¿En qué moneda es mejor ahorrar?

by Alejandro Fernández W. | Oct 10, 2019 6:55 am

La pregunta del momento, por lo menos en mis redes sociales: ¿qué es mejor, ahorrar o invertir en dólares americanos o pesos dominicanos? ¿Vale la pena hacerlo en dólares, aunque el rendimiento sea tan bajo? ¿Se puede invertir en dólares en el país?

La respuesta sencilla es: lo más importante es ahorrar. Sin duda que vale la pena hacerlo. Si no hay nada ahorrado, no hay decisión qué tomar.

Así es que, como un buen primer paso, enfóquese en ahorrar, aunque sea el 1% de sus ingresos. Hágalo, eso sí, como un hábito. De forma recurrente, constante y automática, a través de una cuenta de ahorro programado, por ejemplo.

RD$ versus US$

Acumulado un cierto nivel de ahorro, la decisión de en cuál moneda colocarlo dependerá del rendimiento que recibirá si se coloca en una dura y del riesgo de que el RD$ se devalúe y, ¡sobre todo!, de la magnitud de esa devaluación.

Aunque para algunos será sorpresa, el RD$ siempre tenderá a devaluarse frente al US$, tal como lo confirma nuestra historia cambiaria de los últimos 14 años.

Trabajemos un ejemplo concreto, para fines de edificar mejor. Digamos que se tienen RD$50,000. ¿En qué se puede invertir en RD$? ¿Cuáles son las alternativas para colocar esos fondos, en una entidad bancaria con buen nivel de riesgo?

En nuestro comparador financiero, www.rexi.do, se pueden identificar las opciones de inversión por entidad bancaria tomando en cuenta sus distintos niveles o calificaciones de riesgo.

También se podrían identificar alternativas en el mundo de las administradoras de fondos de inversión o los puestos de bolsa, pero para simplificarnos, ahora nos limitamos al sector bancario.

En Rexi se encontrará, por ejemplo, con que un banco muy bien clasificado está dispuesto a pagar ahora 6.75% por esos RD$50,000, si se fija a plazo por un año.

En US$, ¿cuáles son las alternativas de inversión? Digamos, también para fines de simplificación y así hablar de montos comparables en este análisis, que el equivalente de RD$50,000 son US$1,000. En la misma plataforma de comparación se observará que por US$1,000 otra entidad bancaria, con una buena calificación de riesgo, podría pagar 1.90%.

Se tiene, pues, dos opciones, en bancos bien clasificados y a un año: 1) ganar 6.75% en RD$ y 2) ganar 1.90% en US$.

Si se invierte en RD$ se ganaría, nominalmente, 4.85% más que al invertirlo en US$ (es decir, 6.75% menos 1.90%).

Si el RD$ fuera una moneda que conserva su valor de forma estable, ni pensarlo: ¡Invierta en RD$! Pero, como ya sabemos, nuestra moneda sufre cierta pérdida de valor, llamada devaluación o depreciación.

Por ejemplo, en los últimos 12 meses, comparando octubre de 2019 con octubre de 2018, el peso dominicano se ha devaluado alrededor de 5.0% en relación al dólar estadounidense.

¿Cómo calculamos esa devaluación, en este caso interanual? Utilizamos la tasa de cambio de hace un año (RD$49.86 por US$) con la actual (aproximadamente RD$52.41 por US$), según el Banco Central.

Ahora bien, hacemos este cálculo solo a manera de ejemplo, para que manejemos el concepto de la devaluación.

Porque, y esto es lo complicado, la tasa de devaluación que debe ocuparnos (y a veces preocuparnos) no es la del último año, sino la de los próximos 12 meses, que es cuando se realizará la inversión.

La tasa de devaluación que debe ocuparnos (y a veces preocuparnos) no es la del último año, sino la de los próximos 12 meses, que es cuando se realizará la inversión. Clic para tuitear

Recordemos que en los próximos 12 meses, por el diferencial entre invertir en RD$ y US$ se ganará 4.85% más por hacerlo en RD$. En términos de US$, la ganancia sería la misma si la tasa de cambio se queda igual y no hay devaluación alguna durante ese tiempo.

Pero, pero, pero… sabemos que habrá una depreciación. Si es menor al 4.85%, habría salido mejor invertir en RD$. Inversamente, si es superior al 4.85%, la pérdida de valor del RD$, habría convenido invertir en US$.

¿Cuál, entonces, será la devaluación de aquí a 12 meses? La respuesta corta, y lamento decepcionar, es que no tengo plena certidumbre de ello.

Sería cuesta arriba esa predicción, porque el próximo año será particularmente difícil, complejo y volátil para toda nuestra economía, en mi opinión.

¿Por qué?

Muchas razones. La tensa política electoral no ayuda y el hecho de que tengamos tres procesos de votación aún por delante (febrero, mayo y, ¿quién sabe?, junio) solo empeora la incertidumbre.

Cuando hay desconcierto de ese tipo, los agentes económicos se limitan a tomar decisiones de muy corto plazo o no toman decisiones, o las toman más bien prudentes, como mantener sus ahorros en US$ antes de traerlos a RD$ e invertirlos a largo plazo.

Para colmo, una parte importante de la relativa estabilidad cambiaria que ha vivido el país en los últimos 15 años ha tenido que ver mucho con el estilo, la visión y la política de la actual gobernación del Banco Central, cuyo término vence en agosto de 2020 y su extensión, por otro periodo más, es incierto.

No quiere decir que estamos a merced de un solo funcionario, pero el gobernador que venga tendrá que ganarse la confianza del mercado en cuanto a su compromiso con una devaluación estable y manejada como lo hace el actual.

Otro elemento inquietante es el shock en el turismo, el principal generador de divisas del país. Aunque nuestro turismo ha transitado por calles más oscuras en el pasado, y ha sobrevivido y ha crecido, tardará un tiempo en reinventarse.

Sepan, sin embargo, que lo que ocurrirá en los próximos 12 meses, siempre es difícil de predecir. Por ejemplo, hace un año nadie podría predecir el desplome del turismo dominicano o que la Reserva Federal yanqui estaría bajando sus tipos de interés en vez de aumentarlos.

Dada tanta incertidumbre, mi recomendación sobre en qué invertir, si en RD$ o en US$, es la misma que siempre hemos compartido en Argentarium: ¡Invierta en ambas monedas! Clic para tuitear

Dada tanta incertidumbre, que aunque de esperarse y normal, ahora es bastante mayor, mi recomendación sobre en qué invertir, si en RD$ o en US$, es la misma que siempre hemos compartido en Argentarium: invierta en ambas monedas.

Es decir, diversifíquese. No ponga todos sus huevos en una sola canasta.

Algunos, los más cautos y prudentes, los que tal vez sufrieron las fuertes devaluaciones del 1984, 1990 o el 2003, quizás opten por dolarizarse en un 100%.

