El dinero y la felicidad: Hay fórmulas… ¿qué nos dicen?

El dinero y la felicidad: Hay fórmulas… ¿qué nos dicen?

En los últimos años se ha investigado bastante sobre felicidad; Gallup, incluso, hace un estudio anual que da como resultado el ranking de los países más felices. Valga la pena mencionar que, en la última clasificación, Colombia aparece como el segundo país más feliz del mundo y que a República Dominicana le va también muy bien al ocupar el puesto 19 de 142.

La tendencia a investigar sobre la felicidad ha llevado, incluso, a académicos y científicos a sugerir fórmulas matemáticas para predecir qué tan feliz es una persona. En 2005, por ejemplo, Eduard Punset sugirió que es posible calcular el grado de felicidad de un ser humano en un momento dado utilizando una sencilla fórmula:

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Expresada en palabras, la fórmula dice que la felicidad equivale a las emociones implicadas en nuestras acciones (E) multiplicadas por la suma de los recursos y el coste del mantenimiento de nuestro organismo en términos de energía (M), la búsqueda de nuevos horizontes intelectuales, emocionales, profesionales, etc. (B), y un parámetro que define nuestras relaciones interpersonales (P). Todo esto se divide entre los factores externos que reducen la felicidad (R) –tales como no desaprender los conocimientos y las experiencias innecesarias, los procesos de aprendizaje automatizados y el miedo injustificado–, más los factores internos que disminuyen la felicidad (C) – como mutaciones genéticas lesivas, desgaste celular, envejecimiento, estrés imaginado, entre otras–.

No nos centraremos en la discusión sobre la cientificidad de la ecuación; en cambio, sería interesante aprovecharla para pensar hasta qué punto estos factores contribuyen o no a nuestra felicidad; entre otros, porque varios tienen directa relación con la gestión que hacemos de nuestras finanzas personales o con factores que las afectan.

Al momento de gastar démosle prioridad a las experiencias y no a las cosas. Y al gastar en experiencias, asegurémonos de que lo mejor de estas quede ubicado al principio o al final.

Por ejemplo, en ocasiones anteriores hemos hablado del efecto manada y las normas sociales que nos llevan a comportarnos de un modo u otro solo para pertenecer a un grupo social –y en la ecuación se habla de un factor que define nuestras relaciones interpersonales–; hemos hablado de la necesidad de plantearnos objetivos de vida y de planear nuestro futuro –y en la ecuación se habla de la búsqueda de nuevos horizontes–; y de forma directa la ecuación nos sugiere pensar en los recursos y el costo de nuestro mantenimiento, lo que pone sobre la mesa el tema de nuestras necesidades y nuestros deseos.

Lo interesante de la ecuación de Punset es que la suma de esas tres cosas (M+B+P) se multiplica por las emociones implicadas en nuestras acciones; es decir, el manejo que hacemos de nuestro dinero no puede desligarse de nuestra relación con los demás, con el entorno o con nuestra emoción.

Pues bien, aparte de Eduard Punset, Robb Rutledge y un grupo de neuro-científicos publicaron –hace poco más de un año y medio– un estudio en la revista de la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos al que llamaron: Modelo neural y computacional del bienestar momentáneo subjetivo. En ese estudio, terminan por deducir una ecuación muchísimo más compleja que la de Punset:

FORMULA 2 FELICICAD

Lo que dice esta ecuación es que existe una relación sorprendentemente consistente entre nuestra felicidad, nuestra satisfacción y nuestras expectativas.

Rutledge reafirma en su estudio que existe una gran confusión entre la experiencia y la memoria y que esto nos lleva a tomar decisiones financieras que pueden jugar a nuestro favor o en nuestra contra. En otras palabras, puede que estemos felices en un momento dado en nuestras vidas, pero otra cosa muy distinta es que valoremos nuestra vida como una vida feliz. En palabras de Daniel Khaneman, en nosotros habitan dos yos. Uno que tiene experiencias, que vive en el presente y conoce el presente, y otro que recuerda; lo interesante es que es este último el que toma nota, el que decide qué nos queda para recordar de nuestras experiencias y narrarlas como una historia.

En palabras de Daniel Khaneman, en nosotros habitan dos yos. Uno que tiene experiencias, que vive en el presente y conoce el presente, y otro que recuerda. Es este último el que toma nota, el que decide qué nos queda para recordar de nuestras experiencias y narrarlas como una historia.

El yo que tiene experiencias tiene un tratamiento del tiempo muy diferente del yo que recuerda. Desde el punto de vista del yo que tiene experiencias, si tenemos unas vacaciones, y la segunda semana es tan buena como la primera, entonces estas vacaciones de dos semanas son el doble de buenas en comparación a unas vacaciones de una semana. Sin embargo, esa no es la forma en que funciona el yo que recuerda. Para el yo que recuerda, dos semanas de vacaciones son apenas mejores que las vacaciones de una semana porque no se añaden nuevos recuerdos; no ha cambiado la historia; el tiempo tiene muy poco impacto en esta historia.

Debido a que no tomamos decisiones con base en experiencias sino con base en recuerdos de experiencias hay un par de cosas que podemos hacer para ganar felicidad con nuestras finanzas personales.

La primera: al momento de gastar démosle prioridad a las experiencias y no a las cosas. Thomas Gilovich, en un estudio, muestra cómo la emoción, la felicidad y la satisfacción es mucho mayor cuando se paga por experiencias que por cosas, lo que se explica –entre otras– porque son más difíciles de comparar con las experiencias (y los recuerdos de experiencias) de quienes nos rodean.

La segunda: al gastar en experiencias, asegurémonos de que lo mejor de estas quede ubicado al principio o al final. Por ejemplo, al irnos de vacaciones busquemos que los mejores planes queden al final; de esta forma, nuestra memoria dejará de lado cualquier incomodidad que hayamos vivido durante el viaje y valorará más positivamente la totalidad de las vacaciones recordándolas con felicidad.

Sabemos que el dinero es importante en relación con la felicidad, pero también sabemos que no es el factor fundamental de la misma. La felicidad tiene que ver con estar satisfechos con la gente con que nos gusta estar, con pasar tiempo con ellos; y está hecha de pequeñas cosas –pero no pequeñas cosas como las que pedía Groucho Marx: un pequeño yate, una pequeña mansión y una pequeña fortuna–. En palabras de Henry Van Dyke: “La felicidad es interior, no exterior… por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.


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