Cómo hacer de la planificación un hábito

Cómo hacer de la planificación un hábito

Empieza una nueva quincena y, con ella, una nueva oportunidad para tomar el control de nuestras finanzas personales. Tendremos –una vez más– 336 horas para mejorar el manejo que hacemos de nuestros recursos ¿por qué hacerlo y cómo hacerlo?

En Alicia en el País de las Maravillas hay una escena en la que su protagonista llega a un cruce de caminos y al verse confundida sobre cuál tomar decide preguntarle al gato, que está encima de un árbol al costado del camino:

— Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
— Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar —dijo el gato.
— No me importa mucho el sitio… —dijo Alicia.
— Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes —dijo el gato.
— … siempre que llegue a alguna parte — añadió Alicia como explicación.
— ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte —aseguró el gato— si caminas lo suficiente!

Estamos ante la misma situación de cara al próximo día de pago: si no tenemos claro qué esperamos lograr o cómo hacerlo terminaremos llegando a alguna parte siempre que pasen suficientes quincenas. ¿Por qué esperar?

Ahora bien, lo difícil no es hacer un proceso básico de planeación, sino hacer del mismo un hábito e ir mejorándolo en la medida en que lo consolidamos.

Planear se trata de pensar antes de actuar, de organizar las actividades que son necesarias para alcanzar un objetivo determinado; es un proceso natural de nuestra especie y hace parte de las funciones ejecutivas del cerebro. Ahora bien, lo difícil no es hacer un proceso básico de planeación, sino hacer del mismo un hábito e ir mejorándolo en la medida en que lo consolidamos. Tomemos entonces una de las 336 horas de las próximas dos semanas y realicemos un ejercicio que nos ayude a tener claro para dónde vamos y a descubrir cuál camino debemos tomar; esta es la razón por la que es importante planear nuestras finanzas.

La planeación que haremos seguirá seis pasos básicos; una vez empecemos a ejecutarlos podemos complejizarlos tanto como queramos. Empecemos:

1. Identificar y diferenciar nuestras necesidades y deseos

Las necesidades están vinculadas al primer desarrollo de nuestro cerebro; sin embargo, es frecuente vernos elevando nuestros deseos al mismo nivel, lo que hace difícil diferenciar los unos de las otras.

Una herramienta que nos puede ayudar para lograrlo es hacer una lista detallada de las cosas en las que tenemos y quisiéramos gastar en el próximo mes o en la próxima quincena. Una vez la hayamos completado le daremos dos calificaciones a cada ítem: urgente / no urgente e importante / no importante. Al finalizar, deberíamos tener gastos que serán urgentes e importantes, otros que serán no urgentes pero importantes, algunos urgentes pero no importantes y otros que no son urgentes ni importantes.

2. Priorizar

Pareja planificación presupuestoDado que nuestros recursos son limitados es hora de escoger qué gastos tendrán prioridad. Para esto, asignaremos el gasto en el siguiente orden: primero las cosas que son urgentes e importantes, luego aquellas que son importantes pero no urgentes, enseguida las urgentes pero no importantes y en último lugar las que no son urgentes ni importantes.

Vale aclarar que los criterios de urgencia e importancia son personales: lo que para una persona puede ser importante para otra no lo es… ¡y es igualmente válido! Por eso hablamos de finanzas personales. También es discutible si en segundo lugar sería mejor salir de lo urgente y no importante antes que de lo importante y no urgente: en favor de nuestra sugerencia diremos que nuestro dinero debería estar siempre con las cosas que son verdaderamente importantes -la urgencia es muy relativa y puede terminar distrayéndonos de nuestros objetivos-.

3. Establecer objetivos

Haz una lluvia de ideas de tus objetivos de cortísimo plazo; analiza la priorización que hiciste en los pasos anteriores y escoge dos o tres objetivos que representen lo que verdaderamente quieres lograr en ese periodo de tiempo. Asegúrate de que cada objetivo tenga, al menos, las siguientes cuatro partes: un verbo, el detalle de lo que quieres, su valor y el tiempo en que lo quieres lograr.

