La psicología de la escasez

La psicología de la escasez

Epicuro decía que el hombre es rico en cuanto se familiariza con la escasez, nuestra experiencia nos ha mostrado que las lecciones más importantes en finanzas personales se encuentran en esos periodos y no en libros de autoayuda.

Cyril Parkinson afirmaba en 1957 que el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine, máxima que se conoció posteriormente como la Ley de Parkinson. Años más tarde esta premisa se extendió al dinero y al tiempo, y se llegó a considerar como parte de las Leyes de Parkinson el hecho de que los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos y que el tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.

En el caso del dinero, las Leyes de Parkinson nos permiten entender por qué los problemas de dinero no se solucionan, necesariamente, con dinero; es la razón por la que, a pesar de que logremos aumentos o nos ganemos una lotería, nuestros ingresos no parecen ser suficientes para satisfacer nuestros gastos. En el caso del tiempo, se trata de la razón por la cual dejamos todo lo importante para última hora.

Pues bien, desde hace algunos años, algunos investigadores se han dado a la tarea de entender los mecanismos que se esconden detrás de estas conductas y han encontrado un factor que se repite constantemente y que explica por qué dejamos todo para el final, o por qué –incluso– progresamos mucho más lento de lo que esperaríamos en nuestras finanzas personales. Ellos lo llaman la psicología de la escasez.

Es importante aclarar que la escasez no es una característica propia de un recurso en particular (el agua no es escasa por ser un recurso no renovable, por ejemplo); en cambio, es un resultado de la relación que hay entre nuestras necesidades y la limitación de los recursos: siempre que nuestras necesidades parezcan infinitas y los recursos existentes para satisfacerlas sean limitados, estaremos creando escasez.

La escasez es más que un límite físico: es también una mentalidad.

Todos hemos enfrentado o enfrentaremos –en algún punto– momentos de escasez en nuestras finanzas personales; la razón por la que deberíamos prestarles más atención e identificarlos a tiempo es porque, según Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir de las universidades de Harvard y Princeton, la escasez es más que un límite físico: es también una mentalidad. Los estudios de Mullainathan y Shafir demuestran que cuando la escasez toma nuestra atención, cambia la forma en que pensamos y, por tanto, la forma en la que actuamos.

Cuando nos preocupamos en exceso por qué almorzaremos esta semana, por cómo pagaremos la tarjeta de crédito el mes que viene, por cuántos buses tendremos que tomar para ir a una cita, o por lo poco que nos alcanza el dinero para el mercado que necesitamos, perdemos de vista la película completa de nuestras finanzas y generamos una visión de túnel que termina por reproducir y magnificar la escasez. Los efectos de esta visión de túnel son:

  • Los horizontes temporales de nuestra planeación se hacen más cortos; es decir, nos enfocamos en manejar la siguiente crisis o la siguiente necesidad y descuidamos nuestros objetivos de mediano y largo plazo.
  • Estamos más dispuestos a tomar préstamos para solucionar nuestras necesidades inmediatas a intereses muy altos, a pesar de que esto nos hará menos solventes a largo plazo.
  • Nos distraemos porque la escasez copa nuestro “ancho de banda” mental, es decir, limita nuestra capacidad para tomar decisiones razonables y habilidades como el auto-control, la planeación o la flexibilidad mental.

¿Cómo enfrentar entonces la escasez?

Empecemos por aclarar que la escasez no es por sí misma buena o mala; algunos estudios han demostrado, por ejemplo, que el estrés puede ser tan nocivo como estimulante para nuestra mente y nuestro cuerpo.

La mentalidad de escasez nos obliga a concentrarnos y ser muy precisos en la asignación que hacemos de nuestros recursos y esto, en condiciones normales, puede ser una gran ventaja. Cuando tenemos que empacar una maleta y sabemos que no podemos llevarnos sino un morral para un viaje de 5 días, por ejemplo, somos muy cuidadosos en seleccionar las prendas más livianas y aquellas que combinen más entre sí; en cambio, si pudiéramos llevar una maleta muy grande, no nos importaría empacar ropa que ni siquiera nos vamos a poner durante el viaje.

La mentalidad de escasez nos obliga a concentrarnos y ser muy precisos en la asignación que hacemos de nuestros recursos.

Igual pasa con nuestras finanzas: demasiada abundancia (holgura) puede llevarnos a ser muy poco eficientes y derrochadores; cuando no nos preocupamos por nuestros recursos, nuestros gastos – como en la Ley de Parkinson– terminarán por cubrir todo nuestro ingreso disponible; nuestros deseos tomarán el papel de nuestras necesidades y pagaremos un alto costo de oportunidad por compras que no necesariamente nos harán más felices.

Simular la escasez nos puede ayudar a ser más precisos en nuestro gasto; en la próxima quincena, por ejemplo, podríamos pagar primero todo lo que debemos pagar y quedarnos solo con el dinero que tendremos para otros gastos hasta el siguiente pago. Gastemos lo que nos quede después de ahorrar en lugar de ahorrar lo que nos quede después de gastar y empecemos a tomar decisiones para satisfacer nuestros gustos únicamente sobre el dinero que nos quede disponible.

En resumen, cuando por nuestra mente empiecen a pasar pensamientos muy repetitivos sobre el poco dinero que tenemos prendamos la alerta: la mentalidad de escasez reduce nuestra capacidad cognitiva y puede terminar por enfocarnos y obsesionarnos con esa cosa de la cual carecemos. Esto es un problema porque cuando actuamos en este contexto y bajo estrés financiero resolvemos nuestros problemas de forma distinta y pensando solamente en el corto plazo.

A pesar de esto, podemos utilizar la escasez en nuestro propio beneficio simulándola –apartando dinero para no gastarlo, por ejemplo– y recordándonos permanentemente que no es el dinero el que es escaso, son nuestras necesidades las que le dan esta característica. Epicuro decía que el hombre es rico en cuanto se familiariza con la escasez, nuestra experiencia nos ha mostrado que las lecciones más importantes en finanzas personales se encuentran en esos periodos de escasez y no en libros de auto-ayuda; en lugar de sufrir la escasez, enfrentémosla de forma serena y recordemos que, como dice el dicho, a la larga quien no vivió una escasez no guarda para después.

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo es asesor financiero, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de educación financiera. Ha sido asesor de la Estrategia de Educación Financiera de la Banca en Colombia, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia y de la Organización Internacional para las Migraciones.


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