Dime qué idiomas hablas y… ¿te diré cuánto ahorras?

Dime qué idiomas hablas y… ¿te diré cuánto ahorras?

¿Cuáles son las deudas buenas y cuáles son las deudas malas?

Más allá de la típica respuesta que podemos dar quienes trabajamos en este campo, es una pregunta que nos sirve para reflexionar sobre un tema que termina afectando nuestras finanzas: el uso de nuestro lenguaje. Es decir, que la forma en la que hablamos tiene efecto sobre las cosas que creemos y hacemos.

Hace dos años, Keith Chen -un economista de la Universidad de California- se preguntó por qué los países más desarrollados del mundo, a pesar de tener economías e instituciones tan similares, tienen tasas de ahorro tan diferentes. Después de darle vueltas al problema, él, que habla chino porque su familia es china pero creció en Estados Unidos, propuso una tesis: hay una relación entre la estructura de ciertos idiomas y el nivel de ahorro en un país.

Chen se dio cuenta de que en ciertos idiomas no hay una separación gramatical obligatoria del tiempo. Es decir, en idiomas como el Alemán, o el Chino, es posible decir algo como “ayer llueve”, “hoy llueve”, “mañana llueve”. En cambio, en idiomas como el inglés o el español esos serían horrores gramaticales. Nosotros decimos “ayer llovió”, “hoy llueve”,  “mañana lloverá” o “mañana va a llover”. En nuestro idioma, es necesario separar la conjugación del presente de la conjugación del futuro, mientras que en otros no.

Al descubrir esto, Keith Chen se preguntó si la forma en que nuestro lenguaje nos obliga a pensar en el tiempo afecta nuestro comportamiento. En idiomas como inglés o español, cada vez que hablamos del futuro, o cualquier evento que vaya a suceder en el futuro, tenemos que separarlo gramaticalmente del presente, lo que nos lleva a tratar el futuro como algo totalmente diferente del presente.

El problema es que si esto es cierto, y ciertos idiomas tratan el futuro como algo más distante y más diferente del presente, entonces para los que hablamos estos idiomas es más difícil ahorrar. En cambio, para quienes hablan idiomas como el noruego, alemán, holandés, finés, sueco, islandés, entre otros, es más fácil ahorrar porque en la estructura de estos idiomas el futuro es muy parecido al presente. De hecho, en algunos de estos idiomas ni siquiera hay que cambiar la forma en la que conjugamos el verbo para hablar del futuro; solo depende del contexto.

La diferencia en el ahorro entre los países que hablan un idioma que no distingue el presente del futuro y aquellos cuyo idioma distingue el uno del otro, puede llegar a ser de un 5% de su PIB por año. Clic para tuitear

Para probar esta idea, el investigador tomó bases de datos de todo el mundo y creó pares de familias que eran idénticas en muchas variables: edad, composición, número de personas, salud, hasta religión, y que solo diferían en el idioma que hablaban. Al analizar toda la información se dio cuenta de que era cierto: la diferencia en el ahorro entre los países que hablan un idioma que no distingue el presente del futuro y los países cuyo idioma distingue claramente el uno del otro, puede llegar a ser de un 5% de su PIB por año.

De hecho, es un 30% más probable que las personas que hablan idiomas que no distinguen el futuro del presente ahorren, frente a quienes hablan idiomas como inglés o español. Incluso, en el momento del retiro, quienes hablan idiomas que no distinguen el futuro del presente se jubilan con un 25% en promedio más de ahorros que quienes hablan idiomas como inglés o español.

¿Qué hacer si aquí se habla español?

Muchos podríamos estar pensando en este momento: bueno, y ahora qué, yo nací hablando español -que distingue el presente del futuro-, me dijeron que el idioma que había que aprender era el inglés -que resulta que también distingue el presente del futuro-, y cuando quise aprender un tercer idioma me fui por el francés, o el portugués, o el italiano que, adivinen, también distinguen el presente del futuro.

Si la solución no es meterse a un curso de mandarín, o alemán ¿qué podemos hacer entonces nosotros que ya estamos configurados en español?

