Tsunami económico

Tsunami económico

El «negocio», para no decir la estafa, la pirámide o el ponzi, promete lo que cualquiera desea escuchar: retornar tu inversión y más que duplicar tu dinero de forma rápida y fácil. Por la codicia y la avaricia desmedida y el querer pasarse de listo, surgió la primera ola de un eventual y próximo tsunami financiero en la República Dominicana.

Lo de «más que duplicar tu dinero» no es una exageración. En un año, la banca dominicana promete pagarle a un inversionista en un depósito a plazo fijo en US$ una tasa de interés de 2.0%. Si le parece poco, recuerde que en Estados Unidos la mejor tasa es un 0.8%.

En el caso del «negocio», la promesa es que en un año se recibirá un retorno equivalente al 247%. ¿Leyó bien? 247%.

Para poner esto en contexto, lo anterior equivale a decir que en menos de dos días recibirás un retorno parecido al que te pagan los bancos yanquis… ¡En un año! En tres días, el «negocio» te pagará lo que una entidad financiera dominicana tardaría todo un año en retornarte.

Insistiré, para que dimensionemos lo increíble (literalmente increíble e imposible) de la propuesta del «negocio»: En un año te prometen un retorno en US$ que un banco tardaría 308 años en pagarte.

En cuanto a fácil, ciertamente que lo es. En esta nueva maravilla del mundo moderno de la publicidad y las telecomunicaciones, no tienes ni que pararte de tu computadora para ser parte de esta insuperable «oportunidad».

Basta con que pongas un anuncio diario (que el «negocio» te indicará) en una página web (del mismo «negocio») anunciando el producto (¿adivina de quién?).

Si estás pensando que el «trabajo» anterior equivale a «spamming»… ¡Estás en lo correcto! El «negocio» quiere que le pagues como mínimo US$299 (aunque hay diferentes paquetes) para darte la oportunidad de colocar «spam» (publicidad no deseada) en el internet.

Cualquiera pensara que sería mejor y más económico automatizar este proceso de «spam», pero para el «negocio» es importante venderte la ilusión de que, de hecho, estás «trabajando» para recibir tan extraordinarios rendimientos.

Olvídate de que nadie verá los «anuncios» que colocas. ¿O conoces a alguien que los ha visto? Ni que venden nada más allá del propio «negocio». Y, obvio, los anuncios no pueden ser de más nadie pues… ¿A que empresa legítima se le ocurriría pagarte US$2.95 por cada anuncio «spam» que publiques, cuando hacer lo mismo en Google, Yahoo o Bing cuesta 300 veces MENOS?

Debo decir que el «negocio» también ofrece un servicio que cuesta US$49.99 mensualmente. Conozco pocas personas que lo utilizan.

Corrijo. No conozco a nadie que utilice este servicio de «voz sobre el internet», y aun menos a ese precio cuando hay ofertas, por ejemplo, de Skype a tan sólo US$9.99 al mes.

Pero… De que hay un producto, ¡Lo hay! (Otra cosa es que sirva.)

Aunque el «negocio» se presenta como una gran empresa multinacional, con «sedes» en Estados Unidos y el Reino Unido, seguramente no te dirán que esas oficinas son simples despachos virtuales, y que donde se dice están, encontrarás decenas (¿cientos?) de otras empresas registradas en la misma dirección.

Quizás no sepas que donde realmente llegó a crecer el «negocio» fue en un país sudamericano. ¡Sí! Lamentablemente, en junio del año pasado sus operaciones en ese país fueron suspendidas por las autoridades, que lo calificaron uno de «los mayores fraudes financieros en su historia». Posiblemente hasta un millón de personas como tú, y como yo, se vieron afectadas por la suspensión del «negocio». Dos, por lo menos, se suicidaron.

Días después, uno de los payasos más histriónicos detrás del «negocio» salió en YouTube afirmando «Tu negocio está asegurado. Tú, que eres 100% del negocio, también estarás 100% seguro… ¿O crees que la aseguradora Mapfre respaldaría algo que no es 100% legal? ¡Ahí está la legalidad de nuestra empresa!»

De poco valió aquella «legalidad», pues la prestigiosa aseguradora publicó en su web: «Informamos que no tenemos ningún tipo de relación comercial o sociedad con la marca ni las empresas del «negocio». (Un mes antes otra aseguradora había hecho el mismo desmentido.)

En ese país, la acción legal continúa (incluyendo amenazas de muerte y fotos de fiscales supuestamente asesinadas), y se espera culmine a mediadas de 2014.

El «negocio» se internacionaliza 

La estafa llegó a la República Dominicana a inicios del año pasado, pero fortaleció su actividad hacia mediados del 2013.

Aunque no fue hasta septiembre que registraron su marca, han logrado, cual cáncer en metástasis, un crecimiento exponencial en menos de seis meses.

Estimo en cientos de millones de pesos (no, no exagero) los invertidos en el «negocio» durante este breve tiempo.

Impresionante logro éste, sobre todo tomando en cuenta que el capital del «negocio» aquí es de sólo US$23,000 (aunque superior al de la filial constituida en Inglaterra hace cinco meses, con un capital equivalente a US$1.66. ¡Sí! US$1.66.)

A pesar de su suspensión por prácticas irregulares, de haber mentido y dejado en el aire a un millón de «promotores», de sus cuestionamientos en Perú, alertas policíacas en Gran Bretaña denunciando «un fraude potencial» e investigaciones en los Estados Unidos, de su irrisorio capital, de sus oficinas fantasmas en direcciones virtuales, de tener entre sus principales promotores (aunque con nombre disfrazado) al fundador de FoneClub, otro ponzi intervenido por la SEC (la Superintendencia yanqui), de que defensivamente publicitan quién es su abogado (el mismo que justificó las quebradas estafas Ad Surf Daily y Zeek Rewards) y, sobre todo, de que ofrecen un retorno absurdamente alto, el «negocio» prospera.

¿Que qué tanto prospera? Tanto, que su página web es la 19 más vista en toda la República Dominicana, y que, de las páginas locales, sólo la de 3 periódicos y 1 banco múltiple, reciben más «tráfico» desde el país. Tanto, que algunos fiscales, policías, políticos, pastores, y quién sabe cuántas otros «líderes» motivan para que sus seguidores dejen sus empleos, vendan activos, y hasta que se endeuden para entregarse de lleno al «negocio».

Prospera y prosperará mientras nos dejemos engañar por extranjeros que llegan de la mano de criollos perversos, que se aprovechan y explotan la ignorancia, las debilidades y, si, la avaricia de un pueblo que todavía intercambia su oro por mentiras y espejitos de cristal, igual que nuestros antecesores taínos.

¿Hasta cuándo? Hasta que nuevos incautos o ambiciosos «emprendedores» sigan enlistándose, de tal forma que sus ahorros sean utilizados para pagar a los anteriores (más «listos» que ellos), y engordar al burlesco faraón extranjero.

No hay nada que hacer 

Los estafados, cual fanáticos seguidores de una secta, leerán estas líneas, algunos con incredulidad, y muchos con rechazo. Y es que, sin importar cuál sea la verdad, el «negocio» es la mentira precisa con la que ellos quieren ser engañados.

Hasta un día.


«Nadie tiene más posibilidades de caer en el engaño que aquel para quien la mentira se ajusta a sus deseos.»

Jorge Bucay, psicoterapeuta y escritor

 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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