La revolución de 1857 y sus implicaciones económicas (2 de 5)

La revolución de 1857 y sus implicaciones económicas (2 de 5)

Buenaventura Báez reasumió la presidencia de la República el 8 octubre de 1856, después de la dimisión del general Manuel de Regla Mota, vicepresidente del gobierno de Pedro Santana, quien había renunciado el 26 de mayo de 1856, debilitado políticamente por las presiones de los baecistas y del cónsul español Antonio María Segovia y luego deportado.

Ciriaco Landolfi plantea que con la salida de Santana del poder el eje político sureño quedó descabezado por su parte oriental: el montero fue excluido de la receta segoviana al ser desterrado Santana del país”. Para el momento del ascenso de Báez, Santana había dejado tan depreciada la moneda que una onza de oro costaba mil cien pesos nacionales, mientras que en la década anterior, durante la primera presidencia de Báez, la onza de oro solo valía cuarenta pesos nacionales. La república contaba ya con unas 23 emisiones monetarias que habían colocado el valor del peso muy por debajo del peso fuerte español o del dólar norteamericano.

Báez Guerrero explica que, con las reservas monetarias desechas, Báez se empeñó en la búsqueda de un equilibrio económico para estimular la competencia y el crecimiento económico y beneficiar a las mayorías, por lo que comenzó a recoger buena parte de la moneda extranjera que llegó al país en 1856 para pagar la cosecha de tabaco de 1857, sustituyéndola con nuevas emisiones de papel moneda que evitarían la escasez de dinero y el agio de los comerciantes. Jaime de Jesús Domínguez plantea, sin embargo, que el objetivo de tales emisiones, ordenadas bajo el pretexto de que en la época de la venta del tabaco escaseaba el papel moneda, era canjear por pesos nacionales las onzas de oro pagadas a los comerciantes por la venta del tabaco de aquella cosecha, cuyos precios fueron los mejores del siglo XIX hasta ese momento –  doscientos pesos fuertes por un quintal – , aunque reconoce que “el sector mercantil cibaeño especulaba haciendo fluctuar la relación de los pesos nacionales con respecto a las onzas de oro” durante la época de la recogida de la hoja, generando pérdidas para la población, en particular los cosecheros. Lo cierto es que, como apunta Franklin Franco Pichardo, el cultivo del tabaco en la zona norte había aumentado. De un lado, como producto de la reactivación del comercio con Inglaterra y Francia luego del cese de la guerra de Crimea con la firma del tratado de París el año anterior, y por otro, gracias a la paz convenida con Haití en febrero de 1857, producto de las presiones ejercidas por esas dos potencias, lo que permitió la dedicación a la agricultura de miles de hombres que antes se encontraban en campaña.

Para el momento del ascenso de Báez, Santana había dejado tan depreciada la moneda que una onza de oro costaba 1,100 pesos nacionales, mientras que en la década anterior solo valía 40 pesos nacionales. Clic para tuitear

El crecimiento en su producción auguraba para 1857 una gran actividad comercial. Las expectativas preveían un nivel de operaciones que no podría ser cubierto por la cantidad de moneda nacional en circulación y el gran flujo de numerario extranjero en oro y plata.

Franco dice que para evitar la especulación del comercio y favorecer a los cultivadores Báez obtuvo autorización del Senado Consultor para emitir millones de pesos en papel moneda. La primera de las emisiones, ascendente a seis millones de pesos, fue autorizada en abril de 1857; otras dos, por valor de cuatro y catorce millones de pesos, fueron aprobadas en el mes de mayo siguiente.

Cassá plantea que Báez ideó con tales emisiones un “método extraordinario” para obtener una cantidad de recursos considerable para constituir una camarilla político-militar sustentada en un poder económico relativamente importante a costa del  comercio cibaeño, cuyos integrantes tenían menos capacidad de influencia política que los del sur, y los sectores intermedios y la pequeña burguesía de la región, que junto a los comerciantes habían manifestado su favoritismo para con el partido santanista.

Báez Guerrero matiza estos planteamientos y pone de relieve que, en realidad,  los sectores mercantiles de Santiago y Puerto Plata, enriquecidos enormemente en medio de la miseria que oprimió a los dominicanos durante el gobierno de Santana con la especulación de los pesos nacionales y el oro en perjuicio de los cosecheros de tabaco,  resentían, junto a “agentes comerciales extranjeros de casas importadoras de los Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Holanda y otros países europeos” (…) que Báez contase con el apoyo del recién llegado cónsul de España [Antonio María Segovia, EEH] y de los representantes de Francia y del Reino Unido”.“El agio, o sea el beneficio que se obtiene del cambio de la moneda o de descontar letras, pagarés y similares papeles comerciales y la especulación sobre el alza y la baja de los fondos públicos (…) fue lo que Báez combatió en una lucha sin precedentes en la joven república y que le costó la animosidad de los comerciantes”.

Edwin Espinal Hernández

Edwin Espinal Hernández

El autor es abogado e historiador. Twitter: @edwinespinal09


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