¿Y si nos concentramos menos en nuestras metas para alcanzarlas?

¿Y si nos concentramos menos en nuestras metas para alcanzarlas?

Con frecuencia dedicamos mucho tiempo a evaluar lo que ha pasado en nuestras finanzas y planear lo que creemos que pasará en el corto, mediano o largo plazo. Como lo hemos dicho aquí antes, y como lo dijo Dwight Eisenhower, sabemos que en la preparación para la batalla los planes son inútiles pero la planificación es indispensable. Por eso insistimos tanto en esa acción: planear, planear.

Sin embargo, dado que somos expertos planeadores y pobres ejecutores, dado que muchos de nosotros vamos por la vida sin anticiparnos un poco a los acontecimientos –ahí es cuando tenemos un ingreso extra y no sabemos qué hacer con él, o tenemos una emergencia y no estamos preparados para la misma– y dado que vivimos muy ocupados como para planear, nos dimos a la tarea de investigar qué alternativas había para hacer el proceso un poco más sencillo y elevar la efectividad del mismo. ¿La solución? Concentrarnos menos en las metas y los objetivos -algo en lo que insistimos mucho como planeadores financieros-, y concentrarnos más en crear sistemas.

Adams sugiere que cuando tomamos nuestra vida como una secuencia de objetivos y metas nos enfrentamos a un estado de casi-fracaso continuo. Click Para Twittear

Esto surge a partir de un libro de Scott Adams, que se hizo famoso gracias a una caricatura llamada Dilbert. Hace un par de años escribió Cómo fracasar en todo y aun así triunfar: algo así como la historia de mi vida –un título que podría ser el de la historia de nuestra vida financiera.

En su libro, Adams sugiere que cuando tomamos nuestra vida como una secuencia de objetivos y metas nos enfrentamos a un estado de casi-fracaso continuo, y da tres razones:

1- Pensar únicamente en nuestros objetivos reduce nuestra felicidad porque nos estamos convenciendo de que no seremos suficientemente buenos, o seremos felices sino hasta que alcancemos la meta. Es decir, la felicidad y el éxito se consiguen es después de alcanzar un objetivo y no hacen parte integral del proceso de alcanzarla.

2- El problema de los objetivos -sugiere Adams- es que una vez conseguimos lo que nos propusimos dejamos de hacer lo que tuvimos que hacer para conseguirlo: como ya lo logramos, esa meta ya no nos motiva a seguir ahorrando –por ejemplo–. Este efecto yo-yo, en el que tenemos que buscar permanentemente una nueva meta para poder hacer lo que deberíamos hacer permanentemente, puede perjudicarnos en el largo plazo -como en tener el suficiente dinero para jubilarnos, o comprar nuestra primera vivienda, por ejemplo-.

3- Los objetivos sugieren que tenemos control sobre cosas en las que tenemos poco o nada de control: es un hecho que no podemos predecir el futuro, y quedarnos solo en el objetivo es ignorar que hay situaciones que pueden desviarnos del camino.

¿Qué hacer entonces?

Crear sistemas, esto aplica para todo: por ejemplo, en vez de enfocarnos en perder 10 kilos, aprender a comer saludablemente -los 10 kilos menos deberían ser una consecuencia natural del sistema-. Adams define a un sistema como algo que hacemos regularmente que incrementa nuestra felicidad en el largo plazo, independientemente del resultado inmediato.

La propuesta de Adams tiene mucho sentido para nuestras finanzas personales: se trata de pasar el centro de atención de la meta al proceso y de ser conscientes de que mejorar en la forma en la que utilizamos nuestro dinero es algo que tenemos que construir día a día. Son muchos los casos de personas que van donde su asesor financiero, logran organizar sus finanzas, y meses después están en la misma situación que cuando acudieron a él; parte de esto tiene que ver con la falta de un sistema para manejar nuestro dinero.

Claro, los objetivos son importantes porque nos dan dirección; en esta oportunidad, démonos el permiso de concentrarnos en las cosas que sí podemos controlar. Click Para Twittear

Ahora, un sistema no es otra cosa que unos hábitos y unos principios que nos servirán para guiar nuestras decisiones en el día a día, veamos:

Un ejemplo de cómo podría aplicarse a nuestras finanzas puede ser que, en lugar de esperar ahorrar 3.000 pesos mensuales, creemos un sistema para ahorrar todos los días; por ejemplo, guardando las monedas que estén en nuestro bolsillo al llegar a casa cada tarde o cada noche. Otro podría ser comprometernos a utilizar nuestra tarjeta de crédito solo para aquellas compras que podamos pagar a una cuota y diferirlas siempre a ese plazo; si no estamos seguros de cuánto puede ser eso, podemos ponernos un límite de compras, por ejemplo, hasta un máximo de 5.000 pesos mensuales.

Pensemos entonces en cuál podría ser el sistema que cada uno puede crear para sus finanzas en el próximo mes. Claro, los objetivos son importantes porque nos dan dirección; en esta oportunidad, démonos el permiso de concentrarnos en las cosas que sí podemos controlar, lo que depende únicamente de nosotros, y no en el impredecible mundo exterior.

Un buen sistema debe ser una acción o un conjunto de acciones que podamos hacer todos los días, o al menos muy regularmente, que sea un proceso, que no tenga afán por el resultado inmediato, y que nos permita darnos cuenta de nuestro progreso (por ejemplo, al sentir el peso de la alcancía donde depositamos todos los días nuestras monedas). Ahora bien, no pasa nada si nos parece interesante y no pasamos a la acción: tener objetivos o un sistema diseñado puede ser importantísimo para nuestras finanzas, pero comprometernos y actuar en el proceso de nuestro propio bienestar financiero es lo que hace realmente la diferencia. ¡Manos a la obra!

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo es asesor financiero, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de educación financiera. Ha sido asesor de la Estrategia de Educación Financiera de la Banca en Colombia, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia y de la Organización Internacional para las Migraciones.


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