Eso es algo que comprendo perfectamente, aunque no lo compartiría.

Otros, quizás los más jóvenes, que no vivieron aquellos procesos de hiperdevaluación del pasado y que por tanto difícilmente entenderán aquello, optarán por mantenerse 100% en RD$, en procura del mayor rendimiento que se les pagará, nominalmente, en esa moneda. Tampoco comparto ese apetito de riesgo de los más jóvenes, porque ya no lo soy.

La recomendación definitiva

Aquello de los huevos y la canasta es de sabios. Repito, diversifíquense. Inviertan parte de sus recursos en RD$ y la otra en US$.

En mi experiencia, apostaría a 60% en pesos y 40% en dólares.

Ahora bien, toca saber manejarse. Sobre todo al momento de ahorrar o invertir en una moneda extranjera en el país.

Específicamente, los costos transaccionales de invertir, sobre todo montos bajos, en US$ a través de nuestra banca múltiple (la única a captar ese tipo de ahorros) pueden ser bastante altos.

¿Qué son costos transaccionales? Por ejemplo, el requisito de un monto mínimo para abrir cuentas de ahorro desde donde se invertirá en el plazo fijo en US$.

Otros costos son los requisitos de mantener un balance mínimo mensual y de actividad dentro de 6 meses, para evitar otros odiosos cargos bancarios.

Es fácil informarse acerca de los requisitos, condiciones y rendimientos de las cuentas de ahorro bancario en monedas extranjeras (tanto en US$ como en Euros) a través de nuestra plataforma Rexi.

Insisto, sin embargo: todos, absolutamente todos los usuarios financieros dominicanos, deben, en mi opinión, mantener parte de sus ahorros en una moneda dura que no esté tan expuesta a los vaivenes del peso dominicano.

Si el nivel de ahorro con el que cuenta el hogar es relativamente bajo, bien se podría empezar con una alcancía o caja de seguridad, para acumular los US$ hasta tener lo requerido por la banca.

Diversificar, siempre, es inteligente.

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El resguardo del ahorro bancario

by Alejandro Fernández W. | Oct 3, 2019 12:04 am

El nivel de confianza del depositante en la banca dominicana, medido como regularmente se hace en otras jurisdicciones, está en uno de sus puntos más altos de la historia. A agosto de este año, el total de depósitos bancarios alcanzaba la suma de RD$1,464 mil millones, distribuidos en 50 entidades de intermediación financiera que operan bajo la fiscalización de la Superintendencia de Bancos y las reglas de la Junta Monetaria.

Quienes más depositan su confianza en el sector bancario son los hogares dominicanos (RD$850 mil millones o un 58% del total), seguidos por las empresas (22%), los mismos intermediarios financieros y el Estado dominicano (ambos con un 8% de los depósitos).

Aunque lucieran ser muchos los captadores de estos ahorros, lo cierto es que, de las 50 entidades autorizadas a operar, las primeras seis (Banreservas, Popular, BHD León, Scotia, APAP y Santa Cruz) aglutinan el 80% del ahorro nacional.

Si bien es cierto que la principal manera de asegurar la confianza de los depositantes es una buena y transparente gestión bancaria, acompañada de un marco regulatorio efectivo, debidamente fiscalizado, contamos también con otros mecanismos complementarios, como el Fondo de Contingencia y el Fondo de Consolidación Bancaria.

Ambos mecanismos, en efecto, proveen de una cierta “garantía” adicional al depositante, parecida (aunque no idéntica) a la que provee la Corporación Federal de Seguro al Depósito (mejor conocida como la “FDIC”, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.

Para asegurar la confianza del depositante contamos con los fondos de Contingencia y de Consolidación Bancaria. Ambos mecanismos de garantía requieren de importantes adecuaciones para asegurar su efectivo funcionamiento. Clic para tuitear

Vemos en la siguiente gráfica que estos fondos han venido creciendo de forma importante desde su creación a inicios de siglo, acumulan ya RD$40 mil millones, cifra para nada desdeñable pues representa un 18% del patrimonio total de la banca al cierre de 2018.

En otras palabras, no solamente que contamos con una excelente base patrimonial para solventar los activos bancarios mucho mejor que la existente al aprobarse la ley en el 2002, sino que también tenemos dos fondos que pueden ser clave en limitar los riesgos que el Estado tendría que asumir de ser necesaria una nueva operación de salvataje.

Dicho esto, ambos mecanismos de garantía, como escribimos hace más de 10 años, requieren de importantes adecuaciones para asegurar su efectivo funcionamiento en el eventual caso de tener que recurrir a ellos en algún momento en el futuro.

En primer lugar, y como se aprecia en la tercera gráfica, la cantidad del ahorro garantizado por cada depositante de RD$500,000 debe actualizarse para reflejar los cambios en el valor del dinero en el tiempo. Dependerá de si se ajuste por inflación o por devaluación, RD$500,000 de 2002 equivaldrían a RD$1,800,000 o RD$1,500,000 del 2019, respectivamente.

En segundo lugar, la “garantía” al depósito bajo el esquema del Fondo de Contingencia solo tendrá valor en el caso de que se logre un proceso de liquidación ordenado que requiera un monto limitado de recursos del fondo para complementar su salvataje. Nuestra opinión es que garantía es garantía, por lo que el reglamento y la misma ley, deberían ser ajustados para darles esta tranquilidad a los depositantes.

El Fondo de Consolidación Bancaria se supone que entraría en vigor solamente bajo situaciones de “riesgo sistémico” y es, en ese escenario, mucho más generoso en la cobertura y el condicionamiento para garantizar a los depositantes. Qué representa una situación “sistémica”, sin embargo, es algo sujeto a discusión y, en mi opinión, me consta que por lo menos en un caso se le dio ese tratamiento a una entidad que no lo ameritaba.

Ambos fondos fueron diseñados en momentos diferentes de la crisis bancaria y es justo que, más de 15 años después de su incorporación, sus mecanismos de funcionamiento y gobernanza sean actualizados y recalibrados, por ejemplo, para tomar en consideración los niveles de riesgos que representan las entidades individualmente.

Finalmente, se le debe dar una mayor visibilidad a estos mecanismos de garantía, de tal forma que el depositante, sobre todo el de montos más pequeños, sepa de su existencia y pueda estar tranquilo de que sus ahorros estarán debidamente resguardados.

¿Por qué no incorporar el lema “Entidad fiscalizada por la Superintendencia de Bancos” o “Depósitos garantizados por el Fondo de Contingencia hasta RD$1,000,000” como parte de toda publicidad bancaria?

De igual forma, se debe hacer más visibles y con mayor recurrencia (la última vez fue en junio de 2018) cuáles son las entidades que están aportando a los fondos de garantía, para afirmar aun más la confianza del depositante de a pie en nuestros intermediarios.

