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¿Dónde está el dinero?

¿Dónde está el dinero?

La liquidez es para los banqueros como la cocaína para el adicto. Ese poco de sapiencia financiera la compartió conmigo un veterano de la supervisión bancaria. Con un mayor nivel de liquidez, el banquero pierde la disciplina que le brinda el mercado, pues se siente boyante y con un sentimiento de “todas las posibilidades” cuando los recursos líquidos sobran. “¿Para qué estamos, si no para prestar? Si los fondos llegan, a cada vez menor precio, ¡sigamos prestando!”

El problema, por supuesto, es cuando los depósitos dejan de llegar, o se los piden de vuelta, y el banquero, atónito, cual si fuera adicto en recuperación, exclama: «¿Dónde está el dinero?» Si prefiere otra analogía, piense en el famoso ratón del libro cuando se preguntó: “¿Quién se ha robado mi queso?”

Esos sentimientos, de sorpresa, incredulidad o confusión (y a veces de molestia), están latentes en muchos equipos directivos de la banca dominicana. Pasada la crisis de 2003, y dados los altísimos niveles de liquidez creados a raíz del salvataje bancario de entonces, lo cierto es que nuestra banca se ha caracterizado por niveles de sobrantes financieros poco comunes en su historia. Aquello cambió. El reto ahora es manejarse en el nuevo contexto, local e internacional.

¿A qué viene la pregunta?

No cabe la menor duda: la razón por la cual las tasas de interés han aumentado (como muestra la gráfica) es porque la banca cuenta ahora con menos disponibilidades que antes.

Lo anterior no quiere decir que la banca está ilíquida o desencajada. Simplemente cuenta con menos liquidez que antes, y se resiente aun más cuando mantiene parte de esos fondos en inversiones a plazo fijo en el Banco Central, a las que solamente puede acceder asumiendo un costo financiero.

Me resulta simpático que todavía algunos nieguen lo evidente: por casi dos años, la tasa pasiva preferencial (o la pagada a los grandes depositantes) promedió 8.5%. De mayo a la fecha, esa misma tasa aumentó 40% a 12.0%. Incluso, el mercado ya está manejando tasas de interés superiores a este nuevo pico.

Aunque esto es buena noticia para los depositantes, es igual de fuerte el impacto sobre los deudores de la banca, que se metieron en “líos” por debajo del 10.0% y se acostumbraron a un largo período de tasas estables y a la baja. El ciclo, como todo ciclo, llegó a su fin: ahora enfrentan aumentos de cientos de puntos básicos y una tasa activa preferencial que supera el 16.0%, como mínimo.

Ahora bien, ¿Por qué la sorpresa?

No logro entender por qué esta nueva coyuntura sorprende. Guerra avisada no mata soldado, y para todos es sabido que el Banco Central, desde que se presentó la última “carta de intención” (¡En diciembre de 2007!), prometía utilizar las herramientas de política monetaria necesarias para asegurar la estabilidad de precios.

De todos es sabido que las tasas de interés del pasado reciente eran insostenibles, salvo que se pensara que los ahorrantes aceptarían un rendimiento por debajo de la inflación indefinidamente. ¿Se dudó de que el gobierno despilfarraría fondos en política y que ese desequilibrio alguien tendría que neutralizarlo? ¿Quién no sabía que con la posibilidad de invertir directamente en el Banco Central, las AFPs trasladarían parte de sus fondos fuera de la banca?

Ojo: No me queda la menor duda de que, frente al shock externo que enfrenta el país al Banco Central todavía le quedan cualquier cantidad de “herramientas” para apretar la liquidez y asegurar la estabilidad de la tasa de cambio.

Nada de lo anterior es nuevo, aunque restan dos temas fundamentales que vale la pena poner sobre la mesa y que deberían llevar a todos a una reflexión sobre el futuro inmediato de la economía.

A marzo de 2008, la banca había aumentado su cartera hipotecaria en 115% y la de consumo en 30%. Las últimas innovaciones de la banca son un centro especial, abierto hasta los sábados, para obtener un préstamo de consumo, con una oferta interesante para financiar vacaciones. Sí, vacaciones. ¿Pero será verdad que todavía la banca pretende seguir prestando como si no pasara nada?

Mi duda final, que nos afectará a todos. ¿Hasta dónde, y hasta cuándo, podrán sostener el BC y la economía, una política monetaria que, por ser cada vez más estricta, será cada vez más costosa? Ese vicio, ancla de la estabilidad económica actual, es dificil de dejar. Cuesta, y mucho. ¿Dónde estará ese dinero?


LA CIFRA

345

millones de dólares es el endeudamiento de la banca con el extranjero a junio de 2008 según el Banco Central, todavía muy por debajo de su pico histórico pero igual a un aumento de 73% en solos seis meses.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.


Etiquetas:
Política monetaria

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