Odebrecht: otro caso de corrupción. ¿Y la ética? Bien, gracias…

Odebrecht: otro caso de corrupción. ¿Y la ética? Bien, gracias…

“Los 7 pecados capitales del mundo actual: riqueza sin trabajo, disfrute sin conciencia, conocimientos sin carácter, negocios sin ética, ciencia sin humanidad, religión sin sacrificio, política sin principios”. Mahatma Gandhi

El tema de corrupción no es nada nuevo, y no es solo una cuestión de sector público pues también ocurre en el sector privado. La Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción, del cual es parte la República Dominicana, así lo indica. Mediante esta convención se incita a los Estados miembros a cumplir con principios del funcionamiento de un estado de derecho, como la integridad, la transparencia y la responsabilidad.

La corrupción tiene distintas modalidades, como enriquecimiento ilícito, tráfico de influencia, nepotismo, soborno, entre otros. La Convención Interamericana Contra la Corrupción emitida por la Organización de Estados Americanos (OEA) considera al soborno transnacional como un acto de corrupción. Esta convención fue ratificada por la República Dominicana mediante Resolución No. 489-98 del 1ro. de noviembre de 1998.

La Convención Interamericana Contra la Corrupción emitida por la Organización de Estados Americanos (OEA) considera al soborno transnacional como un acto de corrupción.

La Convención definió el soborno transnacional como “el acto de ofrecer u otorgar a un funcionario público de otro Estado, directa o indirectamente, por parte de sus nacionales, personas que tengan residencia habitual en su territorio y empresas domiciliadas en él, cualquier objeto de valor pecuniario u otros beneficios, como dádivas, favores, promesas o ventajas, a cambio de que dicho funcionario realice u omita cualquier acto, en el ejercicio de sus funciones públicas, relacionado con una transacción de naturaleza económica o comercial”.

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) también preocupada por el problema, emitió en diciembre de 1997 la Convención para Combatir el Cohecho de Servidores Públicos Extranjeros en Transacciones Comerciales Internacionales, que entró en vigencia en fecha 15 de febrero de 1999 (la Convención contra Soborno).

Esta convención nace de la convicción de que el soborno de funcionarios gubernamentales extranjeros durante transacciones comerciales internacionales es una seria amenaza para el desarrollo y preservación de las instituciones democráticas; pues impide el progreso económico y distorsiona la competencia internacional.

Aunque la República Dominicana al momento no es miembro de la OCDE y no ha suscrito la Convención contra Soborno, sí está trabajando de incorporarse a la OCDE y desde el 2006 ha venido aprobando leyes para acoplarse a las exigencias de dicho organismo internacional. Una de estas normativas es la Ley 448-06 sobre Soborno en el Comercio y la Inversión. Esta recoge la misma definición de soborno que establecen la OEA y la OCDE en sus respectivas convenciones.

El soborno puede ser activo cuando el delito es cometido por la persona que promete o da el soborno; o puede ser pasivo cuando es cometido por el servidor o persona que recibe el soborno. El soborno puede iniciarse a instancias tanto del funcionario o representante público, como del representante del sector privado. Verdaderamente, es un ciclo viciado que tiene un efecto en cadena y en cascada. Es decir, entre pares y hacia abajo a los empleados de menor rango, dándole a cada uno lo suyo dentro del circuito.

…Es un ciclo viciado que tiene un efecto en cadena y en cascada. Es decir, entre pares y hacia abajo a los empleados de menor rango, dándole a cada uno lo suyo dentro del circuito.

Toma tiempo, dedicación y esfuerzo diseñar, estructurar y desarrollar un esquema de soborno donde se asegure que todas las personas estén en sintonía para que el esquema fluya sin inconvenientes. Más aún cuando hablamos de un esquema de varios años, como el de Odebrecht, con 17 años funcionando. Y lo hacía con tan buen desenvolvimiento y rendimiento, que crearon toda una División de Operaciones Estructuradas.