 

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La otra tasa de cambio

by Alejandro Fernández W. | Sep 26, 2019 6:27 am

Hablemos claro. Existen, aunque no debería ser, dos tasas de cambio de referencia en el mercado de divisas. Esta dualidad cambiaria genera confusión, preocupación en la población y, en mi opinión, no debería darse en una plaza transparente, competitiva y libre.

¿Cuáles son las dos tasas? La primera, sobre la que construimos nuestra columna regularmente, es la promedio ponderada del mercado, según publica el Banco Central de la República Dominicana. A esa tasa típicamente se puede acceder para adquirir montos relativamente bajos de la divisa yanqui.

La segunda tasa, todo un secreto a voces, es la que, según el último comunicado del Banco Central, surge para “operaciones marginales para montos altos u operaciones puntuales entre un banco y su cliente”, agregando que esa referencia de la divisa “no representa la totalidad del mercado”.

Esta dualidad cambiaria genera confusión, preocupación en la población y, en mi opinión, no debería darse en una plaza transparente, competitiva y libre. Clic para tuitear

Hablamos de una tasa de cambio que en principio solo aplicaría para grandes operaciones corporativas o “mayoristas” y que, en semanas recientes, según admitiera el mismo Banco Central, llegó a colocarse en niveles “superiores al RD$52 por US$1”, en días en que la tasa promedio estaba por debajo de los RD$51.50.

No queda claro bajo cuál criterio se establece qué son “operaciones marginales” o “puntuales”. En cualquier caso, la queja es típica, por lo menos en nuestras redes sociales, de la dificultad que cada cierto tiempo se da para acceder a las divisas a la tasa oficial, salvo que uno esté dispuesto a pagar la prima superior de las transacciones “para montos altos”.

En la gráfica principal, publicamos por primera vez la evolución de estas dos tasas de cambio, la oficial (obtenida de la web del Banco Central) y la “mayorista” (que obtuvimos de un jugador del mercado cambiario bajo promesa de confidencialidad para la fuente).

El diferencial, entre una tasa y la otra, como se verá en la misma gráfica, llegó a niveles altos en los días previos a la inyección de las reservas del Banco Central, y se colocó en torno a los 117 puntos básicos.

En otras palabras, mientras en el oficial en teoría el dólar se podría adquirir, el 11 de septiembre, por ejemplo, a RD$51.38 por US$, uno se encontraría con que para adquirirlo para montos “altos” tendría que pagar RD$52.55 según nuestra fuente del mercado.

Dada esta bipolaridad, las mediciones que hacemos de la devaluación cambian. Por ejemplo, si nos llevamos de la tasa oficial la devaluación al 17 de septiembre fue de 3.6%. Pero si nos vamos con la tasa “mayorista”, estamos frente a un ritmo devaluación mayor del 5.7%.

El problema se magnifica, sobre todo en los ojos de la población, cuando el Banco Central advierte que “inyectará” divisas al mercado, como en efecto inyectó (los días 16, 17, 18 y 20 de septiembre según se ve en la gráfica y según nuestra fuente) pero no se refleja una reducción importante en la tasa de cambio.

De hecho, el ritmo de pérdida de valor del RD$ paradójicamente se aceleró en el mercado “oficial” precisamente en los días que se realizaron las famosas ventas de divisas por parte del Banco Central, que estimamos sumaron US$105 millones la semana pasada.

¿Qué sí se logró con inyectar las divisas provenientes de las reservas? Disminuir el diferencial entre ambas tasas a solo 76 puntos básicos, en vez de los 117 puntos básicos que llegó a alcanzar en nuestra lectura, disminuyendo el ritmo al que aumentaba la tasa “mayorista” y acelerando el ritmo de depreciación de la tasa “oficial”.

Ojalá que la nueva plataforma para el intercambio de divisas, que debe entrar en operación próximamente, normalice esta situación, pues de lo contrario me temo que estamos engañándonos colectivamente basándonos en tasas que no reflejan la realidad del mercado.

El resurgimiento, cada cierto tiempo, de lo que en efecto es un mercado de divisas “paralelo” y el racionamiento del dólar para ciertos montos, es un retroceso a la década de los ochenta que no debemos tolerar.

Source URL: https://www.argentarium.com/veedor/49115-la-otra-tasa-de-cambio/


La levedad del crédito empresarial

by Alejandro Fernández W. | Sep 19, 2019 9:10 am

Si bien es cierto que el crédito a las personas constituye un flujo fundamental para entender la dinámica de nuestra actividad económica, no deja de ser cierto que el financiamiento a nuestras empresas también habla mucho de cómo anda la economía.

Acumulado a julio de 2019, según vimos en la entrega pasada, el grueso del crédito neto fue en la forma de préstamos a “cédulas”, como los personales e hipotecarios. Para ser concreto, de RD$33.8 mil millones en nuevos préstamos, solo RD$7.8 mil millones o el 23% fue desembolsado a favor de empresas.

En términos relativos a como cerramos en diciembre de 2018, ese crédito comercial aumentó apenas 1.4% durante los primeros siete meses de 2019. Comparado con una inflación de 1.6% acumulada a esa fecha, el crecimiento real del financiamiento a las empresas fue negativo al corte de julio.

De hecho, la cifra del crédito empresarial, cuando se desmenuza, preocupa algo más en cuanto al direccionamiento y la concentración del financiamiento bancario.

En la primera gráfica mostramos la dinámica sectorial del crédito comercial privado. Obsérvese que una sola entidad, el Popular, aumentó su cartera neta en RD$13.6 mil millones, casi el doble de todo el mercado.

En el otro extremo, vemos que el coloso público registraba a esa fecha una cartera comercial menor a la de diciembre de 2018 en RD$9.5 mil millones. Una parte importante de esa reducción, RD$7.7 mil millones o el 81%, la explica la contracción en la cartera al sector construcción, quizás vinculado al desmonte de financiamientos que los contratistas del Estado acumularon con el Reservas.

Esto explica que pese a los RD$13.6 mil millones colocados por el Popular, el crecimiento de la cartera comercial neta de toda la banca haya sido de apenas RD$7.8 mil millones.

Desmenuzado el crédito comercial se entiende mejor la flexibilización monetaria del Banco Central, pero también el sentimiento generalizado de que “la cosa” no va tan bien como las estadísticas agregadas nos hicieran pensar. Clic para tuitear

Por otro lado, hay que destacar como una bondad en la naturaleza del crédito empresarial nuevo, que ha sido, en términos netos, en moneda local. En otras palabras, a nivel consolidado del sector, las empresas han optado por no exponerse a financiarse en moneda extranjera. Solo Banco Popular aumentó su cartera empresarial en moneda extranjera de forma importante, en US$120 millones, seguido por el Santa Cruz (US$20 millones) y Banesco (US$9 millones), y el resto disminuyó su exposición en dólares.

