Memo al Presidente: Subsidios agrícolas de los países desarrollados y República Dominicana

Memo al Presidente: Subsidios agrícolas de los países desarrollados y República Dominicana

A: Danilo Medina, presidente de la Republica Dominicana

De: Héctor Guiliani Cury

Asunto: Subsidios agrícolas de los países desarrollados y la República Dominicana

Tenga cuidado con lo que pide señor Presidente. Su solicitud ante la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a los países desarrollados de que reduzcan los subsidios a los productos agrícolas puede ser muy costosa para el productor y consumidor dominicano. La realidad, señor presidente, es que los principales productos de exportación agrícola de los Estados Unidos (EUA) y la Unión Europea (UE) a la República Dominicana son insumos para la producción, mientras que la producción de aquellos que son para consumo humano, con la excepción del arroz, no es económicamente factible en el país.

Comencemos por el trigo. La eliminación del subsidio al trigo por los Estados Unidos sería altamente perjudicial para el consumidor dominicano quien tendría que pagar mayores precios por los productos que se fabrican con harina, además de que no poseemos las condiciones climáticas en las planicies del país para su producción. Actualmente tenemos uno de los mayores consumos per cápita de productos basados en trigo, con un consumo aparente de 430,000 Toneladas Métricas en el año 2014. Según la USDA Foreign Agricultural Service, nuestro consumo per cápita de trigo y de sus derivados es uno de los mayores de América Latina y el Caribe.

Es cierto que Estados Unidos subsidia la producción de trigo y que de allí proviene el grueso de nuestras importaciones, pero como ningún productor local es perjudicado con esta medida, el subsidio representa una transferencia positiva de recursos del contribuyente de los Estados Unidos al consumidor y productor dominicano. Como es de su conocimiento, el impacto de cualquier subsidio es establecer un precio inferior del que prevalecería en un mercado competitivo. Ese subsidio, financiado por el contribuyente norteamericano, nos permite adquirir trigo a un menor precio que el que se obtendría en el mercado mundial en ausencia del mismo, lo cual representa un aumento efectivo en el salario real de cada dominicano, así como ahorros presupuestarios para el Gobierno en sus programas de alimentación escolar.

La eliminación del subsidio al trigo en Estados Unidos, como usted propone, aumentaría los precios en el mercado local de productos como el pan, galletas, todos tipos de dulces y pastas, y el costo del programa de alimentación escolar del Gobierno. Como no tenemos potencial de producir trigo, lo racional seria felicitar al contribuyente norteamericano por su transferencia de recursos al consumidor dominicano.

En lugar de ver la paja en el ojo ajeno, pregúntese ¿qué hemos hecho como gobierno para enfrentar el desafío que el entorno de los tratados de libre comercio con los EUA y la UE representa y qué podemos hacer con miras al futuro?

Pero el beneficio de dicho subsidio va más allá del consumidor dominicano, reflejándose incluso en exportaciones de dicho producto a Haiti. Debido a nuestra proximidad geográfica y las relaciones comerciales que los productores agroindustriales y el comercio de la Republica Dominicana han desarrollado con sus contrapartes haitianos, el país reexportó en promedio 150,000 toneladas métricas de trigo y productos basados en trigo en el periodo 2010-2014. Es decir, la industria dominicana procesa parte del producto adquirido en los Estados Unidos, añadiéndole valor y lo vende a precios competitivos a Haití, resultando en mayores beneficios para las empresas procesadoras o re-exportadoras de trigo, mayor nivel de empleos, negocios para los transportistas dominicanos de esos productos e impuestos para el fisco.

Otro producto subsidiado que importamos es la soya de haba, que se utiliza fundamentalmente para alimentación animal, es decir, como insumo en la producción de aves de corral, huevos, y cerdos. El valor de las importaciones de la soya de haba ascendió a US$190.0 millones en 2015. La adquisición de un producto subsidiado permite a la industria dominicana producir una mayor cantidad de aves, cerdos y huevos a un menor costo que el que tendría si el subsidio no existiera. En otras palabras, la política de subsidios del gobierno norteamericano nos permite reducir el costo unitario de producción, así como aumentar la oferta de esos productos para consumo interno y para exportación. La eliminación de dicho subsidio aumentaría los precios de las aves, cerdo y huevos para los consumidores dominicanos y afectaría negativamente nuestras exportaciones a Haití de estos productos.

