La inteligencia artificial en nuestras finanzas personales

La inteligencia artificial en nuestras finanzas personales

Durante nuestra infancia quienes gustamos del género ciencia-ficción hemos visto todo tipo de representaciones de la inteligencia artificial (IA) en libros, historietas y el cine; generalmente como expresiones de un futuro robotizado en el cual el conocimiento y la automatización pasan a ser la norma, para bien o para mal.

En los últimos años, este campo de investigación ha tenido un “boom”, fundamentalmente debido al abaratamiento del costo de la computación en la nube, la disponibilidad de información y la conectividad permanente que permite dicha recolección de datos generales, conocido entre los tecnólogos como “big data”.

Si bien la adopción de estas aplicaciones y servicios trae consigo un conjunto de beneficios, es también algo a tomar con cuidado. Clic para tuitear

Estos factores han permitido avanzar en el uso de ciencia algorítmica en muchos aspectos de nuestra vida diaria.  Hoy en día utilizamos servicios y aplicaciones basados en “Machine Learning” para una diversidad de actividades, como conocer el estado del tiempo, recibir asistencia virtual (Siri, Cortana), conocer la situación del tráfico (Waze, Google Maps), usar redes sociales y servicios de entretenimiento, teniendo en general una interacción mucho más “personalizada” en casi todo lo que hacemos en nuestra vida digital.

Hablamos de una atención más personalizada porque estos algoritmos hacen un levantamiento de nuestras preferencias a partir de la información que le brindemos, consciente o inconscientemente. Por eso Netflix es más adictivo que el Telecable; Amazon parece saber qué debe recomendarnos comprar y Facebook o Instagram nos ofrecen contenido que nos resultan atractivos para aumentar el tiempo que pasamos en la red.

En el caso de los bots en el mundo financiero, en vez de preguntar “¿con quién tengo el gusto de hablar, me puede dar su número de cédula?”, de entrada saludarán con un “buenas tardes sr. Pérez, ¿cómo se siente?” , pudiendo incluso agregar algún comentario basado en la información que tenga el sistema sobre el estado del tiempo, nuestra cumpleaños e, inclusive, sobre los productos que tenemos con ese banco, las ofertas asociadas a esos productos, etc.

En general, en la banca personal, la inteligencia artificial busca automatizar tareas básicas de interacción con las instituciones financieras, intentando mantener una dinámica fluida, que brinde rapidez y exactitud en las informaciones solicitadas y a la vez mantenga ese trato “personalizado” lo más similar posible a la interacción con un representante humano. De esa manera los oficiales en las entidades financieras puedan dedicarse a tareas más complejas y  aportar más tiempo a los clientes en dichos procesos.

En Latinoamérica los podemos notar en la implementación de módulos de atención al cliente totalmente basados en inteligencia artificial desde el año 2016, teniendo un buen nivel de aceptación entre los clientes, en varios países.

Desde el punto de vista del usuario, la IA ha venido a colaborar en la automatización de tareas recurrentes como también a influir en ese factor psicológico tan importante a la hora de tomar decisiones adecuadas o de crear y mantener hábitos saludables en este sentido.

Es por ello que, desde ya, tenemos a disposición una cantidad relativamente importante de aplicaciones y asistentes virtuales que pueden ayudarnos en diferentes aspectos de nuestras finanzas, tales como:

  • Automatización y mejora de nuestros hábitos de consumo
  • Cancelación de suscripciones innecesarias
  • Proyección y presupuesto
  • Análisis y optimización de portafolios de inversión

Si bien la adopción de estas aplicaciones y servicios trae consigo un conjunto de beneficios que nos ayudarán a tomar mejores decisiones, a reforzar en nuestra vida diaria los buenos hábitos y a aislar  un poco el componente emocional que a veces nos hace desviarnos de nuestros objetivos, es también algo a tomar con cuidado. Si no lo vemos como una ayuda para mejorar nosotros mismos y terminamos poniendo en manos de la automatización las que deberían ser nuestras propias decisiones, corremos el riesgo de convertirnos en personas perezosas y alejadas de ese sentido crítico que deberíamos tener en algo tan importante como nuestras finanzas personales.

Si bien al día de hoy esto no representa un peligro, poner ciegamente toda nuestra información financiera en algoritmos que podrían, a futuro, usar esta información para otros fines, es algo que debemos tomar con un granito de sal por el momento.

Héctor Díaz

Héctor Díaz

El autor es asesor en seguridad de la información, con más de 10 años de experiencia en el área Tecnología de la Información. Twitter: @Hectordi4z


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