El fenómeno azul

No deja de impresionar la magnitud del dinamismo de la cartera empresarial del Banco Popular Dominicano. Líder a julio 2019, al crecer por RD$13.6 mil millones en términos netos, observe en la gráfica que quienes más se acercan están todavía muy distantes de crecer en las magnitudes del Azul, como fueron Santa Cruz (RD$2.7 mil millones), López de Haro (RD$0.8 mil millones) y La Nacional y Banesco (ambos en RD$0.7 mil millones).

Por lo anterior hacemos, en la tercera y última gráfica, una radiografía del crecimiento del Popular de forma individual durante estos primeros siete meses, para ver con cuáles sectores (y en qué moneda) fue tan exitoso prestando, cuando a sus competidores se les ha hecho más difícil dinamizarse en el rubro empresarial.

La manufactura (RD$5.9 mil millones) y la intermediación financiera (RD$4.7 mil millones) explican el 80% del aumento del crédito azul, junto a un buen impulso al sector construcción (RD$3.9 mil millones) e inmobiliario (RD$3.3 mil millones). Otros sectores no tuvieron tan buen desempeño, disminuyó, por ejemplo, el crédito al agro, al turismo y al comercio.

Ojo: El aumento de RD$4.7 mil millones a la intermediación explica 60% del aumento neto de RD$7.8 mil millones del crédito privado a nivel de toda la banca. De no materializarse esa operación puntual (desembolsada en US$), que no fue al sector real, el crédito a las empresas se habría elevado solo RD$2.9 mil millones o un paupérrimo 0.5% en siete meses.

Desmenuzado el crédito comercial de esta forma, uno entiende mejor las medidas de flexibilización monetaria del Banco Central, pero también el sentimiento generalizado de que “la cosa” no va tan bien como las estadísticas agregadas nos hicieran pensar.

Source URL: https://www.argentarium.com/veedor/49002-la-levedad-del-credito-empresarial/


Tablero bancario a julio 2019

by Alejandro Fernández W. | Sep 12, 2019 7:02 am

Falta poco para ver los arbolitos de Navidad en nuestros comercios. Se acerca fin de año, por lo que es propicio nuevamente pasar revista para ver a quién se le está prestando y quiénes lo están haciendo.

El análisis lo hacemos a julio de 2019, con las cifras más recientes publicadas por la Superintendencia de Bancos. Comparamos ese corte con los números al cierre de 2018, para ver cuál ha sido la dinámica acumulada en lo que va de año.

Vemos en la primera gráfica que, en términos netos, el crédito bancario total aumentó RD$33.8 mil millones en los primeros siete meses de 2019.

Hablamos, en términos relativos, de un aumento nominal de 3.0% en ese periodo. Visto neto de inflación, hablamos de un aumento muy modesto de apenas 1.4%, por debajo del crecimiento económico registrado en igual periodo.

No ha sido mayor la dinámica crediticia general por la importante reducción evidenciada en el crédito público, que a julio se contrajo 11.6% o RD$8.3 mil millones para cerrar en RD$63.4 mil millones.

Afortunadamente, el único rubro con esa tendencia a la baja fue el de los préstamos al Estado dominicano, seguido por el muy tímido crecimiento de la cartera de crédito comercial privada.

A pesar de los esfuerzos de las autoridades monetarias, a julio de 2019 el crédito comercial privado solo aumentó un 1.4% nominal, por lo que, básicamente se ha mantenido estancado en todo lo que va del año. Clic para tuitear

A pesar de todos los esfuerzos de las autoridades monetarias, en términos de los Valdesianos de mayo y las continuas reducciones en la tasa de política monetaria, a julio el crédito comercial privado solo aumentó RD$7.8 mil millones o 1.4% nominal, por lo que, en efecto, básicamente se ha mantenido estancado en todo lo que va de 2019.

¿Dónde estuvo el mayor dinamismo? Sin lugar a dudas que en los préstamos a personas, tanto de consumo como de los hipotecarios. De hecho, y el dato sorprende, la totalidad del aumento neto del sistema, de RD$33.8 mil millones a julio de 2019, se explica por el financiamiento a cédulas de RD$34.1 mil millones.

Tanto en términos relativos como absolutos, el crédito a la vivienda fue el motor del crecimiento bancario: RD$14.7 mil millones o 8.8% mayor en siete meses.

A los hipotecarios le siguen los préstamos personales para gastos (RD$14.0 mil millones), los de vehículos nuevos (RD$1.8 mil millones), seguidos de los desembolsos del dinero plástico, tanto por la vía de consumos como de los diferidos.

Sorprende que la cartera de crédito comercial privada no haya mostrado mayor actividad, sobre todo porque una parte importante de la liberación de los recursos del encaje legal de mayo 2019 estaba especializada a ese tipo de facilidad.

Un análisis más profundo, que presentaremos en una futura entrega, nos obligaría a dimensionar por tipo de sector económico para entender el por qué ha sido tan modesto el apoyo bancario a la actividad empresarial en este año.

La banca es un negocio competitivo, por lo que siempre será de interés entender cuáles de los 50 proveedores de crédito están creciendo más. Mostramos un resumen de los primeros 20 financistas en la segunda gráfica.

Primero, resaltar que el Banco Popular logró colocarse como el principal prestamista de la banca, no solo en los créditos privados sino también en la cartera total, un liderazgo que antes llevaba Banreservas.

Entre otros cambios en el Top 20 están que, en estos primeros siete meses, el Santa Cruz superó a la Cibao, Banesco le saltó al Caribe y Ademi y López de Haro superaron a Promérica.

Los bancos de mayor crecimiento fueron Popular, BHD León, Scotia, Santa Cruz y la Cibao, mientras que solo el BDI, Promérica y Banreservas cerraron julio con una cartera menor a la de diciembre.

Casi se podría afirmar (¡increíblemente!) que todo el crédito comercial privado nuevo del año fue desembolsado por el coloso azul. En esa cartera empresarial, solo Santa Cruz logró sacar cabeza.

A Banreservas toca sacarle su plato aparte en el negocio personal: fue líder tanto en los préstamos personales (seguido por Popular y BHD León) como en los hipotecarios (seguido también por los mismos dos bancos y la Cibao, APAP y Scotia).

El año, en conclusión, no va mal, aunque nunca tan bien como en 2018.

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El abuso financiero

by Alejandro Fernández W. | Sep 5, 2019 12:01 am

Con tristeza e impotencia, la joven me hizo la pregunta al finalizar una conferencia sobre cómo recuperar la salud financiera: “Licenciado, ¿y qué pasa cuando la causa de mis líos es el mal manejo de mis padres?”

Quedé sorprendido por la pregunta, entre otras cosas porque aquella joven de unos 22 años me compartía su testimonio en presencia de otros que también se habían quedado en el conversatorio improvisado luego del evento.

