El premio Argentarium… ¡por fin!

El premio Argentarium… ¡por fin!

No hay mal que dure 100 años… ni cuerpo que lo resista. Treinta años después de su introducción, las tarjetas de crédito en el país finalmente operarán bajo un régimen de cierta equidad, racionalidad y transparencia.

Mucho ha sido lo dicho y desdicho de ciertas prácticas vigentes en nuestro país para ese producto desde su introducción a inicios de los 1980s.

Como ven en la cita de abajo, el tema ha sido recurrente en esta columna desde su inicio, cuando hablamos sobre la necesidad de que la banca adecuara sus estándares de transparencia e interacción con los usuarios de servicios financieros.

No puedo olvidar, todavía, la reacción de un presidente bancario cuando, en un ámbito social, le comenté que estaría analizando los precios de las tarjetas de crédito en la columna: “Alejandro, mejor no toques esa tecla.”

Eso fue a inicios de 2006 y, por lo menos en una docena de entregas de Argentarium hemos, con fundamento e insistencia, “tocado esa tecla.”

Los títulos hablan por sí solos: “Una revolución silente en la banca”, “Transparencia ante el usuario”, “Yo tengo un sueño”, “El silencio de la tumba”, “Carta a Altagracita”, “Mi contrato de adhesión”, “Asalto a mano armada”, “La resurrección (crediticia)”, “Mi relación con ella” (¡una serie de TRES!), “Nuestro dinero, nuestros derechos”, “Comesolismo bancario”, “Avanzamos Sancho, ¿avanzamos?” y, más recientemente, “¿Es mucho pedir?”.

La motivación a tratar tan reiteradamente el tema, además de la motivación que inconscientemente me brindó el banquero amigo, es sencilla: a julio de 2012, más de 2,124,000 dominicanos cuentan con una tarjeta de crédito como herramienta de pago y, lamentablemente, hasta para financiarse.

Nuestras quejas sobre las tarjetas de crédito van más allá de que son un producto costoso desde el punto de vista de la tasa de interés que se cobra. Eso se mantiene, quizás por un tiempo más.

Cuestionamos temas elementales. Como que, por ejemplo, se comercializara la tasa de interés en base mensual (un “7%”) en vez de como manda la Ley Monetaria y Financiera (un “84%”).

Y, aún regularizado eso, existe cualquier cantidad de diferencias en la metodología de cálculo del costo financiero del producto bancario, a tal punto que comparar la tarjeta de un banco con otra se hacía un ejercicio teórico e inútil para el consumidor.

Algunas entidades aplicaban el cargo de interés sobre el saldo insoluto, cuando la mayoría lo hacía sobre el saldo soluto, dándose la situación de que pagabas interés por el consumo total (RD$1,000) cuando, quizás, ya habías pagado por casi todo (RD$900).

Peor: recibías el estado de cuenta de tu tarjeta sin que te indicaran que, de optar por hacer el “pago mínimo”, estarías pagando una tasa de interés del 90% (cuando en tu cuenta de ahorro te pagan 0.70%). Tocaba esperar al siguiente estado para enterarte, después del hecho, del palo ya dado (y recibido).

Así las cosas, confío plenamente que mi banquero amigo, el de “no toques esa tecla”, entenderá el por qué, como escribidor, le he dedicado tantas columnas por pulgada al tema.

El premio Argentarium

Fue tal mi nivel de decepción con las prácticas bancarias referentes a las tarjetas de crédito que, hace unos años, queriendo motivar a la industria con una zanahoria (y no con el garrote de mi tecla), hasta un premio (simbólico) creamos.

Ya que lo de nombrar premios se hace algo tan delicado en estos días (recuerde “El Soberano” del “Casandra”), el premio, con poca modestia, se llamaría “El Argentarium” y se la entregaría a la entidad financiera que más avanzara en su relación con los usuarios bancarios.

Señoras y señores, tengo el placer de anunciarles que, ¡por fin!, tenemos el ganador del primer Argentarium.

En diciembre del 2011, la Superintendencia de Bancos adecuó el marco regulatorio de la tarjeta de crédito a un estándar que, en nuestra opinión, aunque todavía no es el óptimo, representa un gran avance a la práctica local de 30 años.

Lamentablemente la entrada en vigencia de esa norma, contenida en la carta 005/11 firmada por el ex-Superintendente de Bancos Ng Cortiñas, fue pospuesta, a requerimiento de la industria (parece que necesitaban más tiempo para adecuar sus sistemas tecnológicos), en abril y, nuevamente, en agosto de este año. Tocaría esperar hasta enero de 2013.

Para mi grata sorpresa, por lo menos un banco nos informó que, a partir del 1ro de septiembre de 2012, asume como suyo la nueva regulación de la “Super”, sin recurrir a la prórroga de enero 2013.

Van, pues, mis felicidades y este premio al Banco Popular Dominicano.

También te interesará leer los premios posteriores:

  1. El premio Argentarium 2014
  2. El premio Argentarium 2015
  3. El premio Argentarium 2016


 “Es mejor ser parte integral de la revolución silente del consumidor bancario, que ya existe en otros países, y que más temprano que tarde llegará al nuestro, a que les coja a los bancos de sorpresa y en su contra.”

Argentarium, Hace seis años y siete meses hoy (2006).

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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