Guerra de guerrillas y alimentación durante la guerra restauradora

Guerra de guerrillas y alimentación durante la guerra restauradora

Las tácticas de la guerra de guerrillas, sistema asumido por los dominicanos para el enfrentamiento con los españoles ante la insuficiente cantidad de armas de fuego con que contaron desde un inicio de la guerra de la Restauración, la imposibilidad de obtener un mayor número de estas en el curso de la guerra y el reconocimiento de ser poseedores de piezas de fusilería deficientes, se impusieron tempranamente en nuestro ejército para impedir el abastecimiento de las fuerzas españolas.

En el sur y el este del país, una vez la guerra se extendió hacia esas regiones desde el Cibao, los convoyes españoles que transportaban alimentos se convirtieron en blancos primordiales de las guerrillas restauradoras. En el sur, vapores españoles desembarcaban raciones en Las Calderas y Agua La Estancia y la desembocadura del río Haina – en este último caso para las tropas en operaciones en San Cristóbal – , desde donde eran trasvasadas y trasladadas en acémilas. En el este, el traslado de los alimentos se hacía por la vía marítima y fluvial desde Santo Domingo; la boca del río Yabacao era el lugar destinado para el desembarque de las provisiones que se llevaban al campamento de Monte Plata, en tanto que al río Guasa, la boca del río Soco y Macorís arribaban buques de guerra españoles para trasvasar cargamentos al interior. En el caso de El Seibo, si faltaban raciones, se enviaban balandras a proveerse en Samaná.

Los dominicanos, carentes de armamento suficiente y eficiente, buscaban impedir el abastecimiento de las fuerzas españolas. Click Para Twittear

La hostilización por los dominicanos de las columnas españolas tenía como fin último destrozarlas e impedir que los convoyes de alimentos llegaran a su destino y, en el peor de los casos, retardar su llegada, para dejar a sus lugares de destino con nulas posibilidades de defensa. Y es que sin líneas de suministro preservar una posición era menos que imposible.

La movilización de tropas y el sostenimiento de una determinada posición tenían como presupuesto el debido soporte alimentario, sin el cual las marchas o la permanencia en una localidad no eran aconsejables, realidad que fue aprehendida por ambos ejércitos. En el ejército español había oficiales conscientes de que sin la logística oportuna en cuanto a manutención nada podían hacer frente a los dominicanos, por muy bien armados y entrenados que estuvieran.

Los dominicanos iniciaron la guerra sin que el gobierno restaurador tuviese recursos económicos para solventarla, por lo que se dispuso racionar inicialmente al ejército con reses y plátanos y que todos los dominicanos contribuyeran a su sostenimiento. En ese orden, se ordenó a los comandantes de armas e inspectores de agricultura realizar requisiciones y envíos de ganado y víveres – reses y plátanos fundamentalmente – ya fuese de manera voluntaria o forzosa contra la expedición de vales o recibos para su pago en tiempo oportuno, previa validación por sendas comisiones locales designadas al efecto y, excepcionalmente, contra el pago de dinero si el ganado escaseara. Asimismo, los comandantes de armas tuvieron a su cargo organizar las correspondientes comisarías de guerra y la designación de jefes de bagajes para el transporte de vituallas. En los casos en que existieran comisarios de guerra designados, estos harían las requisiciones de lugar para el mantenimiento de las tropas y organizarían los servicios de bagajes.

Las noticias sobre el abastecimiento del ejército restaurador son escasas y se inician a partir del establecimiento del gobierno provisorio en Santiago, justo en la misma fecha de su instalación, el 14 de septiembre de 1863. Hay que pensar que antes de esa fecha, el avituallamiento careció de organización y dependía de los diferentes jefes de tropa.

Aunque para noviembre de 1863 debía entrar en ejecución la disposición de racionar a todos los soldados con dinero efectivo, a propósito de la adquisición de una prensa para imprimir el imprescindible papel moneda del que se carecía para solventar los gastos bélicos, la repartición de víveres y carne se asumió en paralelo al racionamiento en dinero en forma constante. La asignación en esta etapa presentó la variante de la formalización escrita de la voluntad de las partes, aunque también se favoreció la expropiación forzosa del ganado de los dominicanos que decidieron unirse a los españoles.

De las reses matadas para racionar las tropas se aprovechaban sus pieles y su sebo. Entre esas necesidades pensamos que se contarían la fabricación de velas – por ser una alternativa más barata que la cera – y la lubricación de cartuchos de fusil. Con relación a este último uso, hay que recordar que el sebo se empleaba para engrasar los cartuchos con cuerpo de papel de los fusiles y que fue materia prima para fabricar lubricantes para las municiones de los fusiles Springfield modelo 1861, utilizados en la guerra de Secesión norteamericana.

Edwin Espinal Hernández

Edwin Espinal Hernández

El autor es abogado e historiador. Twitter: @edwinespinal09


Artículos relacionados

Conducta de pago en los condominios debería reportarse en burós de crédito

Los cambios en la dinámica de crecimiento económico desde la segunda mitad de los 90 contribuyeron a la aceleración del

Discusión sobre reforma laboral en RD: ¿proteger el empleo o el empleado?

El debate sobre la necesidad de una reforma del mercado laboral en la República Dominicana se ha concentrado en un

China y Estados Unidos: ¿guerra comercial o táctica para una negociación?

Por Ángela M. Santana  Múltiples autores afirman que cuando la soberanía nacional se siente amenazada se produce un efecto contrario

Volver Arriba