No fue la primera vez que conocí una situación de abuso financiero en el hogar. Ese tipo de violencia se presenta en las distintas relaciones familiares: en la pareja, entre hermanos, con hijos que abusan y se aprovechan de sus progenitores y sí, también hay casos de padres que explotan económicamente a sus vástagos.

El abuso financiero surge cuando una persona, en relaciones de confianza familiar o sentimental, busca manipular las decisiones o tomar control sobre el acceso al dinero, e incluso al crédito personal de la otra, sin su consentimiento o para beneficio propio.

En el caso de aquella joven, la situación de agresión financiera era múltiple. El padre, reiterativamente fracasado en los negocios, había dañado su historial de crédito. Sin acceso a los bancos, pero todavía con nuevas ideas de emprendimientos que ahora sí funcionarían, había llevado a la joven a endeudarse para el capital inicial del proyecto.

La joven, que iba dando sus primeros pasos profesionales mientras continuaba sus estudios universitarios, firmó más de un pagaré a su nombre, aunque con el «gran negocio» del padre como beneficiario. Aquel proyecto también fracasó, la hija quedó con la deuda, pero decidió irse de la casa, pues aún después el acoso crediticio se mantenía.

El abuso financiero surge en relaciones de cercanía familiar o sentimental, cuando una persona busca manipular las decisiones de otra con respecto al dinero para su beneficio propio. Clic para tuitear

Felicité la valentía y la independencia de la joven por tomar aquella decisión, y le dije que esa situación, si no se enfrentaba con ayuda profesional (de psicólogos y especialistas en terapia familiar) difícilmente se iba a resolver por sí sola.

“Lo sé, licenciado, porque precisamente ahora mi padre está repitiendo el mismo ciclo, aunque ya no conmigo, sino con mi hermanita, que desde que cumplió los 18 años han querido embaucarla en construir su crédito, ya usted sabe para qué.”

Entonces caí en la cuenta de que hablaba de la joven a su lado, que llorosa y con empatía fraternal, abrazaba a su hermana mayor mientras la oía desahogarse por ambas.

La historia no terminaba ahí. El colmo es que también hay un hermano mayor, entrado en edad, que a diferencia de las jóvenes no trabajaba, sino que era “mantenido” por el mismo padre que abusaba del crédito de las hijas.

En la misma línea he sabido de padres que prácticamente obligaron a sus hijos a sacar un crédito educativo para estudiar en una universidad privada más allá de sus posibilidades, con la promesa de que pagarían el interés mientras el hijo estudiara.

Promesa vacua, pues firmado el pagaré, se desentendían del compromiso y obligaban al menor a “ver cómo él iba a resolver”, aun cuando el hijo habría preferido estudiar en la universidad pública, sin necesidad de endeudarse.

El daño que se les hace a los jóvenes, susceptibles a la manipulación paternal por el correcto, aunque potencialmente explotador sentimiento de que siempre se debe honrar y respetar a nuestros padres, es grande.

Más allá del efecto financiero, plasmado en un historial de crédito “dañado” y altos niveles de endeudamiento que solo crecerán en el tiempo si son mal atendidos, está el impacto en la salud emocional del joven.

No hay que ser experto en salud mental para saber que el abuso financiero debilitará su autoestima, limitará su proceso de madurez y potencialmente lo embaucará en una enfermiza e interminable relación de codependencia con sus padres que, en algunos casos, solo con la muerte se puede superar.

Estoy claro en que lo que va, viene. Que igual es común ver a hijos, incluso algunos muy mayores de edad, que se aprovechan de sus padres, procurando apropiarse en vida de cualquier capital que estos podrían acumular para una vejez digna o el cuidado de su salud.

También sé de padres sobreprotectores, que ponen a sus hijos a trabajar en negocios de familia, sin que estos siquiera tengan su propia cuenta bancaria o independencia económica, manteniéndolos dependientes en su tercera y cuarta década, con la promesa de que no tienen por qué preocuparse, porque el padre siempre proveerá.

Con esta columna tenemos un solo propósito, un deseo o quizás una esperanza: que demos un primer paso para superar el tabú, el ocultamiento y el miedo ante las relaciones de abuso financiero que pueden surgir en el seno de nuestros hogares.

La valentía demostrada por aquellas dos jóvenes esa tarde del sábado, al final de mi conferencia, me obliga a compartir este reto con nuestra sociedad, a favor de unas finanzas del hogar realmente sanas, más proporcionales y ojalá que más sinceras.


Algunas organizaciones recomendadas para terapias familiares en nuestro país: Instituto de la Familia (809) 534-5336, PACAM (809) 533-1813, Centro Vida y Familia Ana Simó (809) 566-0948 y el Centro Espiga de Joaquin Disla (809) 685-0466. Si llegaste hasta aquí, diste el primer paso. El segundo es buscar la ayuda. ¡Hazlo!

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¿Dónde están los riesgos?

by Alejandro Fernández W. | Ago 22, 2019 9:12 am

La cartera de crédito de la banca es un reflejo, en gran medida, de la realidad económica de una nación. Según van los préstamos por tipo de actividad económica, por su clasificación de riesgo y su morosidad, por a quién se le presta y dónde están ubicados geográficamente, sabremos qué tal está la salud financiera de un país.

Afortunadamente, y esto es gracias a los avances logrados por la Superintendencia de Bancos en los últimos 10 años en materia de compilación y divulgación de los datos sectoriales y económicos de los clientes bancarios, es mucho lo que podemos aprender de la banca sobre la condición económica actual.

De hecho, me atrevería a afirmar que tenemos una de las bases de datos de analíticas crediticias más avanzadas en toda la región de América Latina, que compite incluso con estándares de clase mundial. Un logro que es justo reconocer.

En la primera gráfica mostramos un primer corte de cómo entender los riesgos sectoriales de la economía dominicana. Lo hacemos identificando el porcentaje de las carteras por industria, de la actividad privada y empresarial, que están clasificadas como “D1”, “D2” y “E”, los tres más bajos niveles posibles conforme a las normas prudenciales actuales.

Cabe recordar que esa clasificación toma en consideración, sobre todo, un análisis de la capacidad de pago de los agentes económicos de estos sectores, sus estados financieros, índices de desempeño y otras variables financieras.

Sorprenderá que el turismo tiene más del 30% de su cartera de crédito con una pobre o débil clasificación. Mucho de esto tiene que ver con la calidad de la información financiera de esos clientes. En contraste, cabe destacar las mejoras notables recibidas por los préstamos al sector comercio y manufacturero, con un desempeño muy superior.