En ausencia de dichos subsidios tendríamos que adquirir esos productos en países como Argentina y Brasil que compiten con los Estados Unidos, probablemente a un mayor precio al reducirse la oferta global por la eliminación de los subsidios. Definitivamente, señor Presidente, que esto beneficiaría a Argentina y a Brasil, países que estarían en capacidad de vender sus productos a mayores precios en el mercado mundial, pero perjudicaría al consumidor y productor dominicano al elevar los precios de un insumo que se utiliza en la producción de productos fundamentales de la dieta del dominicano. A menos que usted estuviera pensando en defender los intereses de Brasil y Argentina en su discurso en la ONU, no veo cómo la eliminación de ese subsidio resultaría beneficiosa para el país que usted dirige. Así que, para República Dominicana, bienvenido el subsidio a la soya de haba.

El maíz es otro producto que se utiliza esencialmente como insumo en la producción de pollo de engorde y ponedoras. Al igual que el caso de la soya de haba, el subsidio norteamericano a ese producto permite a la industria avícola nacional producir una mayor cantidad de gallinas al mismo costo por unidad o la misma cantidad a un menor costo, permitiendo de esta manera que estos productos alcancen nuestra mesa a un menor precio. Aunque este fue uno de los productos que el país incluyó en la lista de productos agrícolas a ser protegidos por la rectificación técnica, la realidad, señor Presidente, es que nuestra producción de maíz es y siempre ha sido mínima, entre 40-45,000 toneladas métricas al año, o sea, alrededor del 3% de los volúmenes de consumo e importación. Su falta de empuje no se debe a DR-CAFTA ni a la liberalización del comercio.

La reducción de este subsidio, como usted solicitó en la ONU, aumentaría los costos de producción y nos obligaría a recurrir a suplidores más caros en el exterior, en vista de que la oferta interna dista mucho de llegar a niveles suficientes para suplir el mercado interno a precios competitivos. Me imagino que entonces tendríamos que recurrir a los controles de precios, tan populares previo a la reformas económicas de 1990, para evitar perjudicar al consumidor y nuestros productores, al igual que siempre, no se beneficiarían de los precios de escasez.

Las consecuencias para el país serían negativas. El consumo interno y las exportaciones a Haití se reducirían por los mayores precios y la industria turística también vería afectada su competitividad por el aumento en los precios de los productos alimenticios.

En el caso de la leche, el Gobierno se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado, República Dominicana es uno de los países del hemisferio con menor consumo per cápita de leche, 104 litros anual versus un promedio mundial de 235. A pesar del crecimiento sostenido del ingreso per cápita en el país, el consumo de leche es anormalmente bajo y solo se podría aumentar a través de una baja sostenida de su precio, de manera que la población pueda sustituir, a través del tiempo, otros productos por la leche e incorporarla gradualmente a su dieta diaria. Por el otro, a pesar del crecimiento de la producción lechera en los últimos años el sector no puede satisfacer la creciente demanda de leche a precios socialmente aceptables.

Es cierto que importamos leche subsidiada de los Estados Unidos. Pero la realidad es que la eliminación de los subsidios a las importaciones de leche líquida de los Estados Unidos y de Nonfat Dry Milk aumentaría los precios en el mercado local sustancialmente, lo que reduciría aun más el bajo consumo de leche per cápita. Así que, señor Presidente, su petición de eliminación de subsidios puede ser muy costosa para el consumidor dominicano, además de que la capacidad del sector de responder a los mayores precios en el corto plazo sería mínima.

No debemos perder de vista, señor Presidente, que la actual competencia en el mercado de leche líquida viene de un país en vía de desarrollo, sin los subsidios que EUA y la UE otorgan a sus productores de leche. Ese país es Costa Rica, que posee características similares al nuestro y la empresa es una cooperativa de productores. En este caso cabe preguntarse ¿qué estamos haciendo por nuestros productores de leche para que alcancen los niveles de eficiencia de Costa Rica? No podemos pasarnos la vida quejándonos del imperialismo yanqui y europeo, cuando después de casi 20 años en el poder se pudo haber implementado políticas que nos permitan exportar leche como lo hace no solo Costa Rica, sino también Nicaragua y Honduras.

