Vida offline y online: la trampa de una dicotomía

Vida offline y online: la trampa de una dicotomía

Es bastante tenue y porosa la frontera entre lo público y lo privado en las redes sociales. La mejor opción es estar presentes con una estrategia de comunicación como plataforma.

Son cada vez más frecuentes las fricciones que se generan entre medios de comunicación ordinarios y personalidades públicas que defienden a capa y espada su derecho a tener dos vidas: una en las redes sociales (virtual) y otra en su realidad más concreta, a la que algunos especialistas llaman offline.

La línea de Pizarro en esta dicotomía aparentemente está en que, para algunos, la exposición como sujetos en las redes sociales se asume como parte de la vida privada, aunque no apelen a los mecanismos que proveen los nuevos medios para controlar la privacidad y seleccionar con quién interactuar o no.

Al margen de que algunas de las redes de conexión global plantean principios acerca de la privacidad y del uso de los contenidos que publican sus usuarios, los periódicos, las revistas, la televisión, la radio y los portales de internet las usan como fuentes de información para la elaboración de noticias y comentarios, especialmente acerca de personas famosas, de instituciones o empresas influyentes.

El manejo profesional de las redes sociales provee filtros, direccionamiento, selección eficaz de las intervenciones y elaboración de contenidos para impactar, sin ruidos indeseados, en el público de interés.

¿Es esto ilegítimo? De ninguna manera. Pienso que cualquier objeción a que contenidos de cuentas de redes sociales de libre acceso sean usados por los medios de comunicación es un atentado grave a la libertad de expresión, sobre todo cuando se trata de información pública, compartida sin ninguna restricción en un entorno virtual, a veces más poderoso y viral que el llamado mundo offline.

Obviamente, la interpretación maliciosa, la manipulación aviesa y el retorcimiento –elementos que suelen adobar al periodismo antiético, sensacionalista o amarillista- forman la harina de otro costal, totalmente impugnable por quienes se consideren víctimas con su dignidad pisoteada.

Partiendo de que es bastante tenue y porosa la frontera entre lo público y lo privado en las redes sociales, la mejor opción es –cuando se trata de famosos, instituciones y empresas- estar presentes con una estrategia como plataforma. Es decir, un plan de comunicación profesionalmente diseñado y gerenciado por expertos curtidos en el resguardo de la imagen, la reputación y la buena fama. Esto supone, por supuesto, una inversión.

Novato en redes socialesTodavía falta crear conciencia sobre el uso de los nuevos medios. Muchos los perciben como simples mecanismos gratuitos para verter información en orden de llegada, subir imágenes a raudales y sentarse, en ocasiones con cierto envanecimiento, a contar los “likes”, los comentarios y las interacciones que crean la apariencia de un poder influyente con alto reconocimiento. Un grave error. Sin saberlo, se podría estar cavando la tumba de la reputación.

El manejo profesional de las redes sociales provee filtros, direccionamiento, selección eficaz de las intervenciones y elaboración de contenidos para impactar, sin ruidos indeseados, en el público de interés. Por vía de consecuencia, queda eliminada esa separación metafísica entre lo privado y lo público, pues lo real y lo virtual (o el mundo offline y online) pasan a concatenarse como un microcosmo lógico, favorable a ese activo intangible que es la imagen, tan difícil de construir y tan fácil de derribar.

Cuando esto se entienda, los influenciadores que defienden con celo su “privacidad” en las redes sociales –siendo hombres y mujeres públicos- dejarán de pelearse con los medios de comunicación. Por el contrario, los tendrán como aliados, proveyéndoles información útil para enriquecer la actualidad dura y “soft”, fuera del morbo que siempre entrañan lo oculto, lo reservado, lo prohibido.

En ese contexto, es cada vez más importante –como señalamos en un escrito anterior- incluir la estrategia de comunicación dentro de las partidas presupuestarias. Hacerlo sin diluirla entre los clásicos capítulos de publicidad y mercadeo, pues se trata de una categoría especial, con su propio cuerpo, y con la diferencia de que mientras los dos anteriores proveen negocios y “plata”, la estrategia de comunicación permite preservar el único activo que puede ser irrecuperable: la reputación. Este será el resultado siempre que se coordinen eficazmente las acciones offline y online, sin temor a que las cuentas de redes sociales sean usadas como fuentes de información pública.

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Víctor Bautista

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Víctor Bautista es consultor en comunicación. Encuéntralo en Twitter (@ViktorBautista y @MediaticosRD) o visitando www.mediaticos.com.do.


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