¿Cuál sector económico representa mayor riesgo para la banca? ¿Cuál demarcación del país tiende a retrasarse más en los pagos de sus préstamos? ¿Cuáles son los tipos de acreedores más morosos? Clic para tuitear

Obsérvese, por igual, que mientras más regulado los sectores, como el caso de los préstamos a la intermediación financiera y al sector eléctrico, mucho mejor tiende a ser la calificación de riesgo otorgada por los mismos bancos al aplicar el “Reglamento de Evaluación de Activos” que rige este proceso.

Ahora bien, ¿implica una débil clasificación regulatoria un mayor nivel de requerimiento de provisiones o reservas crediticias? ¿Muestran, en efecto, mayor nivel de morosidad los sectores económicos peor clasificados?

Respondemos esta interesantísima interrogante de correlación en la segunda gráfica. La respuesta es que no necesariamente.

Retomemos el caso del turismo. A pesar de tener un 30.1% de su cartera clasificada D1, D2 o E, tiene muy bajos niveles de requerimiento de provisiones (por las excelentes garantías que ofrecen esos clientes) y la segunda morosidad más baja de toda la economía, superada solamente por los préstamos que se le otorgan al sector generador de electricidad.

El mismo fenómeno se verifica con el sector construcción: el 17.2% de su cartera está mal clasificada, pero su morosidad, de solo 0.8% del total de su cartera, está entre las mejores del portafolio crediticio de la banca dominicana.

En la base de datos, la Superintendencia de Bancos también desglosa quiénes son los tipos de agentes económicos más riesgosos y con mayores niveles de mora. Los resultados sorprenden bastante.

Por ejemplo, hay agentes que están desocupados pero que, a pesar de su falta de generación de ingreso productivo, mantienen un nivel de morosidad de solo el 14.9% de sus créditos. Si bien es cierto que es la mora más alta, no olvidemos que se trata de usuarios que han sido clasificados como desocupados.

A los desempleados les siguen en mayor morosidad los independientes no profesionales (4.7% del total), los asalariados públicos, pero con alguna actividad comercial en curso (4.3%) y el empresario Pyme con 3.8% de sus préstamos en mora.

En el otro extremo, los clientes de menor morosidad son los corporativos, con rangos de cartera vencida entre el 0.7% y el 0.2%, realmente excelentes. Estos son, recordemos, aquellos clientes de mayor tamaño y que también reciben un tratamiento preferencial en cuanto a condiciones de interés y otros.

Vale destacar los bajos niveles de morosidad de las pymes que oscilan entre el 2% y el 4% y del empresario y la empresa mediana, con moras en un rango 2%.

Finalmente, ¿qué región del país tiende a retrasarse más en sus pagos de préstamos al sector bancario dominicano?

Recordemos que el promedio nacional es de solo 1.4% en la cartera de crédito comercial otorgada al sector privado. Si bien es cierto que en los grandes centros urbanos, como el Distrito, Santiago, Santo Domingo y San Cristóbal la mora es menor al 1.9%, es decir, dentro del rango nacional, hay extremos preocupantes.

En provincias como Monseñor Nouel, Elías Piña y Monte Cristi, una agrícola y dos de ellas fronterizas, la mora es en promedio hasta cuatro veces la registrada en las urbes metropolitanas.

De hecho, y en general, observe que el mismo fenómeno se refleja en las otras regiones del interior del país, muchas de ellas dedicadas a las actividades agrícolas.

Es, precisamente, el sector agropecuario uno de los que tiene no solo de las peores clasificaciones prudenciales de crédito (20.8%), sino también el mayor nivel de requerimientos de provisiones (4.1%) y la más alta tasa de morosidad sectorial (2.6%).

El reto crediticio del sector agropecuario es uno que debe ser más atendido por las autoridades, por los propios productores y por la banca en sí. Un reto que, por su relevancia, analizaremos en mayor profundidad en una próxima entrega.

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¿Prendieron los Valdesianos 2019?

by Alejandro Fernández W. | Ago 15, 2019 6:07 am

Pasadas las primeras diez semanas del nuevo ciclo de flexibilización monetaria, iniciado a finales de mayo pasado, hacemos una pausa para preguntarnos: ¿funcionó descorchar los Valdesianos de 2019?

Más que medir el impacto de los instrumentos de política utilizados por el Banco Central, que incluyeron una masiva liberación de recursos del encaje legal y reiteradas reducciones de las tasas de referencia, vale la pena el análisis para calibrar el sentimiento (bastante generalizado) de que “la cosa” no va tan bien.

Ciclotomía crediticia

En la primera gráfica observará el ritmo de crecimiento interanual de los préstamos en moneda local que la banca ha colocado en el sector privado (netos de inflación) desde 2005 hasta la fecha.

Como hemos observado antes, se identifican claramente tres grandes ciclos: el boom pos-crisis bancaria local (2005-2009), la dinámica pos-crisis financiera internacional (2009-2013) y el gran ciclo pos-Paquetollo Fiscal, que se inició en el 2013 y que, casi 80 meses después, pica y se extiende de forma impresionante.

El ciclo actual pronto duplicará la longevidad de los dos anteriores, que promediaron solo 45 meses y cuyos puntos de inicio y final pueden ser claramente identificados con “choques”, internos o externos, financieros o fiscales.

A diferencia del periodo 2009-2013, cuando se “descorcharon” los primeros Valdesianos (en el mismo 2009 y luego en 2011), en la etapa más reciente hemos sido beneficiarios de cuatro medidas de liberación de encaje legal, incluyendo la más reciente que excedió la friolera suma de los RD$30 mil millones.

Para algunos analistas, y me incluyo, esta heterodoxa medida de política monetaria se asemeja a una inyección de esteroides para reiniciar el ciclo crediticio (como claramente lo hizo en 2009 y 2013) y para extenderlo en el tiempo como hizo en 2016, 2017 y en 2019. Nunca antes habíamos presenciado una profundización del crédito bancario privado como ahora. Tal ha sido esta expansión que, en relación con el PIB, el financiamiento total a hogares y empresas pasó de un 20.5% en  2013 a 27.4% del producto en 2019. En el sexenio anterior, y solo como referencia, el aumento fue de solo la mitad (de 16.0% a 20.4%).

¿Hasta cuándo tanta belleza?

En la segunda imagen comparamos el impacto de la liberación de encaje actual con el promedio de las cinco emisiones Valdesianas anteriores. Lo hacemos tanto en términos reales como nominales, para ajustar por cambios en los precios.

Graficamos la dinámica crediticia durante los seis meses anteriores y los seis meses posteriores al anuncio de la medida de liberación de reservas bancarias.

Observe, en primer lugar, que el descorche actual ocurre a un ritmo de crecimiento crediticio superior al del promedio de los cinco anteriores.

También se verá que, en efecto, el inicio de la liberación coincide con un repunte en el ritmo de crecimiento crediticio.