Un ejemplo podría ser:
Aumentar la cantidad de dinero que ahorro mensualmente en 4 mil pesos a partir de la próxima semana.

4. Un momento para evaluar

Antes de la acción tomémonos también un momento para medir cómo están nuestras finanzas personales. Esto es importante para asegurarnos de que nuestros objetivos y la priorización de nuestros gastos están alineados con la realidad de nuestra economía.

Hay muchas cosas que podemos evaluar. En un siguiente artículo profundizaremos sobre los indicadores que podemos calcular para tomarle el pulso a nuestras finanzas. Por ahora, empezaremos por hacer un checklist con algunas preguntas que nos ayudarán a entender cómo estamos desde lo cualitativo:

¿Me endeudo para resolver pequeñas emergencias financieras?
¿Pago todas mis cuentas a tiempo (en la fecha límite o antes)?
¿Tengo claras las cosas que dejé de hacer o tener por gastar el dinero en algo más?
¿Soy organizado cuando se trata de manejar dinero?
¿Siento que gasto más de lo que gano?
¿Tengo consciencia de los riesgos a los que estoy expuesto a diario?
¿Las finanzas personales son un tema de conversación frecuente en mi grupo familiar?
¿Llevo un registro de mis gastos mensuales?
¿Tomo decisiones financieras con base en objetivos que me he establecido antes?
¿Me siento de algún modo estresado por mi situación financiera?
¿Tengo un plan de gastos o un presupuesto?

5. Analizar los instrumentos que ofrece el mercado

Hemos priorizado nuestros gastos, evaluado nuestra situación financiera y definido nuestros objetivos de forma que cada paso esté alineado con los demás. Ahora consideraremos los productos y servicios financieros que podrían facilitarnos el logro de esos objetivos.

Estos cinco criterios pueden ayudarnos a comparar cualquier producto o servicio del sistema financiero y a elegir aquellos que estén en consonancia con nuestro proceso de planeación.

Si lo que queremos es ahorrar o invertir será importante tener claridad en el porqué y para qué de nuestro ahorro e inversión, eso influye sobre el monto que tendremos que hacer a un lado, la tasa de interés a la que podemos aspirar, el plazo por el que conservaremos nuestro ahorro y las condiciones a las que lo someteremos.

Si lo que queremos es obtener algo a través de la deuda será igualmente importante considerar el porqué y para qué del endeudamiento, el monto máximo que necesitamos, la tasa de interés que nos cobrarán, el plazo en el que pagaremos y las condiciones del préstamo (entre las que cuentan otros costos como estudios de crédito o seguros).

En todo caso estos cinco criterios pueden ayudarnos a comparar cualquier producto o servicio del sistema financiero y a elegir aquellos que estén en consonancia con nuestro proceso de planeación.

6. Elaborar la estrategia y ejecutar

De la misma forma en que escribimos nuestros objetivos es recomendable que pongamos por escrito las actividades que son necesarias para lograrlos. Para esto será preciso especificar también los recursos que necesitamos en cada actividad y los resultados que esperamos al completarla.

Una vez tengamos el plan todo dependerá de nuestra capacidad de ejecución.

Nota final

Dwight Eisenhower decía que al prepararse para la batalla siempre se encontraba con que los planes eran inútiles, pero planear era indispensable. El plan no asegura que cumpliremos lo que nos hemos propuesto, hay una y mil cosas que pueden desviarse de lo que teníamos previsto, sin embargo, haber hecho el ejercicio nos ayudará a entender hacia dónde vamos y así tomar alguno de los caminos que, seguro, nos conduzca a nuestro destino.

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo

Juan Camilo González Trujillo es asesor financiero, investigador y especialista en diseño y evaluación de proyectos de educación financiera. Ha sido asesor de la Estrategia de Educación Financiera de la Banca en Colombia, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia y de la Organización Internacional para las Migraciones.


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