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El segundo acto

El segundo acto

A Mr. X y su familia

Se abre el telón. Primer acto. Se descubre otro fraude colosal. Nuevamente bancario, en un país donde las quiebras de algunos bancos ya se tragaron 20% de su economía. El país apenas iniciaba su proceso de recuperación, pero se encuentra con esta nueva sorpresa. No podíamos darnos el lujo de otra quiebra bancaria, había advertido el presidente un año antes. ¿Es una tragedia? Las perspectivas son tan oscuras, y de tanta ironía, que de comedia no hay nada. El «hoyo» de US$500 millones representaba 800% de todo el capital acumulado por el banco en sus 35 años. La tasa de cambio, ancla del nuevo régimen, disparada, resbala y pierde firmeza. El banco, moribundo, se apaga. ¿Otra vez lo mismo? ¿Otra vez? Baja el telón.

El silente intermedio

El caso del Banco Dominicano del Progreso es único no so- lamente en la historia financiera de la República Dominicana, sino del mundo. Barings, el orgullo de la corona inglesa, cayó por US$1,400 millones, menos de 200% de su capital. Los US$7,100 millones de la Societe Generale, histórico en todos los sentidos, no llegan al 20% de su capital.

¿Pero asumir, con capital, sudor y lágrimas, un proyecto cuyo patrimonio había sido tragado un múltiplo de ocho veces? Al cerrarse el telón entre el primero y segundo acto, eso fue lo que sucedió, en un gesto de responsabilidad social, más que corporativa, insólito.

No conocemos todavía los detalles de las pérdidas registradas en el Grupo Progreso, aunque una magnitud dada a conocer por el accionista capitalizador las acerca a los US$500 millones, monto que he podido confirmar por otras vías.

El problema para este análisis es que buena parte del «hoyo» se registró a nivel del grupo, cuya información financiera no es de dominio público. A nivel del banco, sin embargo, podemos identificar movimientos patrimoniales (entre pérdidas reconocidas y aportes frescos realizados), que se acercan a los RD$5,000 millones.

La última información financiera del banco «viejo» está fechada a noviembre de 2005, y refleja, como muestran las gráficas, debilidades evidentes, tanto por sus pérdidas operativas y netas, como por una deteriorada calidad de activos. Es obvio ahora que aquello era la punta de un iceberg sumergido, teoría que siempre se confirma.

Sube el telón suavemente 

Como el trabajo del productor detrás del escenario, lo sucedido durante ese periodo de transición (entre noviembre de 2005 y marzo de 2007) quizás nunca lo sabremos.

Sí conocemos sobre el caso judicial, el cual justamente por estar donde está (en los tribunales del país y del extranjero) no tengo por qué, y no deseo, tratar o dilucidar aquí.

Lo ocurrido en el segundo acto, a partir de marzo de 2007, sí está registrado en la página de la Superintendencia de Bancos. Analizarlo, como tratamos de hacer de manera resumida en las gráficas de al lado, transforma la tragedia en un drama cuyo final, a estas alturas, se perfila tan esperanzador, y positivo, como el sonido de un corazón con cada vez más vida.

Primer latido: duplicar el margen financiero neto, circulante esencial para el corazón de un banco. Segundo latido: lograr rentabilidad neta positiva en menos de 18 meses. Tercero: Reducir la cartera vencida a la mitad. Cuarto: Triplicar su colchón de cobertura para posibles pérdidas. Quinto: Mantener un banco tan líquido como cualquier otro. Sexto latido: ganar la confianza de los depositantes a la vista, como nunca lo había logrado antes. Los latidos ya fluyen naturalmente cuando el propio doctor (anterior policía), certifica su solvencia en 10.9%, superior a lo exigido.

¿La moraleja?

La banca no es un negocio para cualquiera. Pienso en los verdaderos banqueros (aquellos que ponen el capital), no en los bancarios, y estoy convencido de que lo de una «incuestionable solvencia, moral y económica» tiene que existir para que la banca perdure, sin importar la fortaleza de los policías ni la idoneidad de la regulación.

Lo demostrado por unas pocas familias dominicanas, en aquel momento cuando por poco caemos todos, no debe ser olvidado. La obra, eso sí, continúa. El tercer acto luce bien.


 

Capital humano reforzado

Aunque no todo se ha hecho público (todavía), el Banco del Progreso ha designado a dos experimentadas y destacadas citibanqueras al frente de sus áreas fiduciarias y comerciales. Reportan a un comité ejecutivo sin el «unilateralismo» de antes.


Un reto pendiente

El banco debe fortalecer su proyección institucional. Su Web está desfasada con secciones, sobre sus directores y ejecutivos, vacías. Ahora hay más información financiera, pero sin auditar. Más sabemos del juicio que del nuevo banco. Cambien eso.


10.9%

Es el índice de solvencia del Banco del Progreso, según la Superintendencia de Bancos, a diciembre 2007, luego de absorber más de RD$3 mil millones en pérdidas y capitalizar RD$1,500 millones en el banco… en el grupo habrán sido otros tantos.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


Etiquetas:
Quiebras bancarias

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