¿Qué tan importante es este repunte? Como solo han pasado dos meses de la medida de 2019, comparamos lo ocurrido en esta ocasión con las flexibilizaciones de las cinco liberaciones anteriores.

En la tercera gráfica se apreciará que, en términos de diferencial en el ritmo de crecimiento al momento del anuncio y el crecimiento logrado pasados los primeros 60 días, es de 1.4% en 2019, idéntico al promedio, en términos nominales, de las liberaciones de 2009-2017.

Incluso, en dos de las cinco medidas anteriores, pasados los primeros 60 días no se logró dinamizar el crédito, sino que este creció a un ritmo inferior, con un diferencial de -0.2% y -0.5%, versus el aumento actual de 9.4% a 10.8% (+1.4%).

En otras palabras, los Valdesianos de 2019, en adición a las otras medidas de flexibilización, incidieron favorablemente sobre la oferta crediticia de la banca.

Los Valdesianos de 2019, en adición a las otras medidas de flexibilización, incidieron favorablemente sobre la oferta crediticia de la banca. Clic para tuitear

Que esto ocurra a esta altura del ciclo sorprende. Sobre todo por los nubarrones actuales que inciden sobre la economía dominicana desde fuera (turismo) y desde dentro, por la incertidumbre política que empeorará antes de mejorar.

Finalmente, un dato sectorial llama la atención. En la última gráfica comparamos el crecimiento interanual de los distintos sectores económicos, al corte de julio, para 2018 y 2019. Si bien es cierto que el crédito a las personas y a la manufactura crecen “viento en popa”, 7 de los primeros 12 sectores receptores de crédito crecieron menos en 2019 que en 2018.

El comercio en particular, que en 2018 creció 17.4%, ahora está estancado. Ese 0% debe preocupar en las alturas bancentralianas y explica por qué muchos entienden que “la cosa” no está bien.

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Capital humano bancario (2019)

by Alejandro Fernández W. | Ago 8, 2019 7:57 am

A pesar de los procesos continuos de eficientización, tecnificación y consolidación del sector financiero dominicano, para mi sorpresa su mercado laboral sigue mostrando una tendencia de dinamismo, aunque algo más tímida que la de periodos anteriores.

Casi es materia de espanto y terror el fantasma representado por las nuevas tecnologías financieras y las transacciones de fusiones y adquisiciones que tienden a consolidar y concentrar el sector, por ejemplo, y que llevarían a una desaparición importante de la nómina bancaria en el país, como ha ocurrido en otros mercados más desarrollados.

En los últimos años, por ejemplo, hemos sido testigos de dos importantes fusiones bancarias, la de los bancos BHD y León en  2014 y la integración actualmente en curso de los bancos Scotiabank y Dominicano del Progreso.

La banca sigue mostrando una tendencia de dinamismo en cantidad de empleados, aunque algo más tímida que la de periodos anteriores, y que, muy probablemente, dejaremos de ver a mediano plazo. Clic para tuitear

Ni hablar, por igual, de la consolidación del sistema mutualista, que pasó de 18 asociaciones a solo 10 o la aún más relevante depuración de los subsectores de la banca de ahorro y crédito y las corporaciones de crédito en los últimos años.

No obstante lo anterior, y tal como podemos evidenciar en la primera gráfica, desde la crisis bancaria del periodo 2003-2004, el sector líder de la banca múltiple ha mostrado una tendencia de crecimiento continua año tras año.

Claro, la banca múltiple se ha fortalecido en parte por la adición de jugadores importantes pertenecientes a otros subsectores (como Ademi y Promerica, ambos antiguos bancos de ahorro y crédito), pero en general también se registra un proceso orgánico de expansión en el capital humano de los principales bancos comerciales.

Al útlimo corte, el crecimiento interanual de los empleados de la banca múltiple fue de 2.8%, su punto más bajo fue el 1.8% de septiembre 2017 y el más alto fue el 11% en junio de 2013, cuando Ademi pasó de ser un banco de ahorro y crédito a uno múltiple.

Si recordamos que la banca ha estado creciendo sus activos en torno al 10% en los últimos años, es evidente que el ritmo de contratación está muy por debajo del crecimiento del negocio bancario, lo que implica que, en efecto, sí hay una mayor (y muy necesaria, por cierto) eficientización del recurso humano bancario, tal como veremos más adelante.

¿Cuáles han sido los jugadores de mayor contratación en los últimos años? En la tercera gráfica se verá que, en el último año, los colosos de siempre, Reservas y Popular, han sido impulsores importantes de la mano de obra bancaria, seguidos por Santa Cruz (un banco emergente de muy alto crecimiento), el BHD León, Banesco, Scotia, Vimenca y Adopem.

En general, dentro del periodo marzo 2018 y marzo 2019, los subsectores banca múltiple y asociaciones de ahorros y préstamos han crecido (886 y 138 nuevos empleados, respectivamente).

En cambio, el subsector de banca de ahorro y crédito y corporaciones de crédito ha visto sus empleos caer en 107 y 88 plazas durante los mismos doce meses más recientes.

De la banca múltiple, el Banco de Reservas explica el 26% de las 886 nuevas contrataciones del periodo analizado más reciente, mientras que se observa una caída importante en la nómina del Banco del Progreso, en torno a los 110 empleados, aunque visto de forma consolidada con el Scotiabank (que contrató 61 nuevos empleados), la caída neta es menor.

Llama la atención la importantísima empleomanía de los bancos dedicados al negocio microfinanciero, como Ademi (1,556 banqueros), Adopem (1,488), Banfondesa (998) y hasta una corporación de crédito, la Norpresa (344), que de hecho se integra al “Top 20” de los mayores empleadores bancarios del país.

Una primera medición de la eficiencia del capital humano bancario sería medir cuántos activos gestiona, en promedio, cada empleado de las entidades bancarias.

Vemos este análisis en la cuarta y última gráfica, donde se verá que, en general, cada empleado de la banca múltiple gestiona unos RD$49 millones, al corte de marzo 2019.

Dos bancos extranjeros y de corte netamente corporativo, el Citibank y Lafise, descuellan por sus altos niveles de eficiencia bajo este parámetro. Por ejemplo, cada “Citibanquero” es responsable de RD$242 millones de activos de esa entidad, casi cinco veces más que el promedio del empleado bancario dominicano. Por su lado, los de Lafise gestionan RD$93 millones, el doble de los demás.

Aquí toca reconocer que, al tratarse de entidades multinacionales, típicamente estas reciben apoyo de capital humano que está fuera del país, en aras de lograr economías de escala a nivel global (o regional), por lo que quizás no sea tan justo comparar a estos con sus pares dominicanos u otros extranjeros presentes en el país.

La banca no explica el 100% de toda la actividad financiera en la República Dominicana. Sobre todo en los últimos años, hemos visto un importante crecimiento en otros mercados, como el de valores, donde el apetito para profesionales, bastante más calificados y entrenados para trabajar en los puestos de bolsa, administradoras de fondos de inversión y otras entidades especializadas ha crecido de forma exponencial en la última década.

