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Apuesta a Duarte

Apuesta a Duarte

IStock / johan10

El niño, si mal no recuerdo de unos diez años, sacó de sus bolsillos un puñado de billetes estrujados y se lo mostró a su padre, que estaba sentado en la cabecera de la mesa, orgulloso del pequeño capital acumulado. “Mira, papá, ya tengo ahorrados nueve pesos…”

Nueve pesos cuando cada peso todavía era una papeleta y rendía para varios viajes al colmado por refrescos, platanitos y paquitos Archie, Memín o Kalimán. Era en aquella época toda una fortuna, pues estamos hablando del año 1982.

¡Pobre del niño! En vez de recibir palabras de estímulo del padre, se ganó su boche. “El papel moneda no debe tenerse así, todo estrujado y embollado. Representa los símbolos patrios, así es que cuídalo mejor y nunca lo maltrates”.

El peso está bajo ataque. En abril la depreciación superó el 7.3%. En este contexto, lo mejor que podemos hacer es mantener la confianza en nuestras autoridades actuales, en nuestra moneda y nuestro sistema financiero. Clic para tuitear

En esa historia el niño era yo y mi padre, en ese momento, el recién renunciante gobernador del Banco Central, que me enseñaba ese aspecto del papel moneda a muy temprana edad.

Recuerdo la anécdota en un contexto en que el actual gobernador del Banco Central enfrenta uno de los momentos más delicados en la historia de la moneda dominicana, bajo amenazas de magnitud extraordinaria, con el riesgo de verse tan maltratada por la pandemia de 2020 como aquellos pesitos envueltos en el puño que los abollaba y estrujaba en el año 1982.

La Regla HVA bajo ataque

El peso está bajo ataque. Por segunda vez en una década, la devaluación interanual tradicional que establece la “Regla HVA” (es decir, un piso de 2% y un techo de 6%) se ha roto.

Como vemos en la primera gráfica, la depreciación en los meses de marzo y abril se disparó más allá del “techo invisible” de variación interanual de 6%, superando la depreciación de abril el 7.3%.

“Poco me lo jayo”, diríamos en el Cibao, tomando en consideración el desplome de la economía global y las embestidas que han sufrido sectores críticos para la generación de divisas del país, como el turismo, las remesas y las propias zonas francas.

Un ejemplo quizás baste: ya en marzo, las remesas recibidas cayeron un 21.8% al compararlas con igual periodo de 2019, su mayor desplome en la última década.

La pérdida de US$1,400 millones en divisas (o RD$72,000 millones de ingresos para el hogar dominicano) por una caída proyectada del 20% de remesas en este año nos impactará duramente.

Ni hablar del sector hotelero, que se encuentra paralizado y conectado a un respirador, con la esperanza de que en los próximos 6, 12 o 18 meses, se logre identificar algún tipo de tratamiento o vacuna para la desgracia que nos arropa.

Una posición ingrata

Frente a una situación como la actual, de importante pérdida de fuentes de divisas, para evitar o controlar una posible fuga de capitales, un banco central en tiempos ordinarios aumentaría las tasas de interés, para resguardar el valor de la moneda criolla.

Sin embargo, las autoridades del Banco Central están entre la espada y la pared, puesto que precisamente para mantener a flote la economía, y tal cual como está haciendo el mundo entero, han tenido que abrir la llave de liquidez para asegurar la estabilidad del sistema financiero y de pagos.

Un aumento de las tasas a nivel local sería impensable en el corto plazo, salvo que se aspirara a decapitar  definitivamente cualquier posibilidad de supervivencia de nuestros hogares y tejido empresarial.

¿Qué hacer?

A diferencia del pasado, cuando era común escuchar críticas sobre la acción de las autoridades en el manejo de su política cambiaria, en esta ocasión todas mis conversaciones con banqueros y banqueras concluyen en lo mismo: “El hombre está haciendo lo que tiene que hacer… No hay de otra… Yo sí que no quisiera verme en la posición en que él está ahora”.

El deslizamiento gradual, aunque todavía controlado y de gota a gota, de la tasa de cambio, combinado con un uso paulatino de las reservas internacionales, resulta odioso, pero desgraciadamente necesario en estos momentos.

La apuesta, imagino yo, es a que se podrá mantener una franja de devaluación controlada, probablemente del doble del techo anterior (10%-12%), hasta que se logre afianzar de manera más sustentada el valor del peso.

Todo indica que hay que esperar esta segunda etapa para después del 5 de julio, cuando se haya elegido un nuevo presidente. Entonces las nuevas autoridades tendrán que conformar un equipo económico que logre reafirmar la confianza de los inversionistas y encaminar al país hacia una reactivación económica sostenible.

Señaladas esas autoridades, las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, los demás organismos internacionales y otros actores, serán las llaves para abrir las puertas de la estabilidad y la reactivación.

Hasta entonces, solo nos queda apostar a la supervivencia. Mantengamos la confianza en nuestras autoridades actuales, en nuestra moneda y nuestro sistema financiero, pues apostar a la desconfianza, la inestabilidad o el pánico, es atentar en contra de toda la nación de Duarte.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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