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Por una mejor banca

Por una mejor banca

Para ABZ, en nuestro matrimonio, por regalarme una segunda oportunidad.

Seis años como escribidor y no han sido pocas las veces que, sobre todo en este espacio, he reconocido los avances y la fortaleza del sector financiero dominicano.

Tanto es así que, a finales de 2007, el título de la colección de mis primeras entregas de Argentarium publicados entre 2005 y 2007 fue, nada más y nada menos, que «La Banca Resurge.»

Imagínense, ¡eso fue en el 2007! Poco tiempo después explota la crisis financiera internacional más destructiva desde la Gran Depresión y, aún así, la banca dominicana, nuestra banca, se destaca por su fortaleza y desempeño.

Lo cortés, eso sí, no quita lo valiente.

Que tengamos, por ejemplo, una banca cada vez más concentrada en las manos de un grupo cada vez más reducido de instituciones, preocupa.

Iniciando el milenio, las primeras tres entidades bancarias aglutinaban sólo el 43% de los activos del sistema. ¿Una década después? El 62%, con una clara tendencia a más concentración.

No solamente es que las manos que controlan nuestros bolsillos son cada vez menos, sino cuáles son esas manos.

El 70% de la mayor centralización del sector se debe a la creciente incidencia que el Banco de Reservas tiene sobre el ahorro y crédito nacional.

Veamos: de tener menos del 16% de los activos bancarios, el coloso público controla ahora casi el doble, 29%.

Mi opinión no es, necesariamente, en contra de una banca estatal importante. Espacio hay para todos, claro.

El problema es cuando vemos cómo el BanReservas destina RD$100 mil millones de sus activos a financiar operaciones directas o indirectas del Estado, en detrimento de un mayor crédito a los hogares, la industria, el campo y las otras empresas del sector privado.

Preocupa, y lo repito, que en sólo dos años, el BanReservas aumentara el crédito a los contratistas y proveedores gubernamentales de RD$180 millones a RD$36,400 millones. Un aumento en dos años de, ¡siéntese!, 20,122%.

No sorprende, luego, que la incidencia del crédito bancario al sector privado se desplome de 34% a 23% del PIB entre los años 2003 y 2011.

Eso en el BanReservas. Un vistazo al resto del ahorro público, aterra.

Por ejemplo, el Banco Nacional de la «Vivienda y Fomento a la Producción», que se endeuda groseramente para invertir RD$4,900 millones en deuda del gobierno, pero sólo le presta RD$293 millones a la industria manufacturera.

Ni hablar de nuestros fondos de pensiones que, no obstante alcanzar los RD$153 mil millones, RD$100 mil millones (65%) están invertidos, ¿adivinen dónde? En el mismo Estado.

Mientras, de las decenas de miles de grandes y medianas empresas del país, sólo cuatro han logrado acceder a los fondos de pensiones, aunque apenas un 3% de lo que recibe el gobierno.

Luego nos dicen, con la cara seria, que el endeudamiento público no es un problema y que el país lo aguanta.

¿De verdad? O quizás deberíamos pensar y actuar más en torno a la austeridad y la racionalización del gasto.

Para evitar una mayor concentración bancaria de los mismos actores que ahora tenemos, las autoridades deben potenciar otros intermediarios.

Por ejemplo, las asociaciones de ahorros y préstamos. Cerrando el 2000, la APAP le llevaba RD$800 millones (9%) al Banco BHD. ¿Una década después? El banco privado le lleva 168% o RD$70,000 millones a la asociación.

Si los bancos múltiples entraron al mercado de préstamos hipotecarios, ¿por qué las AA&Ps no pueden ofrecer cuentas corrientes? Es más, ¿por qué no pueden abrir cuentas en dólares?

Lo mismo pasa con la banca extranjera. Aunque es notable la entrada de los amigos de Promerica, Banesco y Bancamerica, la realidad es que, al igual que las AA&Ps, la banca extranjera mantiene hoy la misma participación de mercado que diez años atrás.

Otro potencial desperdiciado es el de las cooperativas de ahorro y crédito. En Costa Rica, el 35% de la población es miembro de una cooperativa.

¿Aquí? Menos del 7%. ¿Sorprende?

No. Con una ley de 1963, una entelequia «huacalística» y quebrada como organismo regulador bajo el liderazgo del «ministro de Estado» Pedro Corporán del PUN, claro que no sorprende.

Al final, hay poco que inventar. Es un tema, estemos claro, de decisión.

Por ejemplo, la figura del «fondo de garantía» para MIPYMES está en una ley ya aprobada… ¡En el 2008!

Rafael Camilo presentó el proyecto de ley para el desarrollo del mercado hipotecario en el 2010. Todavía a la fecha, e increíblemente, está por verse el primer crédito amparado bajo esa ley.

Las normas prudenciales aprobadas a partir de 2003 tienen ya más de ocho años vigentes. ¿Es tan cuesta arriba para las autoridades sentarse con las entidades financieras, para revisar qué ha funcionado bien, qué debe mejorarse y qué dejarse de hacer?

Pareciera que sí, pues antes han optado por laxitudes y «facilidades» coyunturales y políticas, sin ningún tipo de estudio de impacto previo.

Mientras tanto, millones de dominicanos tienen tarjetas de crédito y otros tantos cuentas de ahorro.

No pregunte, por favor, si siquiera nos hemos acercado a un marco de educación financiera, de transparencia, de competencia y protección a los derechos de clientes bancarios.

Ciertamente, grande es la banca nuestra. Todo un orgullo nacional.

La quiero así, pero mejor.


 «Por eso hago este llamado: Despierta y anda, mi pueblo, hacia un futuro digno, y rompe los eslabones de indolencia que te atan a la miseria.»

Eduardo García Michel, «El sendero del Salto de aguas blancas» (8 de mayo de 2012)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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