IMPORTANTE: Conoce las medidas tomadas por las entidades bancarias por COVID-19

La bruja y yo: surrealismo financiero

La bruja y yo: surrealismo financiero

Nuestro segundo encuentro se produjo bajo una luna llena en la Zona Colonial. Al principio no sabíamos cómo saludarnos, pero al final dí el primer paso y le extendí la mano. “Te leí”, me dijo, algo ruborizada. Luego nos sentamos. Hablamos. Tanto que hasta nos pusimos de acuerdo, en esta ocasión, a diferencia de la anterior, sobre nuestras perspectivas del futuro.

Hace dos años, para esta misma época, escribimos “La bruja y yo: Predicciones bancarias para el 2006”. Aquel artículo fue una réplica a las predicciones, un tanto oscuras, que una astróloga hizo sobre el devenir del sector financiero. Aprovechando el aniversario de Clave, y el inicio de 2008, nos alistamos a responder la pregunta: “¿Qué podemos esperar de los próximos doce meses?”

Esperemos lo peor

“Lo único seguro de sus proyecciones es que estarán equivocadas”. Esas fueron las palabras finales de mi profesor de finanzas corporativas, luego de habernos pasado meses aprendiendo técnicas de modelación y proyecciones financieras.

Si a lo anterior le agregamos el matiz político que domina la gran mayoría de la opinión pública en estos meses, aun (o, quizás, sobre todo) en temas económicos y financieros, el nivel de riesgo se eleva más. Para parafrasear a uno de los actuales “candidatos”, no quisiera que mi operación (u opinión) sea exitosa a costa de perder el paciente (o la economía).

Lo cierto es que son más de una las “paradojas” que no me huelen bien. Eso sí, algunos, mucho más conocedores que su escribidor, y hasta con acentos extranjeros, hablan de “milagros” y “sorpresas:”.

Yo, en cambio, lo que veo son desequilibrios, excesos y sin sentidos. La lista es larga. Que la sucursal de Citibank en la Quinta Avenida pague más por un depósito en US$ que su sucursal en la Winston Churchill. Que la inflación sea superior a la tasa de interés, pero que el ahorro en moneda local se siga acumulando. Que una empresa criolla, por más sólida que sea, pueda emitir deuda (en moneda local) a menor costo que en los Estados Unidos (en moneda dura).

Que los márgenes financieros de la banca aumenten vertiginosamente, casi tan aceleradamente como cae a su piso histórico el precio de sus productos. Que el aumento de la nómina bancaria supere la inflación de 8.88% (me encanta la precisión de dos dígitos) en 255%. Que la cartera hipotecaria aumente, por tercer año consecutivo, más de 100%, pero que el renglón construcción llegue a contraerse.

Sigo. Que la tasa de cambio, supuestamente determinada por las fuerzas del mercado, se mantenga dentro de una banda tan estrecha que hasta mágica parece solamente de pensar en los vaivenes del precio del petróleo. Que la inflación proyectada para el 2008 (6% sin las decimales), año de excesos electorales, crisis financiera global y costos energéticos y alimenticios por las nubes, apenas sea un par de puntos superior a las del coloso del Norte (4.1%, con decimal).

Que el Banco Central se convierta en el líder de un producto bancario (los certificados de depósitos), amenazando con monopolizar ese mercado. Que existan inversionistas dispuestos a colocar recursos, algunos del extranjero, a siete años, sin redención anticipada, a una tasa de interés de 17%. Que esa subasta, un verdadero éxito de ingeniería financiera, haya sido sobresuscrita un 300%.

Hay más. Ya termino. ¿Cómo es que inversionistas institucionales extranjeros (los mismos que asumirán pérdidas de casi US$400 mil millones en títulos hipotecarios), inviertan más de mil millones de dolares en nuestro entrañable Banco Central, que apenas ahora es cuando recibe los recursos necesarios para solventarse del Gobierno Central?

Todos los mercados extranjeros se derriten, pero nuestros bonos soberanos (¿cuántos dominicanos invierten en ellos?) parecen A y la tasa de cambio sigue “igualita”.

Lo de la “Tierra del Sol” rebosó el vaso. La vergüenza no fue lo que se dijo (y no se dijo). La vergüenza no fue el silencio, hasta el último minuto, de los portavoces del FMI y de Bear Stern. La vergüenza es que mi país, mi secretario de Estado “sin cartera” (cuyo sueldo pagan nuestras carteras), se sentó en la mesa con unos modernos piratas del Caribe, usureros por demás, a firmar pagarés inexistentes. El colmo, es que los genios de Londres y Nueva York invirtieron en lo que no existió.

Entonces, ¿Qué esperamos?

Un ajuste. En eso estuvimos de acuerdo La Bruja y yo. Hasta Alicia se despertó de su sueño en el Mundo de las Maravillas. Eso me lo contó La Bruja. Ella estaba ahí. Ojalá equivocarnos. Ojalá.


¿Qué hacer?

Es posible que nuestro “ajuste”, que se materializaría a partir del segun- do semestre de 2008, sea quien fuere el ganador de las elecciones, resulte una ilusión.

Pero nuestro mensaje es el mismo: “El riesgo existe”. Los dominicanos no seríamos los primeros en pensar que la bonanza y estabilidad de los últimos años se mantendrán de manera indefinida, mientras continúen nuestros eficaces Cid Campeadores en el Palacio Nacional o en el Banco Central.

Si algún mensaje queremos transmitir, no es uno de pesimismo, sino de realismo. De que estemos conscientes de los riesgos que circundan nuestra isla y que, mucho más temprano que tarde, nos terminarán afectando de manera importante y generalizada. Ese realismo implica un sentido de contingencia, de lo que puede pasar y de las medidas,

que como personas, empresas o bancos, tendrían que tomarse si efectivamente ter-

mina sucediendo lo peor. Pregúntese: ¿Qué pasaría si las tasas de interés en mi préstamo sube? ¿Si mi pareja pierde el empleo? ¿Si el ingeniero no puede terminar la construcción? ¿Si la tasa del dólar sale de la banda, puedo hacer ese gasto o inversión? ¿Mis ahorros mantendrán su valor? Pienselo, y actúe.


La cifra

10 Mil millones de RD$

es nuestra proyección de la utilidad neta de toda la banca múltiple al cierre de 2008, 20% superior a los RD$8.2 mil millones de 2007. Si se sabe navegar en aguas turbulentas, y los banqueros criollos saben cómo, hasta dinero se hace.

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


Etiquetas:
Pronósticos

Volver Arriba