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El Reglamento de Evaluación de Activos (3 de 3)

Lo primero es que debemos destacar y aplaudir los avances, logrados gracias a las cuantiosas inversiones y las lecciones aprendidas tan costosamente para el país, que tanto nuestra Superintendencia de Bancos como el grueso de la banca dominicana han venido logrando en estos últimos años.

Dedicado a S.B., que me enseñó a tomar riesgos.

Justamente esta semana, la Superintendencia de Bancos (SIB) ha descendido sobre buena parte del sector financiero, dentro de su cronograma de trabajo ordinario, para llevar a cabo su proceso de inspección in situ que contempla, entre otras innovaciones, la aplicación de la supervisión basada en riesgos y del mismo Reglamento de Evaluación de Activos (REA), que a la fecha solamente ha sido aplicado integralmente por las mismas entidades, en sus autoevaluaciones y por las evaluaciones de sus auditores externos.

Lo anterior es importante pues, en cierta manera, cualesquiera comentarios a modo de crítica o sugerencias de mejoras que pensamos exponer en está ultima entrega de la serie sobre el REA podrán variar significativamente, en el transcurso de las próximos meses, en la medida que logramos apreciar tanto el fondo como la forma en que la SIB aplica el reglamento. Pues lo cierto es que, dada la complejidad e implicaciones propias del REA, su efectiva implementación no culminó con su promulgación por la Junta Monetaria el 29 de diciembre de 2004, sino que es un proceso que sobre la marcha, con el tiempo y las debidas interacciones entre el sector financiero y el Organismo Supervisor, madurará.

No hay duda, sin embargo, que el discurso que Argentarium pudo apreciar de la mayoría de los banqueros que entrevistamos para estas entregas ha cambiado radicalmente cuando recordamos el que predominó durante los primeros meses siguientes a la aprobación del REA. Aunque todavía existe bastante aprehensión en cuanto a cómo terminará aplicándose la normativa, más de un banquero nos comunicó su aceptación de los principios generales de evaluación de activos, incluso de la hegemonía de la capacidad de pago (en relación al historial de pago) como variable determinante al momento de aprovisionamiento, aspecto que en su momento fue el más controversial de todos.

Aunque la SIB ha realizado importantes esfuerzos para documentar su interpretación de la aplicación del reglamento, y de llevar esto a nivel de todo el sector financiero por medio de una serie de seminarios- talleres ofrecidos por algunos de sus mejores técnicos, lo cierto es que hubo ciertas debilidades en la planificación de este proceso de «socialización”. La primera es que no alcanzó el tiempo para incluir dentro de este programa de capacitación a representantes de firmas de auditores externos que, en dos ocasiones durante el 2005, fueron los responsables de aplicar el REA independientemente. La razón para esto fue que los talleres vienen a ofrecerse a finales del año fiscal, cuando ya algunos auditores incluso habían iniciado sus trabajos del 2005.

Asimismo, el ejercicio estuvo basado en responder a las “Observaciones e Inquietudes” que el sector financiero había comunicado a la SIB, cuando posiblemente hubiese sido igual (o más) atinado haberlo complementado con una serie de estudios de caso o expedientes reales donde, conjuntamente, el supervisado y el supervisor hubiesen podido interactuar de manera más integrada y dinámica en el proceso de aprendizaje.

Hacemos estas aclaraciones pues tenemos la firme esperanza de que las debilidades puntuales que esbozaremos a continuación sean producto de un proceso de comunicación entre el banco, su auditor externo y el Organismo Supervisor, que podrán ser superadas. Esperamos que venga al caso aquella anécdota del teléfono, donde un mensaje se pasa de persona a persona en una cadena, terminando el ciclo muy diferente al mensaje original.