En el denominado caso Lava Jato en Brasil (por el cual están siendo investigados ex presidentes, funcionarios públicos y empresarios), nos demuestra hasta el momento que todos los involucrados lograron ponerse de acuerdo para armar la estructura. Conforme la investigación en Brasil, varias de las empresas más grandes de construcción acordaron constituirse en un cártel para imponer el precio y repartirse quien ganaría los contratos y licitaciones públicas. Por este caso Marcelo Odebrecht, presidente y CEO del Grupo Odebrecht, fue enjuiciado y sentenciado a 19 años de prisión.

En el acuerdo firmado con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), la empresa Odebrecht declara que a través de sus empresas pagó sobornos a políticos, funcionarios y representantes públicos en diversos países para asegurar que le serían concedidos los contratos de construcción. Estos pagos de sobornos serían re-integrados a Odebrecht a través de las sobre valoraciones de las obras. Por tanto, la empresa no perdería económicamente en ningún momento.

Suponemos que las demás compañías que acudían a las licitaciones en los países indicados en el acuerdo del Departamento de Justicia de EEUU habrán presentado sus quejas por las cantidades de obras que eran adjudicadas a Odebrecht, o porque ésta ganaba las licitaciones pese a presentar propuestas más caras que las demás. No obstante, nada pasaba y el esquema continuaba pues al parecer todos los involucrados básicamente estaban siendo beneficiados del mismo. Por tanto, cualquier reclamo estaba cayendo en oídos sordos en cada instancia.

Leyendo los hechos declarados por Odebrecht y las noticias posteriores, no sé qué es peor. Que el esquema era un secreto a voces, como manifestó la vicepresidenta de Panamá, y nada pasaba ni existían consecuencias; que todos –sector privado, público y la sociedad– actuaban con indiferencia y permisividad, tolerando estas acciones; o que ya esta modalidad era aceptada por las empresas como parte de hacer negocios con el Estado, con la consecuente declaración que acompaña esta actitud de “todos lo hacen y si no lo hago, me quedo afuera y no hago negocios nunca…”. Una afirmación bastante triste.

En todos los casos se hacen cómplices de la corrupción y de los actos de soborno. Perpetuando el comportamiento y afectando al entorno y a la sociedad.

Leyendo los hechos declarados por Odebrecht y las noticias posteriores, no sé qué es peor. Que el esquema era un secreto a voces, que todos –sector privado, público y la sociedad– actuaban con indiferencia,  o que ya esta modalidad era aceptada por las empresas como parte de hacer negocios con el Estado.

En la acción de soborno, activo o pasivo, se presenta siempre una decisión ética respecto a cómo proceder. La misma va atada a los valores que tenemos como personas que nos fueron inculcados desde el seno familiar; que hemos visto emulado de nuestros padres, superiores, jefes y líderes, políticos, funcionarios públicos.

En ese momento de decisión hacemos igualmente un análisis de riesgo, calculando el costo-beneficio en cuanto a: lo material (cantidad de dinero o bien que obtendremos); la mejoría en nuestro desenvolvimiento social, en el empleo o posicionamiento de nuestra empresa respecto a la competencia; estatus que lograremos adquirir con el dinero recibido y mejor estilo de vida para la familia; beneficios exponenciales que obtendrá la empresa.

Calculamos el riesgo de ser detectados y denunciados; que la contraparte se niegue y lo reporte a los superiores, la justicia o a la prensa; el impacto en nuestra reputación o buen nombre (sólo aplicará para los que otorgan importancia a este factor en su toma de decisión); si será necesario incluir otros colegas, superiores o empleados de niveles inferiores al esquema, así como a personas fuera de la esfera del negocio para comprar su silencio o ceguera voluntaria.

Cuando una empresa no asimila ni se compromete con un comportamiento ético y de cumplimiento desde arriba, es decir desde el accionista, la junta directiva y la alta dirección, las consecuencias a mediano y largo plazo son graves.