Aunque hasta el momento no se vislumbra el “cuco” de la consolidación del capital humano bancario en el corto plazo, sí tiendo a pensar que a juzgar por los avances que se están logrando, sobre todo en las plataformas tecnológicas y digitales de la banca, que de seguro en el mediano plazo, para allá en el periodo 2022-2023, veremos que los activos bancarios tenderán a crecer sin cambios (ni absolutos ni relativos) en la cantidad de empleados, aunque de seguro que mejor compensados y de mayor tecnificación que en la actualidad.

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Ansiedades cambiarias (2019)

by Alejandro Fernández W. | Ago 1, 2019 7:56 am

Lo veo cada vez que entro a mis redes: Argentarium, ¿hasta dónde es que llegará la tasa de cambio? ¿Has visto el nivel de devaluación que enfrentamos? ¿Cómo cerrará 2019? ¿Se repetirá la hecatombe de 2003-2004?

Esos niveles de ansiedad se han elevado sobre todo en las últimas semanas, digamos que, desde inicios del mes de junio hasta la fecha, cuando la tasa de cambio se elevó de RD$50.58 hasta RD$51.09 casi cerrando el mes de julio.

Observamos esta tendencia más acentuado en el nivel de devaluación (ver segunda gráfica), en ese caso de forma acumulada en lo que va del año. Luego de haberse mantenido extraordinariamente estable durante los primeros cinco meses de 2019, acumulando solo una devaluación de 0.6% en ese periodo, ya en los últimos dos meses fue hasta 1.4%, ciertamente supera la devaluación de los primeros cinco meses.

Para determinar si estamos ante una situación de preocupación extrema, siempre es valioso volver al pasado y ver si hemos estado igual, peor o mejor que como estamos en la actualidad.

Hacemos ese ejercicio en la misma gráfica, donde se observará que para finales de julio de 2018, hace exactamente un año atrás, la devaluación acumulada era de 2.9%, en efecto el doble de la pérdida del valor del RD$ frente al US$ en la actualidad (1.4%).

El limbo económico actual va más allá de lo que la política monetaria o cambiaria, por sí sola, puede impactar. Clic para tuitear

Lo que es más, así como a junio de 2019 llegamos a una devaluación acumulada del 0.6%, en el 2018 llegamos a ese mismo ritmo cambiario… ¡Al comenzar el mes de febrero! En la misma línea, la actual devaluación de 1.4% por la que ahora nos rasgamos las vestiduras fue una realidad no en julio de 2018, sino a inicio del mes de marzo de ese año.

Recordemos, porque siempre olvidamos, que 2018 no solo fue un año de marcada estabilidad cambiaria y de precios, sino también con un ritmo de crecimiento económico y dinamismo crediticio particularmente fuerte comparado con lo que muchos habíamos proyectado que se lograría.

A diferencia de años pasados, cuando era recurrente el tema de la escasez cambiaria y la dificultad de acceder a divisas con facilidad y en los montos deseados, este año no se han leído declaraciones por parte de los muchachos industriales de Herrera, por ejemplo, en cuanto a que el dólar no circula con la fluidez esperada.

De hecho, y como podemos ver en la siguiente gráfica, en lo que va del 2019 y tal como hemos identificado en la última década, se sigue manteniendo estrictamente el cumplimiento de lo que hemos llamado la “Regla HVA”, que establece que tenderemos a manejarnos dentro de una banda o tendencia devaluatoria interanual de entre el 2 % y el 6 %.

Si se observa con detenimiento en esa gráfica, de hecho lo que se ha evidenciado en el transcurso de 2019 más bien tiende hacia el rango inferior de la Regla HVA, es decir, entre el 2% y el 4% solamente.

Ampliando el horizonte del análisis semestral, como hacemos en la tercera y última gráfica, se observará que a junio de 2019 la devaluación acumulada ha sido de solo 0.98 %, el nivel más bajo que ha marcado ese indicador durante los primeros seis meses de cada año, por lo menos durante el último quinquenio (2015-2019).

Cierto esto que el susto producido por la caída, real o esperada, en el ingreso de turistas norteamericanos bien pudo generar ciertas preocupaciones entre muchos agentes económicos, pero también debemos equilibrar esto con otra realidad: la economía de este año no es la del año pasado.

A favor tenemos un precio del petróleo más noble que el que promedió para esta época del año pasado, mucho menor expectativa de alzas en las tasas de interés de los Estados Unidos y los mercados globales y, es lamentable decirlo, un menor nivel de actividad económica en la República Dominicana.

Las medidas recientes del Banco Central (las de finales de mayo, junio y julio) son señales de alertas previas de que algo están viendo desde las alturas bancentralianas en cuanto a que la economía no crece ni crecerá este año como antes.

Esto implica, entre otros datos, un menor nivel de productos importados y también una factura petrolera mucho más llevadera que la de años anteriores, ambos elementos que le restan presión al mercado cambiario y que permiten una flexibilidad monetaria bastante más holgada y acomodaticia como la que ha venido mostrando el Banco Central.

Pienso que las autoridades del Gobierno dominicano deberían poner mayor atención a esta realidad económica. A través del crédito privado o la flexibilización monetaria no es verdad que se puede sacar a toda una economía de un estancamiento como el que sufre actualmente la dominicana.

Las incertidumbres, aunque dentro del ámbito político, impactan otras instancias. Ya quisiera uno ver, por ejemplo, al Ministerio de Hacienda menos preocupado con el costo de las elecciones de 2020 y más enfocado en la ejecución del presupuesto del plan de inversión que tenía el Gobierno para este año.

De igual forma, uno quisiera mayor claridad de las autoridades eléctricas en cuanto al estatus de Punta Catalina, el arbitraje con Odebrecht y el real impacto que podrá tener para aliviar las finanzas públicas y el calor que sufre la población por los apagones.

También del lado impositivo, aunque aplaudimos los logros recaudatorios de parte de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) en el primer semestre, también sería conveniente que se termine de definir, o no, si se ejecutará la tan esperada amnistía fiscal para aliviar la ansiedad tributaria que afecta a muchos empresarios y profesionales.

En cuanto a la tasa de cambio para el cierre de 2019, sigo manteniendo lo que proyectábamos en noviembre pasado en nuestras “predicciones”, que cerraremos este año por debajo del nivel de RD$52.95 por US$. Pero esa, queridos lectores, es la menor de mis preocupaciones o de lo que me podría causar ansiedad.

El limbo económico actual va más allá de lo que la política monetaria o cambiaria, por sí sola, puede impactar. Ojalá que el Gobierno esté consciente de esto. De lo contrario, lo que nos espera no es nada halagüeño.

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