Una evaluación de riesgos integral. Decíamos la semana pasada que si bien es cierto que el REA establece, en su Artículo 13 que “la evaluación del flujo de efectivo constituye el aspecto central de la clasificación del deudor”, a continuación leemos “Sin embargo, otros factores financieros deberán ser considerados dentro de la evaluación de la capacidad de pago del deudor.” El ejemplo clásico es el siguiente: Se acerca el fin de año, Importadora Dominicana, S.A. (IDSA) vislumbra un aumento en la tasa de cambio, por lo que procede a aumentar sus inventarios significativamente, pre-pagando a su suplidor extranjero por medio de una inyección proporcional de aportes patrimoniales extraordinarios. Evidentemente que el flujo de efectivo operacional empeorará, temporalmente, tanto porque el cliente aumentó sus inventarios como porque pagó por adelantado a su suplidor. No obstante, a pesar de verse con un flujo de efectivo negativo, ¿realmente pudiésemos concluir que la solvencia de IDSA se deterioró? La respuesta, obviamente, es negativa, cuando pensamos en la disminución del apalancamiento y la rentabilidad esperada a corto plazo que generará el importador una vez liquide sus inventarios con mejores márgenes y que deberá ser monitoreada a través de sus proyecciones.

La Tabla 1 (“Clasificación de la Capacidad de Pago del Deudor”) del REA establece una matriz multidimensional de la totalidad de factores de riesgo que tienen incidencia sobre los préstamos otorgados por las entidades de intermediación financiera. Sin embargo, hemos podido observar que al momento de establecer la clasificación de capacidad de pago, dicha matriz no es lo suficientemente ponderada por los auditores externos, y por ende las mismas entidades, pues prima el nivel absoluto del flujo de efectivo a detrimento de otros factores. Hay variables tales como el riesgo cambiario que mantiene un deudor, que como hemos dicho anteriormente fue de los principales responsables de más de una quiebra corporativa durante la crisis económica del 2003, que aparentan no estar adecuadamente tomados en cuenta y sería lamentable que, a pesar de lo vivido, no aprendamos la lección de las posiciones de riesgo de cambio extranjero.

Evidentemente que para poder acercarnos a un modelo de evaluación de riesgo integral, será necesario mucho mayor sofisticación en el análisis del mismo, tanto por los banqueros como por los supervisores y auditores externos. La época de la vieja “matriz” que consideraba solamente la cobertura de deuda y el historial de pago del cliente ya pasó y en estos tiempos de Basilea II, supervisión basada en riesgos integrales y análisis de fondo requieren que todo el sector financiero avance en este sentido. Siempre predomina el deseo de tratar de establecer criterios netamente objetivos o cuantificables para arribar a una calificación de riesgo, pues esto le da a todos los involucrados un sentido de falsa seguridad en el cómo se asignarán finalmente las calificaciones, aparte de que ha sido la norma por muchos años en el sector financiero dominicano, pero es de esperar que los participantes del proceso superen esa etapa, para el bien de nuestro sector real.

Por otro lado, y sobre todo tomando en cuenta que en declaraciones recientes el Superintendente de Bancos ha dado a conocer la meta del Organismo Supervisor en ejecutar desde ya una metodología de supervisión basada en riesgos, igualmente hemos de superar la tradición de limitar las evaluaciones de los activos de las entidades de intermediación financiera a solamente inspeccionar las carpetas de crédito y “castigar” al banquero con exigencias de provisiones adicionales. Aquella antigua práctica permite que nos perdamos en el detalle de algunos árboles torcidos, mientras que el panorama general es el de un bosque que podría estar lentamente quemándose (o floreciendo).

Un reciente documento de Basilea, publicado en noviembre de 2005, establece ciertos lineamientos sobre las mejores prácticas en la evaluación de los riesgos crediticios y es notable observar un enfoque general en las políticas y procedimientos que rigen el proceso de otorgamiento y clasificación de crédito, la validación de los modelos internos de los bancos, la participación del Consejo de Directores en todo el proceso y la función de control y fiscalización ejercida efectivamente por un auditor interno independiente.

