bruja le está llevando la delantera a Argentarium.


«Un banquero, con responsabilidad primaria del área de riesgo de un banco múltiple, me comentó que su “pipeline”, o expedientes de aprobaciones de crédito en proceso, se han disminuido a menos de la mitad cuando se compara con el mismo periodo del 2005.»

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


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