¿Y si dejo de pagar? (2/2)

¿Y si dejo de pagar? (2/2)

Nuestra triste historia de Pedro y su dilema financiero no es única. Lamentablemente, su recurrencia es amplia y la decisión que el estaba contemplando (“¿Y si dejo de pagar?”) es también de decenas y, posiblemente, de cientos de miles de dominicanos.

En el país existen más de 2,000,000 de usuarios de crédito bancario, fundamentalmente en la forma de tarjetas de crédito, pero también a través de préstamos de consumo, de vehículos y, para un grupo más limitado, de hipotecarios.

Conservadoramente estimo que más de 200,000 tarjetahabientes y deudores (10% de esa población) tratan de lidiar, al igual que intentó Pedro, con la realidad del sobreendeudamiento, el estrés financiero y terminan, cual enfermos por la mora, como leprosos bancarios manchados por las deudas.

El relato de Pedro no debe servir, solamente, como un ejemplo más de educación financiera aplicada. De hecho, antes ya expusimos lo que debe hacer en “Enlíados” y en “Recomenzar: Paso a Paso”, una serie de dos columnas publicadas en este mismo espacio.

Más bien, el dilema de Pedro debe servir como reflexión: para los deudores actuales y los potenciales. Para que se vean potencialmente en ese espejo y, aunque a nadie le deseamos esa crítica situación, sepan que lo de Pedro no es algo único, ni imposible.

En especial, los jefes de familia, madres y padres, deben estar vigilantes del acceso del crédito que hagan las nuevas generaciones, para orientarles sobre su uso consciente y responsable.

Los empleadores, por igual, también deberían asumir un rol orientador, aprovechando su privilegiada interacción y rol en bancarizar a sus colaboradores.

Pedro, nuestro enlíado, debe ser también motivo de interés para nuestras autoridades monetarias y financieras.

¿Que por qué? Por un lado, porque existe la posibilidad de que una mora como la de Pedro se generalice y ponga en riesgo todo el sistema bancario. ¿Ocurrirá? No en lo inmediato, pero basta ver hacia al Norte (EE.UU. y Europa) para saber que esto imposible no es.

Segundo, porque en nuestro afán de bancarizar y formalizar el crédito, es posible (involuntariamente, claro está) inducir a un sobreendeudamiento inmanejable en el mediano plazo por usuarios con muy poco conocimiento financiero y un bien conocido contexto de fragilidad económica generalizada.

El mensaje de Pedro a los bancos

Quien más se debe interesar en la historia de Pedro son los mismos banqueros y banqueras que, con tanto gusto, esmero y creatividad, le facilitaron el acceso al dinero plástico, al préstamo para su vehículo y otras necesidades con más deuda.

El deudor, en materia de 90 días, puede pasar de la celestial preferencia y esmerada atención de un cliente bancario al insoportable infierno del turbocobros, las actas de alguacil, las cuentas mordidas y el desgarrador proceso del cobro forzoso.

No exagero. El plazo entre el cielo y el infierno dista entre sí, tan solo 90 días.

Además de revisar sus procesos de otorgamiento de préstamos para evitar sobreendeudamiento, recomendamos que revisen sus políticas de cobro y que contemplen establecer, como se hace en otros países, un “purgatorio crediticio” o espacio intermedio previo a que el deudor salte al infierno con la horca al cuello.

Si el banquero desconfía de esa recomendación, le invito a revisar la efectividad demostrada por las oficinas de cobro que tercerizan. Les invito, también, a cuantificar el valor que dejan sobre la mesa al ceder esas deudas morosas que, muchas veces, terminan siendo pagadas.

Ahora es el momento para hacer pública esta situación. De prever y de prepararnos para una mora mucho más generalizada que, tarde o temprano, nos arropará. ¿Estamos preparados para ella?

Consejos para enfrentar el exceso de deudas

El problema de Pedro es, dentro de todo, manejable. No será Pedro la primera ni la última persona que reconoce tener un serio problema de sobreendeudamiento y que, con disciplina, tiempo y sacrificio, logra superarse y recomponerse.

Nuestro enlíado ya tomó la primera y más correcta decisión: conversar con su asesor financiero, en este caso un amigo desinteresado que le puede ayudar a ver su situación con más frialdad y cálculo.

El solo hecho de conversar con Alejandro ayudó a Pedro a concienciarse sobre las implicaciones de declarar una mora a todos sus acreedores.

Lamentablemente, muchos deudores que sí tienen la voluntad, aunque no la capacidad para pagar, desconocen el alcance y la gravedad de las consecuencias del no-pago. ¡Quizás la gran mayoría!

Pedro tiene que analizar más fríamente el por qué llegó a la situación en la que está. Evidentemente, por el caso en cuestión, fue un asunto más de gasto excesivo y desenfocado, que una situación médica o una disminución inesperada de los ingresos por el desempleo.

¿Qué hacer para empezar a saldar las deudas?

Los excesos y las bonanzas de antes tendrán ahora que ser pagados con sacrificios y decisiones difíciles. Aunque tocaría tener un análisis más preciso de todos los activos, pasivos y del presupuesto de ingreso y gasto de Pedro, es evidente que posiblemente él tendrá que disponer del vehículo por cuyo préstamo se enlió para comenzar.

Con el producto de esa venta, y de otros ahorros que tendrá que hacer por vía de recortes de gastos innecesarios (celulares, internet, cable, salidas, loterías, etc.), Pedro tendrá que negociar acuerdos de pagos víables con todos sus acreedores, de manera franca y directa.

La negociación incluirá ampliaciones de plazos, descargar moras y penalidades y pagar solo intereses por un tiempo.

En el país existen muy pocas instituciones que le ayudarán en este proceso, toca destacar las facilidades que ProConsumidor brinda a través de su Unidad de Conciliación de Deudas, y a la cual motivamos que los deudores que ya están a nivel de cobros forzosos recurran.

La Fundación Fénix, que trabaja temas de adicción de forma general, facilita un grupo de trabajo para compradores compulsivos y deudores en situaciones extremas que también puede ayudar.

 


«Nuestra mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”.

Confucio

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 20 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.




Volver Arriba