Leyenda urbana en Nueva York chiquito

Leyenda urbana en Nueva York chiquito

A CAV, amigo, hermano y compañero.

Es cierto. Crucita Yin, la Cuernera, existe. Abandonó a su marido y a sus siete hijos. Que conste, eso sí, que lo de su muerte, a manos de un obrero constructor, es puro invento.

También es cierto, y lo aseguran muchos, que toca tener cuidado con la atractiva joven que pide «bola» para llegar a su casa tarde en la noche.

Ha sido divisada debajo del elevado de Las Américas y del puente de Villa Mella, en las cercanías de la rotonda de Boca Chica y hasta en los alrededores de la carretera rumbo a San Cristóbal.

Sin importar dónde la recogen, una cosa es segura: cuando llega a su casa, desaparece y en su hogar contarán de cómo fue que la niña murió años atrás.

El fenómeno de las leyendas urbanas, evidentemente, no es solamente algo criollo, ni tampoco es de ahora.

Recordemos, por ejemplo, la criogenización del cadáver de Walt Disney, que yace congelado esperando una curación futura que todavía no llega.

O las campañas publicitarias subliminales de Coca-Cola, que nos inducen a la bebida azucarada sin uno saberlo.

Si usted duda de algunas de las verdades anteriores, por lo menos aceptará las recurrentes apariciones de Elvis Presley, los Jims (Morrison y Hendrix), Diana de Gales o Michael Jackson.

Conceptualicemos

«Bolas», «cuentos de camino», «cuentos» o mitos. Si quiere, «hoax» en inglés. Así le dicen a las leyendas urbanas alrededor del mundo contemporáneo.

En definitiva, una «leyenda urbana» es una mentira repetida tantas veces que termina tomando, a todas luces, aires de verdad innegable. Una mentira.

La economía no está exenta de su buen número de leyendas, como nos recordara Héctor Valdez Albizu, ese «técnico seco», apolítico, «que habla en base a números y realidades» y gobernador del Banco Central con vocación mesiánica.

«Aquí hay colegas economistas que se paran en frente a un micrófono y hablan, y no tienen estadísticas que los sustentan», afirmó don «HVA».

Es falso eso de que «la estabilidad económica que experimenta el país en los últimos años» dependa del endeudamiento externo. Por eso el «Gober» lamenta que «analistas y economistas repiten como eco esas leyendas urbanas.»

Los dos Bernardos (Fuentes y Vega), Isidoro Santana, Carlos Asilis y la presidenta de la AIRD están entre algunos de los propagadores de esta leyenda urbana que es «carente de fundamento, denota poca profundidad y luce superficial».

Es «temerario» plantear que la capacidad de endeudamiento del país ya alcanzó su límite. ¡Temerario!

Que el subjefe de la otrora misión del Fondo Monetario Internacional para el país nos haya catalogado como uno de los países con peor nivel de tolerancia a la deuda pública a nivel mundial (justo entre Angola y Uganda) es… ¡temerario!

Yo, un simple escribidor, me limito a apoyar al «Gober» e igual regaño a esos vacuos repetidores de leyendas urbanas.

Cada quién con su propia leyenda

Ustedes comprenderán que, en este Nueva York chiquito, tengo mis propias leyendas metro-financieras para las que, imitando a don Héctor, tengo «estadísticas», «números» y «realidades».

Por ejemplo: en agosto del año pasado denuncié que en el país se relanzó la «Operación Duarte», por medio de la cual se limitaba, con amenazas y todo, la cantidad de divisas que se podían adquirir libremente en el mercado cambiario.

Para sustentar mi afirmación, de seguro que temeraria para los amigos del Banco Central, demostré cómo los agentes de cambio estaban vendiendo cada vez más divisas, en relación a los bancos, aunque fuesen divisas más caras.

Poco tiempo después, algunas de las estadísticas de la página web con las que elaboré el trabajo fueron modificadas y otras, simple y llanamente, eliminadas.

Afirmé también que el Banco Central había embellecido las reservas al cierre de 2010, endeudándose con la banca a altas tasas de interés con tal de envanecerse con unas «RIN» más boyantes.

Nota al margen: como esa deuda fue emitida por el Banco Central y emitida en moneda local (aunque con cobertura de riesgo cambiario) no es cierto, como mal dirían algunos vacuos, que representan «endeudamiento estabilizador».

Lo mismo de 2010 se repitió en el 2011, cuando la banca asumió una posición de cambio «corta» de US$573 millones.

Dos meses después, la banca muestra una posición «larga» de US$151 millones, lo que quiere decir que compraron en el mercado cambiario US$724 millones para aumentar sus propias reservas.

Pregunta: ¿qué pasó con las tan tituladas reservas del Banco Central en ese período? ¡Oh sorpresa de las sorpresas! Disminuyeron US$658 millones.

Tengo más leyendas

Por ejemplo, aquella que generó cualquier cantidad de titulares a inicios de año, cuando el Superintendente de Bancos «resaltó la notable baja en las tasas de interés» vigentes en el mercado local.

Notables, definitivamente, aunque… ¿bajas? Pura leyenda, es decir: mentira. La tasa aumentó entonces y sigue aumentando (1.3% la promedio ponderada y 1.8% la preferencial, de enero a marzo).

Mi leyenda preferida, conocida por todos ustedes, aunque ignorada por sus actores principales, tiene que ver con las famosas operaciones de «factoring», que a enero de 2012 alcanzaron los RD$24.6 mil millones en el Banco de Reservas.

Bonito monto ese, a pesar de su origen ilegal desde el punto de vista de la Ley de Crédito Público, de la Ley Monetaria y Financiera y tres de sus reglamentos.

Contablemente misterioso también, pues he aquí una cuenta billonaria en el activo de un banco que, cuando usted sale a buscar la contraparte que debería estar registrada en el pasivo de una empresa… ¡no está! ¿Y entonces? ¡Leyenda!

Así como hay mitos, hay figuras míticas al estilo de Rodrigo Díaz de Vivar.

Es Rodrigo, el Cid Campeador original del 1099, modelo de héroe perfecto, mesurado, único y sin duda irremplazable, sobre el cual se plasma nuestro emperador monetario que, desde las alturas del olimpo bancentraliano asegura, con su sola presencia, la «estabilidad».

Y sí, Crucita Yin, la Cuernera, existe.


«Mientras yo esté en el Banco Central, yo garantizo que se va a mantener la estabilidad en el tipo de cambio, ahora y después de las elecciones».

Héctor Valdez Albizu, Gobernador del Banco Central en la «Rendición de Cuentas Económicas» (8 de marzo de 2012)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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