Encontramos una pista en una investigación de una científica llamada Lera Boroditsky. Ella investiga cómo el lenguaje tiene influencia sobre distintas habilidades de las personas, y sus experimentos sugieren que cambiar la forma en la que hablamos afecta nuestro pensamiento.

Las metáforas que utilizamos tienen un efecto muy importante en cómo entendemos nuestros problemas y cómo diseñamos sus soluciones. Clic para tuitear

Entre otras razones, porque la forma en que hablamos influye en cómo asumimos cosas como el tiempo, el espacio, la causalidad y nuestras relaciones con los demás.

Boroditsky hizo hace unos años un experimento muy interesante al respecto:

Al hablar inglés a uno le enseñan que en una frase siempre debe haber un sujeto; yo no puedo decir “rompió el vaso”. Debo decir “ella rompió el vaso” o “María rompió el vaso”. Sin embargo, en español o en japonés, podemos omitir el sujeto diciendo: “rompió el vaso”. En un estudio, le mostraron a personas que hablaban inglés, español y japonés videos de dos personas que reventaban globos, rompían huevos y derramaban cosas. Algunas  de estas acciones las hacían intencionalmente y otras sin culpa. Un tiempo después les preguntaban a los tres grupos quién era el responsable de los accidentes. Los que hablaban español y japonés no recordaban quién era, pero los que hablaban inglés, sí.

Cuidado con las metáforas que utilizamos

Esto que parece tan sutil, creo que es supremamente importante a la hora de hablar de finanzas. Una de las conclusiones más poderosas de quienes estudian la relación entre el lenguaje y lo que llamamos realidad, es que las metáforas que utilizamos tienen un efecto muy importante en cómo entendemos nuestros problemas y cómo diseñamos sus soluciones. Quiero repetir esto: las metáforas, las comparaciones, que utilizamos no solo describen nuestros problemas sino también nos ayudan a diseñar sus soluciones.

Es hablar más de dinero y que cambiemos la forma en que hablamos de dinero. Cuando digo que una deuda es mala no me hago responsable de la decisión que tomé al endeudarme.

Así, por ejemplo, en un estudio le pidieron a un grupo de personas que considerara una ciudad con una alta tasa de criminalidad y juzgaran si el crimen era un monstruo o un virus. Cuando les pidieron que propusieran soluciones, las personas que juzgaron la criminalidad como un monstruo proponían más cosas como traer más policía, incrementar las penas o endurecer los castigos; y las personas que juzgaron la criminalidad como un virus tuvieron soluciones más preventivas, como diagnosticar la causa del problema, mejorar la educación, vacunar la población vulnerable dándole solución a sus problemas económicos de forma que no se dejaran tentar por el crimen.

En conclusión, para cambiar las cosas que no nos gustan o alcanzar las cosas que queremos lograr es necesario no solo que hablemos más de dinero, sino también que cambiemos la forma en que hablamos de dinero. Cuando digo que una deuda es mala no me hago responsable de la decisión que tomé al endeudarme, pude no haberlo hecho, pero ahora es la deuda la que es mala y yo me convierto en una víctima que espera ser salvada.

Quiero invitarte a que cuando hablemos de nuestras finanzas personales evitemos las formas impersonales. Cuando decimos “es que cuando uno se endeuda”, ese uno es impersonal; uno es cualquiera. Hablemos desde el yo, digámosle a nuestros hijos o a nuestros amigos: “es que cuando yo me endeudo…”.

Una primera forma de empezar a cambiar nuestras finanzas personales es hacernos responsables de ellas desde la forma en la que hablamos. Una cosa es quejarnos diciendo “es que el banco me dio tres tarjetas de crédito” y otra es decir “es que el banco me ofreció tres tarjetas de crédito y yo las acepté todas”.

Hablemos desde el yo en nuestras finanzas. Eso es vivir asociado con quienes somos, con lo que queremos, con lo que deseamos y con la responsabilidad que tenemos sobre sobre nuestro dinero y nuestra vida.


Una colaboración de Tranqui Finanzas para Argentarium.com. Publicación original aquí.

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo: Founder & CLO de Tranqui Finanzas, una empresa del portafolio de 500Startups. Financial Planner, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de Educación Financiera. Docente e investigador en finanzas personales de la Facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.


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