Una (necia) distorsión tributaria

Una (necia) distorsión tributaria

Stock / Natali_Mis

Si bien es cierto que todos los impuestos son necios, ninguno como el odioso 0.15% que retiene la banca por cuenta de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) cada vez que realizamos algún tipo de transferencia electrónica o hacemos algún pago con cheques.

El colmo es que, aunque el impuesto solo contempla aplicarse a terceros, muchas veces es aplicado, indebidamente, en transferencias entre cuentas de depósito del mismo dueño.

Por supuesto, aunque muchos todavía no lo entienden, el 0.15% aplica cada vez que pagamos nuestros propios préstamos o tarjetas de crédito, pues no olvidemos que en definitiva el pago se lo estamos haciendo a la entidad financiera que nos otorgó la facilidad crediticia inicialmente, que en efecto es un tercero.

Motivamos, tal como hicimos en julio de 2006, que se desmonte, así sea gradualmente, el impuesto sobre las transferencias y pagos a terceros. Clic para tuitear

Algunos olvidarán que este impuesto surgió, en parte, como un “castigo” a los proveedores o usuarios del sector financiero dominicano, a raíz de la crisis bancaria de 2003, que implicó una importante necesidad de recursos para financiar el salvataje a la banca que el Estado realizó entonces. Por esto, la idea era que fuese un impuesto “temporal”, destinado a ser desmontado a pocos años de su primera aplicación, que tuvo lugar a finales de 2004.

En 2005, primer año completo de su vigencia, el 0.15% representaba US$104 millones (RD$3,133 millones) o el 3.8% de las recaudaciones de la DGII. En momentos de crisis económica, sin dudas, era un impuesto fácil de aplicar y cobrar, por lo que pocos cuestionaron su efectividad.

Casi quince años después, en el año 2018, su incidencia se ha reducido significativamente. Ahora solo representa el 1.5% del total de recaudaciones de la DGII o unos US$165 millones (RD$8,100 millones) y pasó a ser, como vemos en la primera gráfica, el noveno renglón de mayor relevancia para la administración tributaria.

El lado oscuro del 0.15%

A nadie le gusta pagar impuestos. Y si te recuerdan que lo estás haciendo cada vez que haces algún tipo de pago o transferencia a terceros, como lo hace la banca en los estados de cuenta o movimientos de transacciones que presentan a través de sus plataformas web, el incentivo para tratar de evitar pagar el 0.15% es alto.

No me cabe la menor duda de que este impuesto, que ciertamente existe en otros países de la región (probablemente gracias a que tuvieron los mismos organismos internacionales que nosotros recetándole soluciones tributarias), impacta adversamente los niveles de bancarización e inclusión financiera en la República Dominicana.

El sentido común nos explicaría el por qué, pero también hay “papers” del Fondo Monetario Internacional que establecen que estos impuestos a las transacciones financieras “distorsionan y contribuyen significativamente a la desintermediación financiera y no son una fuente confiable de ingresos fiscales al mediano plazo”.

De forma parecida se expresaba la reconocida economista peruana Liliana Rojas-Suárez, que concluyó, ¡en el 2005!, que medidas como el 0.15% son instaurados por “una regulación que genera distorsiones importantes en los sistemas bancarios de la América Latina”.

Ningún hacedor de política pública moderno apostaría a una medida tributaria-financiera que incentiva el uso del efectivo como medio de pago, mucho menos en esta nueva era de pagos digitales e instantáneos, que apuestan a la sustitución de nuestras billeteras tradicionales por nuestros teléfonos inteligentes.

El reto que tenemos como país de enfrentar y prevenir el lavado de activos por ilícitos como el narcotráfico, la corrupción o la evasión de impuestos, obviamente que se ve impactado adversamente por cualquier impuesto que motive el uso del efectivo.

Peor es el hecho de que, en parte en respuesta a la decisión de muchos usuarios de ir a los cajeros de los bancos para realizar retiros de efectivo (y así evitar el 0.15%), las principales entidades financieras decidieron aplicar comisiones por este concepto, a veces de hasta el 0.2% del monto retirado.

Medidas como esa solo encarecen la intermediación financiera, aumentan las molestias de los usuarios financieros y explican su justificada indignación por verse requeridos a pagarle al banco para retirar su propio dinero en efectivo.

Un desmonte necesario

Desde Argentarium motivamos, nuevamente, tal como hicimos en nuestra columna “Un impuesto necio”, allá en julio de 2006, que se desmonte, así sea gradualmente (0.15%, 0.10%, 0.05%), el impuesto sobre las transferencias y pagos a terceros.

De las autoridades atender este más que justificado reclamo, igual pienso que sería procedente y necesario que los intermediarios financieros, por su cuenta y comprometidos frente al Estado, también desmonten las igualmente necias comisiones que han establecido por retiros en efectivo, resuelto su factor causal principal.

Aunque el Estado sacrificaría una fracción insignificante de sus recaudaciones, las mejoras que se lograrían en materia de inclusión bancaria, menor costo de intermediación y mayor cantidad de transacciones seguras y transparentes, redundarán en un mejor nivel de actividad económica formal. Esto ayudaría a corregir distorsiones en las rentas que, ¡ahí si!, hace sentido gravar.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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