La revolución de 1857 y sus implicaciones económicas (5 de 5)

La revolución de 1857 y sus implicaciones económicas (5 de 5)

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Si nos atenemos a las versiones de Damián Báez y José Gabriel García, contrario a lo que pudiera pensarse, la rendición de Báez no fue el resultado de un recrudecimiento del cerco impuesto por Santana y los daños causados a comerciantes y vecinos de la ciudad por los cañones y la metralla. Según el testimonio de Damián Báez, lo que decidió la suerte de la revolución a favor de los liberales cibaeños fue el arribo al puerto de Santo Domingo – a pedido del gobierno revolucionario de Santiago –  el 26 de mayo de 1858 de la fragata estadounidense “Colorado”, cuyo comodoro amenazó con “tomar medidas coercitivas” si no se resarcían las ofensas hechas contra el pabellón de su país a propósito de un incidente en el que se habían visto involucradas una goleta norteamericana y un paquebot dominicano. 

Contrariamente, José Gabriel García precisa que la capitulación de Báez fue el resultado de la intervención de los cónsules de España, Francia e Inglaterra. Fue con la intermediación de esos representantes extranjeros y ante la sorpresa e indignación de sus seguidores, de acuerdo a este autor, que Báez capituló el 12 de junio de 1858 y se ausentó del país con numerosos amigos y parientes, refugiándose primeramente en Curazao. 

El acuerdo arribado preveía la renuncia de Báez a la presidencia y su salida inmediata del país; la no persecución de las personas que lucharon a favor del gobierno; la entrega de un pasaporte a todo oficial que deseara abandonar el país después de la rendición; la suspensión inmediata de las hostilidades y la entrega de la plaza de Santo Domingo al general Santana con sus fortalezas, arsenales, armas, pertrechos y buques de guerra. 

Tan pronto Santana y sus tropas entraron a la ciudad capital, a la salida de Báez, el 13 de junio, este se movilizó para restituir el orden de cosas existente antes de su caída. La Constitución de Moca de febrero de 1858 trastornaba la organización política y administrativa existente desde 1844, tan afín a sus intereses, y el traslado de la sede del gobierno a Santiago, con todo lo que ello conllevaba, implicaba despojar de múltiples privilegios a sus partidarios en Santo Domingo y la región sur. Fue así como el 27 de julio de 1858 un manifiesto contrarrevolucionario, alentó la puesta en vigor de la Constitución de diciembre de 1854 y el desconocimiento del gobierno instalado en Santiago y la Constitución de Moca. 

En 1858 Santana logró ocupar el poder por última vez. En su figura se saldó el fracaso de una revolución de un grupo de idealistas que careció del respaldo efectivo del comercio y las masas populares. Clic para tuitear

Santana designó un gabinete provisional el 30 de julio de 1858 e invitó a Valverde a adherirse a “salvar la República”, pero este no aceptó su propuesta. Valverde intentó poner resistencia a la marcha organizada por Santana hacia el Cibao para desconocer su autoridad e incluso encabezó tropas que se dirigirían hacia Santo Domingo. Pero las estratagemas de los oficiales subalternos de Santana sobre las filas cibaeñas determinaron que la deserción las redujera a su mínima expresión y Valverde renunció a la presidencia el 28 de agosto de 1858 para luego tomar el camino del exilio. En la caída de Valverde, Alejandro Angulo Guridi sugiere una presunta participación de los cónsules de Francia e Inglaterra, que “tenían parte en el agio de sus súbditos con el papel moneda de Báez” y que auparon a Santana al ver frustrado su interés en un cambio de 100 pesos nacionales por un peso fuerte en provecho de sus nacionales y rechazado por Valverde. 

Santana consolidó nuevamente su poder con el posicionamiento de comandantes de armas fieles a sus  mandatos en las diferentes provincias en el curso de agosto de 1858. El 27 de septiembre dictó dos decretos restableciendo la Constitución de diciembre de 1854 y todas las leyes y disposiciones que se promulgaron en virtud de la misma durante su anterior gobierno.

Con la liquidación de las pretensiones centralistas del grupo cibaeño, Santana pudo ocupar el poder por última vez. En su figura se saldó el fracaso de una revolución de un grupo de idealistas que careció del respaldo efectivo del comercio y las masas populares, que sostuvo un gobierno incapaz de crear vínculos para el Estado, que prohijó reformas sin arraigo en la conciencia pública y que algunos de cuyos hombres traicionarían después. 

Edwin Espinal Hernández

Edwin Espinal Hernández

El autor es abogado e historiador. Twitter: @edwinespinal09


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