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Nadie es profeta en su tierra

Nadie es profeta en su tierra

Sammy Sosa, Juan Luis Guerra, Oscar de la Renta, Michael Camilo, Pedro Mir, Juan Marichal, así podríamos seguir con una larga lista de dominicanos, de los ámbitos creativo y deportivo, que demuestran la calidad mundial del fruto de nuestras dos terceras partes de isla. Aunque pocos lo saben, por su bajo perfil, en nuestras finanzas también tenemos instituciones que son modelos y verdaderos precursores de “mejores prácticas internacionales”, imitadas en los barrios de Egipto, los campos de África, las montañas de Colombia y hasta lo más recóndito de Vietnam.

Apenas cinco años después de que el profesor Yunus, de Bangladesh, iniciara su ahora famoso (y galardonado con el Premio Nobel de la Paz) Grameen Bank, o el “Banco de los Pobres”, en República Dominicana, paralelamente, se daban los primeros pasos en la formación de la industria del microcrédito, dedicada a otorgar préstamos a aquellos cuya única otra alternativa era el “módico 20%” (¡semanal!). En 1982, la Fundación Dominicana de Desarrollo (FDD), con el apoyo de agencias internacionales, fue la incubadora donde se dieron los primeros pasos para proyectos tan exitosos como el Banco ADEMI (los “que te dan la mano”) y el Banco ADOPEM (o el “Banco de la Mujer”).

No, No exagero. En el 2005 tuve la oportunidad de asistir a un seminario internacional sobre microfinanzas en la Uni- versidad de Harvard. Sentada a mi lado estaba una funcionaria de la ABA (la Asociación de Pequeñas Empresas de Alejandría, Egipto). Pensé que al estar nuestros países tan distantes, tendría que sacar el mapa para explicar cuál era mi tierra. La sorpresa fue grande cuando la señora me dijo: “¿República Dominicana? Claro, allá está ADEMI. Cuando nosotros iniciamos nuestro proyecto en Egipto (1988), el equipo fundador estuvo varias semanas en Santo Domingo aprendiendo sobre microcrédito con el señor Camilo Lluberes.”

A medida que se desarrollaba el seminario de dos semanas, y que revisaba la amplia literatura que estaba a nuestra disposición, aparecieron más nombres de dominicanos como Mercedes deCanalda, de ADOPEM (citada en no sé cuantos artículos), o
de Yolanda Valdés de Delmonte (quien por varios años fue instructora del mismo seminario) o de Mario Dávalos de FondoMicro y Jeffrey Poyo, cuyos textos se mantenían vigentes a través de los años como referencias incuestionables. Y, como muestra la cifra de la semana, los logros del sector, agrupados bajo la REDOMIF, no se quedan en los libros de texto.

PROMIPYME Y populismo

Para los políticos, y aun más en una economía tan informal como la nuestra, las micro, pequeñas y medianas empresas representan una población sumamente atractiva para “servir.” Desde hace unos años viene desarrollándose el proyecto de PROMIPYME y en las recientes contiendas para las candidaturas electorales la incorporación del “Banco de los Pobres” fue un punto de campaña.

No sorprende, entonces, que recientemente nuestras cámaras legislativas estén conociendo un denominado “Proyecto de Ley de Fomento MIPYME” que formalizará un Consejo Nacional que, entre otros aspectos, empezaría canalizando más de RD$1,000 millones del presupuesto nacional a este sector. Nuestro coloso bancario favorito, el también estatal Banreservas, tendría una ventana directa (o de primer piso), que canalizaría el 90% de los recursos bajo el programa, y dejaría solamente el 10% restante (claro, bajo un esquema de tasas controladas) a las entidades microcrediticias existentes.

Con más de 25 años de historia, las microfinanzas son ya un negocio maduro, y aún más ennuestro país. Las experiencias, y todos los estudios habidos y por haber demuestran, según señalara el Banco Mundial (uno de los principales promotores de esta herramienta para el desarrollo), que el “rol del sector público es como un facilitador, no un proveedor directo de servicios financieros.” Pero, ¿para qué recurrir al Banco Mundial? Cualquiera pensaría que bastaría recordar las tristes lecciones del Banco Agrícola.

La Ley de Fomento MIPYME, en muchos de sus otros aspectos, realmente es una herramienta que, además de noble y necesaria, facilitará el desarrollo y la consolidación de nuestro sector informal. Pero, y esto lo pueden apuntar, cuando se trata de dar préstamos directos, a tasas subsidiadas, con fondos provenientes del Presupuesto Nacional, que evidentemente distorsionarán un mercado ya servido por la sociedad civil y el sector privado, el daño será mayor para la población a la que se trata de servir. Si lo que se quiere es dar “sobrecitos” y “canastas”, que los den, pero que no les llamen préstamos MIPYMEs que nunca se pagarán y que mancharán la reputación del Sammy Sosa de las finanzas.

POSTDATA. ¿Se incorporaron algunas de las observaciones realizadas por la REDOMIF al proyecto de ley? No. ¿Estará ese sector, con sus 25 años de experiencia a nivel local y mundial, representado en el Consejo Nacional PROMIPYME? No. Las escrituras son sabias: “Nadie es profeta en su tierra.” Sin embargo, halaga saber que por lo menos en Harvard (allá en Cambridge) o en Alejandría (en Egipto), sí se les escucha.


La REDOMIF

140,000 Pequeños empresarios

son los clientes servidos por la Red Dominicana de Microfinanzas (REDOMIF), que agrupa a 18 entidades, reguladas y no-reguladas, con y sin fines de lucro, que han acumulada una cartera de RD$5,300 millones en créditos de RD$5 mil en adelante.


“Esto no es caridad. Esto es un negocio: un negocio con un objetivo social, que es ayudar a la gente a salir de la pobreza.»

Doctor Mohammed Yunus, Premio Nobel de la Paz (2007) y fundador del Grameen Bank

 

 

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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