Finalmente, tenemos el caso del arroz, producto que evidentemente será afectado por el proceso de liberalización resultante de DR-CAFTA, tanto por los subsidios de EUA como por la baja productividad del sector en el país (4.74 toneladas métricas por hectárea). Aunque Republica Dominicana y Costa Rica fueron los países que obtuvieron un mayor plazo para desgravar y reducir los límites cuantitativos a la importación de arroz (20 años comparado con 18 años para Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador) poco se ha hecho en el interín para preparar al sector arrocero para enfrentar el proceso de desgravación que se avecina. Durante los próximos 5 años se producirá una reducción de 8% anual del arancel a las importaciones de arroz fuera de cuota y del 2021 al 2025 la reducción será del 12% anual, lo que significa que al final del periodo las importaciones de arroz procedente de Estados Unidos entrarán libre de arancel al mercado dominicano.

Todo tratado de libre comercio tiene ganadores y perdedores. En el caso especifico del arroz, el ganador será el consumidor dominicano, que podrá adquirir arroz subsidiado norteamericano a menores precios; y los perdedores serán los 30,000 productores de arroz y las 500,000 personas involucradas en la producción, procesamiento y mercadeo del mismo, que verán su negocio afectado por las importaciones desde Norteamérica. Este no es un problema de segundo orden, y el gobierno dominicano tiene que buscarle una solución, después de 10 años de hacerse de la vista gorda con el mismo.

Seamos realistas. Es muy poco probable que el país pueda alcanzar los niveles de productividad de Estados Unidos y de los principales países productores de arroz, a pesar de los incrementos en la productividad que se observan en los últimos 5 años como resultado de la reducción de las áreas cultivadas con bajo rendimiento por hectárea. Por tanto, el Gobierno debe incentivar a estos productores de bajo rendimiento a cambiar a cultivos con potencial de exportación, proporcionándole asistencia técnica y comercial y generosos programas de compensación hasta que hayan ejecutado exitosamente la transición. Los arroceros, con tecnología y terrenos de mayor productividad, podrían continuar creciendo apoyados por programas de sostenimiento de precios que les permitan tasas de retornos satisfactorias y continuar invirtiendo en el mejoramiento tecnológico del sector.

La realidad, señor Presidente, es que el sector arrocero es el más protegido y subsidiado a nivel global. La eliminación del subsidio al arroz de procedencia norteamericano tan solo aumentaría el precio mundial en un 6%, nivel insuficiente para que el sector arrocero pueda sobrevivir sin protección estatal alguna. Esto significa que aun en el caso hipotético que los subsidios al arroz fuesen eliminados a nivel de negociaciones multilaterales, el sector arrocero no sobreviviría sin altos niveles de protección arancelaria a la competencia de países como Tailandia, China, India, Paquistán y Vietnam que representan el 66% de las exportaciones mundiales.

Me parece señor Presidente que su discurso en la ONU, donde se queja de los cuantiosos subsidios que los países desarrollados otorgan a sus productores agrícolas y su uso para “inclinar los mercados en su favor”, es más apropiado para defender los intereses de países como China e India en el caso del trigo; Brasil, Argentina y Paraguay en el caso del haba de soja; China, India, Indonesia y Vietnam en el caso del arroz; o China y Brasil en el caso del maíz, y no es una defensa de los intereses de la República Dominicana.

Ya pasaron los tiempos de culpar a otros por nuestros problemas. Su partido tiene más años en el poder que DR-CAFTA. En lugar de ver la paja en el ojo ajeno, pregúntese ¿qué hemos hecho como gobierno para enfrentar el desafío que el entorno de los tratados de libre comercio con los EUA y la UE representa y qué podemos hacer con miras al futuro? No es tarde, tiene casi 4 años más.

Nota: El título de esta columna se inspira en el del libro Memo to the President, escrito por Charles L. Schultze, del Brookings Institution y expresidente del Council of Economic Advisers del Presidente de Estados Unidos.


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