Igualmente notable es el valor que las mejores prácticas internacionales le dan al uso de un “juicio experimentado en la ponderación del riesgo” ejercido por el banquero y que el mismo documento establece como un factor importante tanto para Basilea II como para las normas internacionales de información financiera. Aunque han venido superándose a pasos de gigante, reconocemos que algunas prácticas de las áreas de gestión de riesgo y transparencia financiera que caracterizaron a ciertos segmentos de la banca dominicana fundamentan la duda y suspicacia que los supervisores de nuestro país, como en el resto del mundo, pudiesen tener sobre el juicio de los supervisados.

Sin embargo, poco a poco, como ya lo ha venido haciendo la SIB en la consideración de la re-asignación de las provisiones para créditos que han sido cancelados, y de acuerdo al modelo de supervisión basada en riesgos, se podría ir considerando un régimen de evaluación de riesgos algo más dinámico. Bajo esa visión, que entendemos es algo que se viene estudiando a lo interno de la Superintendencia, de acuerdo a los hallazgos sobre las políticas, procedimientos y ámbito de control interno que se identifiquen en las instituciones, las mismas podrían estar sujetas a exigencias acorde a los niveles de riesgo general que presenten. Así, por ejemplo, una entidad que haya demostrado un excelente ambiente de control y gestión interna y pocas exigencias de re-clasificaciones a sus riesgos por parte de la SIB, pudiese tener mayor flexibilidad en, por ejemplo, la contabilización de sus niveles de provisión según cambie el perfil de riesgo de su cartera. Por supuesto, aquellas que incumplan en estos derechos, serían severa y, de ser necesario, públicamente sancionados según lo contempla la Ley Monetaria y Financiera.

Concluimos esta serie sobre el REA con una afirmación general y una pregunta para los argentarii (banqueros) dominicanos. Lo primero es que debemos destacar y aplaudir los avances, logrados gracias a las cuantiosas inversiones y las lecciones aprendidas tan costosamente para el país, que tanto nuestra Superintendencia de Bancos como el grueso de la banca dominicana han venido logrando en estos últimos años en sus áreas de gestión, control y supervisión de riesgos, particularmente los crediticios. Tanto hechos recientes, como el desempeño financiero de nuestras instituciones, así lo demuestran.

Y finalmente la pregunta para los argentarii:

Es cierto que la cartera de préstamos neta durante el 2005, para la mayoría de las instituciones, mostró un crecimiento mucho menos espectacular al que venía mostrando en años anteriores y que, efectivamente, los préstamos de banca de consumo van tomando una mayor participación en el total de sus activos. Pero no olvidemos que la cartera es el resultado de un flujo de nuevos préstamos otorgados y viejos préstamos cobrados o cancelados. Si hicieran un “Top 20” de los préstamos nuevos otorgados, y otro “Top 20” de los préstamos viejos cobrados durante todo el 2005, ¿no están ustedes más que satisfechos con su propia gestión de negocios y riesgos realizada durante el año que recién pasó? En nuestra opinión, es indudable que la cartera de préstamos de nuestra banca no solamente ha crecido lentamente, pero sobre todo lo ha hecho de una manera mucho más sana y prudente que en el pasado. Algo, aunque sea mínimo, le corresponde al famoso REA que tantos dolores de cabeza nos causó a todos los involucrados.

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Para los interesados en el tema, recomendamos la lectura del Reglamento de Evaluación de Activos y su modificación única, además

del documento “Respuesta – Inquietudes al REA”, publicados en la página de Internet de la Superintendencia de Bancos (www.supbanco.gov.do). Un excelente resumen (de Noviembre 2005) sobre las mejores prácticas internacionales en esta materia es el documento “Sound Credit Risk Assessment and Valuation of Loans” de Basilea.


Lecturas recomendadas Reglamento de Evaluación de Activos (1 de 3), Reglamento de Evaluación de Activos (2 de 3) 

Alejandro Fernández W.

Alejandro Fernández W.

Analista financiero, con más de 25 años de experiencia trabajando con el sector bancario dominicano.



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