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Perder, para ganar

Perder, para ganar

A J.C., por lo que entregó.

No valoramos lo que tenemos hasta perderlo. Dentro de mi ignorancia bíblica y pobreza espiritual, pienso que ese es el mensaje más importante de todo lo que conmemoramos en una semana como ésta los católicos del país.

Confieso que no encuentro la inspiración para escribir sobre banca y finanzas en el medio de Semana Santa. Sí, está lo de la quiebra de Bear Stearns. La ironía de su adquisición por JPMorgan Chase, a todas luces con asistencia federal y a un precio que muchos tildan como irrisorio, no escapa la analogía de lo que sucedió en la República Dominicana hace unos años. Sí, está observar cómo la máxima expresión del capitalismo, el sistema financiero de los Estados Unidos, sus bancos, su moneda (el dólar nada más y menos) y sus regulaciones se derriten como la cera de una vela. Cuánta ironía.

No obstante, estoy confiado en que todo pasará y que los yanquis, con su capacidad e ingenio, lograrán superar la actual crisis, aunque empeore (mucho más) antes de que por fin logremos percibir una estabilidad y solución definitiva. Ahora bien, la pregunta es: ¿Qué reflexión nos regala la Semana Santa para los que nos preocupan los agentes económicos, bancarios o no, de la República Dominicana?

Las 30 monedas

Sobre todo tenemos que pensar, en estos momentos, en nuestro propio país y en nuestra realidad. Tenemos que tener claro de dón- de venimos, de lo que perdimos, particularmente el sistema financiero en cuanto a su credibilidad y solvencia, de los sacrificios realizados por toda la nación para resarcirla y de lo que ahora podemos disfrutar, aunque con un costo que nos acompañará por décadas. En el día de su cumpleaños número 60, recibí de R.A., un lector de esta columna, un obsequio. Fue un libro, “Los Negocios y la Biblia”, de Larry Burkett, copia del cual R.A. envío a 60 individuos como una forma de evangelizar y socializar un sabio y bondadoso mensaje sobre lo que los textos bíblicos tienen que aportarles a los consumidores, a los empresarios y a los financistas. Recomiendo a todos el texto, sobre todo por sus consideraciones sobre aspectos financieros que me parecieron particularmente pertinentes, en medio del “boom” del crédito personal en el que vivimos.

A primera vista, cualquiera pensaría que en la tradición judeo-cristiana el dinero no trae o representa nada bueno para los creyentes. Los usureros, perdón, los banqueros están, como en El Infierno de Dante, bastante cerca al infierno. Ya sabemos lo que les pasó a los cambistas, o mercaderes, que transaban en el Templo. “Al César lo que es del César”, y por el dinero Jesús no se preocupó mucho. Más dramáticamente, este Domingo de Ramos recordamos lo que por 30 monedas se traicionó y entregó, y el dolor, la pasión y las muertes que esas monedas de plata engendraron.

La otra parábola

Sin embargo, en más de una ocasión Jesús utilizó el dinero y las cosas de valor en sus parábolas, para simbolizar algo mucho más profundo y fundamental. La parábola de los talentos (las monedas de aquel entonces) fue una de sus expresiones más bellas, donde nos llama no solamente a preservar los valores y los dones que recibimos, sino también a reproducirlos. De lo contrario, Él mismo lo dijo, mejor entregárselo a los banqueros para que produzcan algún interés.

La luz de la vela (algo igualmente valioso en aquella época) tampoco se esconde debajo de la cama, sino que se sitúa donde más ilumine. Más que contar y contentarse con todas las ovejas (otro valor económico), el pastor buscó y recuperó la que se perdió, preocupándose por los “cheles” como si los billetes grandes se cuidarían por sí solos.

El mensaje fundamental, no obstante, provino del propio sacrificio de Jesús en la cruz. Como para revertir toda la historia de la humanidad, marcando un antes y un después, JC entregó su vida en el Gólgota. Y resucitó, o por lo menos eso pensamos los creyentes. El punto es que fue solamente después de ese sacrificio, y de ese resurgir, que muchos, cual si fuéramos Pedro que lo negó tres veces, creyeron y confiaron en el mensaje cristiano.

La economía dominicana ya pasó su calvario durante el 2003-2004. A juzgar por lo que criollos y extranjeros dicen, el nuestro ha sido un episodio “milagroso” o una “resurrección” de un paciente que para todos los fines había tocado fondo. Puede ser que sea cierto, y que mis ironías en cuanto a que vivimos en Alicia en el País de las Maravillas sean muestras de mi poca fe y credulidad.

Ojalá que sí, pero sea como fuere, en medio de la tormenta que nos azota, por todos los lados, es importante no quedarnos dormidos en el viñedo de la autosatisfacción y de las “misiones cumplidas”, y que todos, autoridades, banqueros y consumidores, seamos proactivos y previsores, sin dejarnos nublar por las tinieblas del exterior o la arrogancia de los que hacen políticas o de los que escribimos sobre ellas.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


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