La lección de los huevos (y la canasta)

La lección de los huevos (y la canasta)

“Reparte tu porción (de pan) con siete, o aun con ocho, porque no sabes qué mal puede venir sobre la tierra. ”

Eclesiastés 11:2


Cuando los comerciantes de la antigua China transportaban su mercancía por mar, contrataban varias embarcaciones. Ninguna tenía la totalidad del cargamento, ni seguía la misma ruta marítima.

¿Por qué lo hacían? Los piratas podían capturar, o las tormentas hundir, uno o dos de los barcos, pero difícilmente podía dar al traste con toda la flotilla.

Siglos después, muchos deberíamos aplicar la misma prudencia en nuestras finanzas, sobre todo al ahorrar e invertir.

La importancia de diversificar, que como mostramos en la cita de arriba, igualmente tiene sus raíces bíblicas, es uno de los principios básicos y fundamentales de todo proceso de inversión.

El concepto es tan importante que diversas encuestas, tanto a nivel local como internacional, han tratado de cuantificar qué tan bien lo comprendemos.

La típica pregunta de la encuesta para medir cuánto comprendemos sobre la diversificación va más o menos así: ¿Es más seguro poner todo tu dinero (1) en una sola inversión o negocio o (2) en múltiples inversiones y negocios?

En general, la respuesta recomendada sería (2), es decir, no poner todos los huevos en una sola canasta, porque si se cae con la totalidad de tus recursos, el inversor se quedaría con las manos vacías.

En el país, alrededor del 45% de la población respondió de forma acertada en la Encuesta General de Cultura Económica y Financiera del 2014. Sin embargo, 6 de 10 habrían apostado a una estrategia concentrada… y más riesgosa.

Relativo a la región, no estamos mal. El promedio de respuestas correctas en la más reciente encuesta de cultura financiera de Standard and Poor´s en América Latina es 36%, menos de la mitad del 69% en EE.UU. y 72% en Canadá.
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Lamentablemente, vemos también en la encuesta del Banco Central que quienes más claro tienen el principio de la diversificación son los más ricos, y no los que más lo necesitan: aquellos hogares con ingresos más volátiles o bajos.

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Ahora bien, una cosa es saber, otra es aplicar. Como país, ¿diversificamos adecuadamente el ahorro nacional?

En parte, sí. Por ejemplo, diversificamos para atender el riesgo cambiario: casi el 25% del ahorro familiar está en moneda dura (aunque en bancos locales).
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En otros sentidos, no lo suficiente. A nivel bancario, como vemos en la gráfica, aglutinamos casi todo el ahorro nacional en bancos que, ya más que colosos, son verdaderamente sistémicos.

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Naturalmente, eso tiene sus ventajas y desventajas, como lo tiene aglutinar el 75% de los fondos previsionales en títulos del Estado y el 100% dentro del país.

Garantizar la solvencia de estos grandes receptores del ahorro nacional, sobre todo los emisores de deuda pública, es fundamental para el bienestar nacional.

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De dólares, huevos y la canasta

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.




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