La trampa de la felicidad financiera

La trampa de la felicidad financiera

Hace algunos años Philip Brickman y un grupo de investigadores de la Northwestern University se dieron a la tarea de averiguar qué pasa cuando los sueños monetarios se hacen realidad, estudiando a un grupo de ganadores de premios de lotería en Illinois y a un grupo de personas al azar. A todos les pidieron que puntuaran lo felices que estaban en aquel momento y lo felices que esperaban ser en el futuro; también les pidieron que dijeran cuánto disfrutaban de los placeres cotidianos de la vida, como charlar con los amigos o recibir un cumplido.

Contrario a lo que se esperaría, los que habían ganado la lotería no eran ni más ni menos felices que los que no la habían ganado. Tampoco había diferencia entre los grupos frente a qué tan felices esperaban ser en el futuro; de hecho, la única diferencia que había era que quienes no habían ganado la lotería disfrutaban mucho más de los placeres sencillos de la vida.

Igualmente, el Banco Mundial y el World Values Survey han mostrado que si bien los ciudadanos de los países muy pobres no son tan felices como los de los países más ricos, cuando se trata de países con un ingreso modesto esa relación se desvanece. Es decir, cuando las personas pueden pagarse las necesidades básicas, un aumento en los ingresos no da como resultado un aumento considerable de la felicidad.

Cuando las personas pueden pagarse las necesidades básicas, un aumento en los ingresos no da como resultado un aumento considerable de la felicidad.

Russ Harris sostiene que hay cuatro mitos fundamentales sobre la idea que tenemos de la felicidad: el primero, que es un estado natural de todo ser humano; el segundo, que si no somos felices es que tenemos algún defecto; el tercero, que, para construir una vida mejor, tenemos que deshacernos de los pensamientos negativos y, el cuarto, que deberíamos ser capaces de controlar lo que pensamos y lo que sentimos.

Valdría la pena preguntarse si han servido los libros de autoayuda financiera que llevan años recomendando ejercicios como:

Cierra los ojos e imagínate a tu nuevo yo. Piensa en el buen aspecto que tendrías manejando el carro que quieres, usando la ropa que quieres, viviendo en la casa que mereces, mientras el dinero trabaja para ti en vez de tú para el dinero.

Desafortunadamente, estudios académicos y científicos como los de Phan y Taylor o Oettingen y Wadden, han demostrado que estos ejercicios son, en el mejor de los casos ineficaces y, en el peor, dañinos. Las investigaciones sugieren que quitarnos los pensamientos negativos sobre nuestras finanzas de la cabeza puede llevar a aumentar la tristeza, en vez de disminuirla.

¿Qué podemos hacer entonces?

Lo primero es entender que tenemos mucho menos control del que creemos tener sobre nuestro entorno y sobre nuestros pensamientos. Un estudio publicado en 2005 afirma incluso que aproximadamente el 50% de nuestra sensación de felicidad queda determinado genéticamente, por lo que no puede alterarse; solo un 10% depende de factores como el nivel educativo, los ingresos, el estado civil, entre otros. Ahora bien, la buena noticia es que el 40% restante tiene que ver con nuestro comportamiento diario y con la forma en que pensamos sobre nosotros y sobre los demás.

En este orden de ideas la propuesta es empezar a llevar un diario financiero. Registrar nuestros ingresos y gastos de forma habitual nos permite elevar la consciencia sobre nuestros recursos y el uso que hacemos de ellos. Si además, escribimos un poco al final del día sobre lo que nos pasó, aquello por lo que estamos agradecidos y los pensamientos y emociones que estos eventos suscitan en nosotros, estaremos creando una estructura y un argumento que ayudan a dar sentido a lo sucedido y nos dirigen a una solución.

En conclusión, si el dinero no puede comprar la felicidad entonces los problemas de dinero no se solucionan con dinero.

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo es asesor financiero, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de educación financiera. Ha sido asesor de la Estrategia de Educación Financiera de la Banca en Colombia, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia y de la Organización Internacional para las Migraciones.


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