De pirámides y faraones

De pirámides y faraones

Las pirámides financieras sacan lo peor de las entrañas económicas de sus víctimas. Son muestras, obviamente, de la avaricia y la codicia desenfrenada. Evidencian también una falsa solidaridad, por lo egoísta.

El deseo de quererse aprovechar del otro. La ignorancia de creer que el dinero crece por sí solo, sin antes pasar por la creación de algún valor para la sociedad. Reflejan la falta de voluntad individual y nuestra capacidad de correr en manadas, cual si fuéramos ganado guiado por un pastor (“el faraón”) desconocido por todos.

Son capaces de desplazar la actividad económica real, al asumir una vida propia inexplicable para todos. En algunos países, cientos de miles de personas han liquidado su ganado y cosechas, vendido hogares de familia y joyas familiares, y hasta endeudarse irracionalmente para acumular fondos adicionales que “invertirían” en el esquema.

Lo peor de todo es que, frente a estos instintos básicos, hay muy poco que podamos hacer para evitar esos fraudes. Por esta razón es que nos encontramos con ellos, de forma tristemente recurrente, aquí, en Colombia, en Albania, en Lesotho y en el Manhattan de Madoff.

Ponzi vs Las pirámides 

Aunque tienen muchos parecidos, sobre todo por los retornos absurdos que “prometen”, no es lo mismo un esquema Ponzi que uno piramidal. Las pirámides, pienso yo, son más perversas, pues ensucian no solamente al faraón que las estructura inicialmente, sino también a toda una población que se hace cómplice y partícipe activo del fraude general.

En cambio, en un esquema Ponzi, hay un lugar central (como los fondos de inversión de Madoff) que, ofreciendo un retorno irreal, son receptores que mantienen una ficción hasta tanto se acaban los últimos bobos con cuyos fondos se pagan los retornos de los primeros..

Ambos esquemas, además de apelar a nuestros instintos, comparten la forma en que nacen, crecen y, sin falta, mueren. Iniciados por algún genio, los esquemas se validan ofreciendo retornos espectaculares para atraer a los miembros iniciales. Estos primeros participantes son los que se aseguran de involucrar a otros tantos, que se integran al esquema de forma masiva, trayendo con ellos fondos que han llegado a representar, como en el caso de Albania, hasta el 80% de una economía.

Obvio que como toda mentira, eventualmente es descubierta y los esquemas colapsan. Tarde o temprano. Ojo que puede ser tarde, como el caso Madoff, que duró décadas con su engaño. La anécdota más triste de la última pirámide en el país la ofrecen mis estudiantes universitarios. El esquema se esparció como la pólvora, pues las “inversiones” eran pequeñas para los jóvenes de clase media que fueron los primeros en incursionar vía las redes sociales. Otros, como mozos de restaurantes frecuentados por los “jevitos”, al enterarse de la pirámide, apostaron también. Al ser los últimos en ingresar, fueron también los primeros en perder. Así de miserable resultó la pirámide de la nueva solidaridad.

¿Qué podemos hacer?

Educar, prever y actuar. Hay que felicitar a la Superintendencia de Bancos por la alerta que ofreció a la población durante la última aparición piramidal en el país. En otras ocasiones, las autoridades han hecho como avestruces por miedo a enfrentar a los faraones o las masas que participan en las pirámides. Dicho esto, la alerta fue tardía. Según mis estudiantes, ya los esquemas tenían alrededor de un mes bien activos en muchos medios sociales, específicamente los tecnológicos. Sería conveniente establecer algún tipo de mecanismo de monitoreo y seguimiento a estas amenazas a la estabilidad para poder enfrentarlos con mayor antelación que ahora.

Por otro lado, aunque nunca será una solución definitiva, nuevamente estos eventos reiteran la importancia que tiene una buena “alfabetización financiera” para educar a jóvenes y adultos sobre la administración de sus ahorros. Estimo que el sector despilfarró RD$5 millones en el inútil y burocrático debate de los contratos de adhesión. Lástima que todo ese tiempo y esos espacios pagados no se hayan utilizado en algo más inteligente.

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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