Acuerdos de pago: ¿cuándo son una opción y cuáles implicaciones tienen?

Acuerdos de pago: ¿cuándo son una opción y cuáles implicaciones tienen?

José ya no sabe qué hacer. Tiene dos tarjetas de crédito “hasta el cuello”, con un saldo de deuda importante que, aunque ha intentado reducir, no baja. Todos los meses solo hace el pago mínimo. Como está pagando un interés de 60% anual, se pregunta: “Y si hago un acuerdo o plan de pago, ¿será mejor para mis finanzas?”

La situación de Roberto es más complicada. Hace dos años, en plena crisis financiera por un divorcio complicado y la inesperada pérdida de su empleo, dejó de pagar sus tarjetas de crédito. Últimamente logró superarse y tiene una liquidez mucho más sana. “¿Será que llamo a la oficina de cobros para ver si llego a un acuerdo de pago? ¿Me convendrá?”, se pregunta.

Decenas de miles de dominicanos suscriben acuerdos de pago o planes de pago, sea con bancos, sus gestores de cobro o las oficinas de abogados de cobros compulsivos. Muchos no están al tanto de las implicaciones de este tipo de compromiso y piensan que es la panacea para resolver sus problemas crediticios.

¿Qué es un acuerdo de pago?

También llamados planes de pago, se producen cuando un deudor y acreedor se ponen de acuerdo para cambiar las condiciones originalmente pactadas. En estos casos, los acuerdos serían  entre José y el banco emisor de sus tarjetas y Roberto y la oficina de abogados que compró el préstamo “castigado”.

Si se trata de una tarjeta de crédito, como en el ejemplo de José, esta pasa de ser una línea de crédito “revolvente” (donde antes solo se pagaba interés, al 60%, un monto mínimo de capital y cuyos límites podrían ser reutilizados una vez se abona), a un préstamo en cuotas, con amortización importante de capital en un plazo de 24 a 36 meses y a una tasa bastante más reducida, que podría ser hasta equivalente hasta a una tercera parte del interés “plástico”.

Hay casos en que no queda más que procurar un acuerdo de pago, a sabiendas de que afectará el historial crédito negativamente. Esto es preferible a enfrentar el infierno de los turbocobros. Clic para tuitear

Eso sí, una vez llevado al préstamo a cuotas, ya no se podrá utilizar como una línea de crédito, pues la gran mayoría de las entidades financieras requieren que las tarjetas de crédito sean canceladas una vez se procede a la renegociación.

Dos elementos adicionales que es importantes destacar: El nuevo préstamo tendrá mucho mejor sustento jurídico, pues en vez de ser un simple contrato de tarjeta de crédito, cuyo cobro a veces se dificulta por la vía judicial, pasará a ser avalado por un pagaré notarial de mayor efectividad al momento de ser cobrado (es por esto por lo que se reduce la tasa de interés).

En adición, José debe saber que, al firmar un acuerdo de pago, quedará registrado como tal en su historial de crédito, por lo menos por la mayoría de las entidades financieras que reportan a los burós de crédito.

Sí, este nuevo registro afectará negativa o adversamente el historial de José, incluyendo su “score” o puntaje de crédito en la mayoría de los modelos utilizados en el sector.

Retomando el caso de Roberto, recordemos que ya él estaba en una situación “legal” o de cartera “castigada”. Hablamos de una mora probablemente extrema, que supere los seis meses de la fecha originalmente pactada y su “score” está más rojo que un escogidista.

Durante ese tiempo, a la deuda original se adicionaron los intereses, recargos, moras y “gastos legales”, por lo que habrá aumentado sustancialmente. En adición, su crédito se habrá visto perjudicado y hasta tanto no regularice esta situación, es extremadamente difícil que pueda acceder a nuevos créditos formales en el sector bancario.

Roberto no quiere ni hablar de los dolores de cabeza por los que está pasando, debido a los turbocobros, intimaciones de pago, llamados molestosos, etc. También tiene dificultades incluso hasta para abrir una simple cuenta de ahorro o de nómina en algunas entidades financieras.

Recomendación para José

Antes de recurrir a firmar un acuerdo de pago, la recomendación para José sería que él mismo se construya una salida a su situación de endeudamiento, de tal forma que evite embarrar su historial o puntaje de crédito.

¿Cómo lo puede hacer? En primer lugar, José debe suspender y abstenerse de realizar nuevos consumos en su tarjeta de crédito, incluyendo la cancelación de cualesquiera de los cargos automáticos que ya ha registrado en ella. En efecto, congelará el saldo adeudado a una fecha determinada, manteniendo quizás sus tarjetas resguardadas y fuera de su alcance, para así evitar que profundice su hoyo de gastos.

Siempre asegurándose de hacer los pagos mínimos, hará todo lo posible para maximizar los abonos o pagos extraordinarios que pueda hacer para disminuir directamente el saldo adeudado. ¿Con cuáles recursos? Con la venta de activos innecesarios, un dieta o austeridad económica por un tiempo y la generación de ingresos adicionales durante el periodo de vacas flacas.

Existe la alternativa también de recurrir a préstamos de consolidación bancaria, que en columnas anteriores hemos explicado en detalle o, idealmente, al apoyo de familiares y amigos que le puedan ayudar a encarar la crisis a un menor costo que el 60% anual.

Lectura recomendada: “Guía para consolidar tus deudas (1/3)”

De no ser posible manejarse así, a José no le quedará de otra que efectivamente plantearle la alternativa de un plan de pago a su entidad financiera, pero a sabiendas de que afectará su crédito negativamente. Sin embargo, y esto es importantísimo, mejor es llegar a un acuerdo de pago por común acuerdo entre las partes a embarcarse en la alternativa del dejar de pagar y enfrentar el infierno del turbocobros.

Más adelante José podrá recomponer su crédito y bien podría ser una buena idea el que no tenga acceso al crédito bancario por un tiempo y se maneje exclusivamente con su propio efectivo utilizando tarjetas de débito. En otras palabras, poner su barba en remojo.

Recomendación para Roberto

Todos nos podemos caer, hasta en mora, pero lo importante es cómo logramos reponernos y seguir hacia delante. Roberto tiene la oportunidad de hacerlo llegando a un acuerdo con la oficina de cobro forzoso con la que tendrá que lidiar y renegociar sus deudas.

Importante para el será lograr disminuir a su mínima expresión los recargos, moras, gastos legales y hasta los intereses acumulados a la fecha de que llegue a un acuerdo con la entidad. Para esto, será útil contar con un buen monto de capital que él pueda abonar de forma inmediata al momento de renegociar y apoyarse en la oficina de conciliación de deudas que brinda ProConsumidor en nuestro país.

Tanto José como Roberto deben periódicamente revisar sus historiales de crédito, para asegurarse de que los pagos y abonos que vayan haciendo se estén registrando correctamente. Ambos, por supuesto, también deben procurar su carta de saldo una vez hayan finiquitado sus acuerdos de pago.

¿Una última sugerencia? Enmarcar esa carta de saldo cual si fuera un diploma de graduación de la Escuela del Crédito y la Vida. Si logran hacerlo, tienen razones para sentirse orgullosos de poderse recomponer financieramente, como lo hacen miles de dominicanos mensualmente y les servirá, también, como recordatorio de sus lecciones aprendidas.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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