La reputación en la fragua

La reputación en la fragua

iStock / nito100

Con el impacto del coronavirus a nivel global -que coloca a las naciones en una suerte de estado de guerra- tendremos una real regresión en indicadores de desarrollo económico y social, especialmente en las economías con fundamentos más vulnerables y menos diversificadas.

Agudización del déficit fiscal, caída de las recaudaciones, aumento de la deuda, desempleo, son factores que en República Dominicana no podremos eludir como secuela de una crisis sanitaria importada, un factor externo de difícil control, que cambiará la trayectoria del crecimiento hacia el declive.

Al margen de esa realidad -que es objeto de abordaje de economistas- quiero tocar un tema colateral con vista al futuro del país y que estará muy vigente en el período posterior a la crisis, asumiendo, por supuesto, que la pandemia será controlada.

Se trata de la reputación-país, un indicador que, seguramente, será materia de análisis y estudios internacionales de entidades especializadas en la materia, como Reputation Institute, y que claramente pudieran generar un ranking de eficiencia en la gestión de la crisis.

No hay dudas de que el tipo de manejo de esta inédita contingencia dejará en los países un sello que condicionará la confianza de los visitantes extranjeros. Clic para tuitear

No hay dudas de que el tipo de manejo de esta inédita contingencia dejará en los países un sello que condicionará la confianza de los visitantes extranjeros, principalmente en si el turismo es un eje fundamental en la economía no solo como motor del consumo, sino también como imán de capitales en forma de inversión extranjera.

Creo que se podrán proyectar como países seguros aquellos que hayan aplicado métodos de pruebas masivas, diagnóstico rápido, aislamientos; los que registren menores tasas de mortalidad y sirvan estadísticas fiables, que muestren la limpieza de un proceso dirigido con idoneidad y credibilidad.

En cambio, una mala reputación-país derivaría de la gestión inadecuada de la respuesta a la pandemia, que deje sombras, dudas, vacíos y preguntas no respondidas. Podría traducirse en pérdida de oportunidades de mercado, que significa contar con menos recursos para afrontar la tarea de la recuperación.

Para las marcas o las empresas la crisis es también desafiante porque su participación en la búsqueda de soluciones para el colectivo, los aportes desprendidos, la protección de sus colaboradores, en términos de salud y de la economía personal, y la ética en la fijación de la estructura de precios, marcarán su perfil y definirán su licencia social.

Tanto para los países como para las marcas, la comunicación estratégica será determinante para fijar percepción compartiendo y haciendo entender las buenas prácticas asumidas. Los hechos no comunicados no existen.

Víctor Bautista

Víctor Bautista

El autor es socio director de Mediáticos Consultores en Comunicación. Encuéntralo en Twitter (@ViktorBautista y @MediaticosRD) o visitando www.mediaticos.com.do.


Volver Arriba