¿Qué esperar de sus ejecutivos y gerentes cuando ven este modelo de actuación y se les incentiva a participar en el mismo como esquema aceptable y venerado para alcanzar las metas de la empresa? ¿Cuándo los ejecutivos son recompensados con ascensos y bonos por haber logrado los números deseados, los contratos en tales países, sin importar por cuales medios se logren y qué leyes se incumplan?

Es importante que en las empresas se promueva una cultura de ética y cumplimiento desde las altas instancias y se permee a todos los niveles de la misma. Esta cultura debe ser modelada por los mismos accionistas, directivos y altos ejecutivos, asegurando un verdadero compromiso de todos más allá de un documento o declaración.

La OCDE indica en sus Principios de Gobierno Corporativo que es necesario la existencia de un “marco del gobierno de las sociedades, el cual debe estipular las directrices estratégicas de la compañía, un control eficaz de la dirección por parte del directorio y la responsabilidad del directorio hacia la empresa y sus accionistas”.

Este gobierno corporativo debe quedar plasmado en el marco de control interno, el código de ética, la gestión de riesgos y cumplimiento, las políticas y procedimientos y auditoria. Igual exigencia, respecto al código de ética y programa de cumplimiento, hacen tanto las Naciones Unidas a través de su Convención contra la Corrupción, como la OCDE en su Convención contra Soborno. Para el proceso de gestión de riesgos se recomienda utilizar los modelos ISO 31000:2009; ISO 37001 para sistemas de gestión anti sobornos; e ISO 19600 para cumplimiento normativo.

Es un cambio que debemos realizar como personas, como jefes, como líderes comunitarios y empresariales para dejar de poner los intereses propios por delante del interés común y de la ética.

En este sentido es que el Departamento de Justicia, en el acuerdo suscrito, le requiere a Odebrecht: (i) implementar un código de ética, (ii) implementar un programa de cumplimiento dirigido por un oficial de cumplimiento que tome en consideración las leyes anti-corrupción, (iii) que a través del comité de auditoría se realice un rendimiento de cuentas sobre estos aspectos, y (iv) que designe un monitor de cumplimiento aprobado por las autoridades de EEUU para velar por que este programa se implemente y se cumpla en el transcurso de 3 años.

Se hace necesario que la alta dirección socialice, escuche y converse más con sus empleados para conocerlos mejor. Que se logre una integración entre empleador-empleado para tener colaboradores más estables, y obtener mejores resultados y mayores rendimientos.

Es un cambio que debemos realizar como personas, como jefes, como líderes comunitarios y empresariales para dejar de poner los intereses propios por delante del interés común y de la ética.

Así lo ha manifestado el presidente ejecutivo del World Economic Forum al inicio de su reunión anual 2017 este 16 de enero, titulada Llamado hacia un Liderazgo Receptivo y Responsable: “Hoy el liderazgo no puede construirse sobre privilegios, sino sólo en esfuerzos sostenidos y sinceros para ganar confianza; y la confianza sólo se puede ganar sirviendo a la sociedad en una manera que trascienda los intereses personales y produzca resultados tangibles en las preocupaciones fundamentales del público”. […] “Los mercados siempre crearán ganadores y perdedores, pero ninguna sociedad puede sobrevivir sin un contrato social basado en la solidaridad entre ganadores y perdedores”. […] “Los líderes tienen que arreglar el presente contrato social”. […] “Eliminar la corrupción, garantizar altos estándares de gobierno corporativo y mejores prácticas de responsabilidad social y de ciudadanía global corporativa, deben ser elementos fundamentales de estos contratos sociales”.

Claudia Álvarez Troncoso

Claudia Álvarez Troncoso

La autora es especialista certificada en Gestion de Riesgo (ECGR); Certified Anti-Money Laundering Specialist de ACAMS (CAMS); Certified Associate AML de FIBA/FIU.


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