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Todavía no, profesor

Todavía no, profesor

“No hablemos de que estos son días oscuros” declaró Winston Churchill en uno de sus más famosos discursos. “Hablemos mejor de días más severos… Estos no son días oscuros: estos son días de gloria, los días más gloriosos que ha vivido nuestra nación.”

Leonel Fernández conoce, al igual que Churchill, el poder de la palabra en las manos del estadista, el orador y el propagandista. Comparte también con el hombre del cigarro y la victoria, un noble optimismo frente a la adversidad.

Hay diferencias, claro, entre un mandatario y otro. Churchill habló a finales de 1941, en medio de los bombardeos de la Luftwaffe, la derrota de Dunkirk, y la soledad del que resiste darse por vencido. El optimismo de Churchill no intentaba tapar, con la magia de sus palabras, el sudor, las lágrimas y la ansiedad compartida, y conocida, por todos.

Aquí, en cambio, no sola- mente negamos estar en crisis, sino que, de buenas a primeras, declaramos que lo peor de la crisis (sí, la misma que no existió) ya pasó. Así seguimos con sueños de trencitos en Haina, nuevas líneas de metros y computadoras para todos.

Me parece, como antes he escrito, surrealista. Absurdo. Increíble. Es tal nuestro blindaje, que nos burlamos de nuestro principal socio económico (que, les recuerdo, no es Venezuela), y anunciamos proyectos faraónicos en medio de la más perfecta tormenta financiera.

Mientras que victoriosos y a destiempo escribimos encima de la tumba de Don Dinero, para mí es obvio que es él, Don Dinero, de quien dependemos ahora y en el futuro, que fríamente nos da la espalda.

La gráfica lo dice todo. Solamente en el último mes, la percepción del riesgo país dominicano (proyectado en el precio de los bonos soberanos) se duplicó de 5% a 11%.

Hace quince meses, la deuda criolla apenas tendría que pagar 1.2% más que la del tesoro yanqui. Ahora tenemos que pagar 10 veces más.

Si fuera el Gobierno el único penalizado por los mercados, el problema quizás fuera aceptable. Pero esta isla, por lo visto tan blindada como la británica del 1941, nos acoge a todos.

Hace seis meses, Don Dinero no castigaba el valor de la deuda privada dominicana. Un pagaré de US$100 valía US$100. Ahora casi todos los emisores criollos en el exterior son castigados, a tal punto que uno, ejemplo de la visión de desarrollo turístico al que aspiramos todos, se vende con un descuento superior al 60%.

El rendimiento exigido por el mercado para los títulos de las energéticas (AES, Itabo y Haina) promediaba el 10%. ¿Hoy día? 19%. La emisión de Cap Cana, la más perjudicada de todas, subió de 9.3% a 38.2%.

Wall Street, dado por muerto, lamerá sus heridas. Difícilmente acogerá nuevas emisiones dominicanas, públicas o privadas, hasta junio de 2009.

Para entonces, como muestra la gráfica, el país tendrá que buscar más de US$800 millones para pagar el principal e interés de los títulos de deuda ya emitidos, excluyendo US$265 millones adeudados por la banca local a sus corresponsales.

No solamente los mercados de deuda, y posiblemente los interbancarios, están congelados y cerrados hasta nuevo aviso. La inversión extranjera directa igualmente sufrirá.

¿Que por qué? Apunte: Las acciones de Sol Meliá, en turismo, han perdido 69% los últimos 12 meses. Cemex, en construcción, cedió 72% de su valor. Xstrata, los de Falcondo, 70%. América Movil, en telecomunicaciones, vio desaparecer un tercio de sus acciones. La misma Barrick, a quien apostamos parte de nuestro futuro minero, perdió 36%.

Ellos, al igual que la mayoría de nosotros no piensan en crecer. Pensarán en sobrevivir. ¿Alguien piensa lo contrario?

Por todo esto, querido profesor, no comparto aquello de que lo peor pasó. Todavía no. Pienso, al igual que Churchill (¡en 1942!), que esto ni siquiera es el inicio del final. Quizás sí sea el final del principio. Ojalá.


LA CIFRA

90%

de los US$265 millones que le debemos a los bancos corresponsales de Nueva York y Miami vencen en 2008. De este monto, aproximadamente un 40% se le debe nada más y nada menos que a Wachovia. Ojalá que sus nuevos dueños, los californianos de apellido Wells Fargo, gusten de nuestras playas.


«Dada la capacidad de resistencia de la economía dominicana, nuestra opinión que la reducción en el valor de los bonos soberanos es una sobre reacción. Por lo tanto, vemos valor en os bonos dominicanos a sus actuales precios y por lo tanto mantenemos nuestra recomendación de sobre ponderar esos instrumento.»

J. P. Morgan Chase (Octubre 2008)

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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