¿Sobrecarga de papel al adquirir servicios o productos financieros? Cinco consejos para enfrentarla

¿Sobrecarga de papel al adquirir servicios o productos financieros? Cinco consejos para enfrentarla

Cuánta información debemos procesar antes de contratar un servicio financiero siempre resultara un dilema. Ignorar una obligación o una condición importante puede costarnos tiempo, dinero o ambas a la vez.

Al momento de contratar un servicio financiero, ya sea abrir o cerrar una cuenta o certificado, habilitar un servicio de internet banking, solicitar y recibir una tarjeta de crédito o débito o hacer cambios a estos “productos”, etc., la cantidad de información en papel que recibimos puede resultarnos abrumadora y a veces ineficaz. Con frecuencia desistimos revisarla, por razones de tiempo o porque nos sentirnos intimidados con la complejidad técnica que le acompaña.

Como sé que muchos se sienten identificados con este escenario, les ahorro el suspenso del artículo adelantándoles que no creo que haya fórmula perfecta para solucionar este problema, pues si la saturación de información es mala la ausencia de esta resulta mucho peor. Cuánta información debemos procesar antes de contratar un servicio financiero siempre resultara un dilema. Ignorar una obligación o una condición importante puede costarnos tiempo, dinero o ambas a la vez.

De inicio, apostar a que la solución provenga por vía de una regulación que obligue a simplificar o reducir la información, puede provocar consecuencias parecidas a apagar un fuego con gasolina. Debemos reconocer que no resultaría fácil ni certero moldear las exigencias de información para cada producto bancario o financiero y cada perfil de cliente, no importa que sea una operación simple o compleja, de montos bajos o altos, para clientes alfabetizados financieramente o no. Además, la tendencia es hacer la norma cada vez más general y no lo contrario. Pero, mientras la regulación financiera obligue, correctamente, a que sean detallados todos los términos y condiciones del servicio, se seguirá generando un volumen de documentos tal, que el cliente correrá el riesgo de perder de vista lo que a sus propósitos le resulte más importante o útil.

No caeré, mis apreciados lectores, en la tentación de recomendarles leer los contratos de cabo a rabo antes de firmar, pues estaría en lo correcto desde el punto de vista formal, pero en la práctica sé que me expongo a merecerme un “chuípiti” o un “anjá, unjú” silencioso de su parte, ahora y tan pronto como cuando les toque firmar su próximo contrato bancario.

Además, aspirar a que ustedes siempre dispongan de tiempo y humor para sentarse a leer varias páginas de un documento con términos técnicos complejos, un tarifario de servicios y una guía complementaria de cómo funciona el producto, mientras sostienen un bolígrafo en la mano antes de firmar, no creo que sea realista de mi parte.

Pero ustedes dirán -y con razón- que me estoy concentrando en el problema y no en la solución, por lo que, mientras las entidades bancarias y demás prestadoras financieras van descubriendo la fórmula mágica para generar guías, documentos, estados de cuenta y herramientas amigables, atractivas e informativas, les dejo mi modesto aporte de recomendaciones sobre el tema:

1. Vamos a lo que más nos interesa. Usemos imaginariamente unas viseras tipo las que usan los caballos de carrera, para no olvidar revisar lo que más importa o interesa y, luego, revisemos los documentos en su conjunto. Por ejemplo: si vamos a tomar un préstamo con la intención de cancelarlo en un plazo inferior al que tendrá el contrato, revisemos las condiciones para abonos anticipados o pagos antes del vencimiento. En otro caso, si no estamos seguros de que podremos saldar una tarjeta de crédito cuando llegue el estado de cuenta, tengamos en cuenta la fecha límite de pago y la tasa de interés que se indica en ese estado de cuenta, para estimar el costo del financiamiento.

2. Reconozcamos nuestras circunstancias. Estimemos nuestras posibilidades reales de incurrir en una determinada situación, al momento de contratar un servicio financiero. Por ejemplo, abrimos una cuenta de ahorros en pesos o dólares y sabemos que en algún momento podremos necesitar una buena parte de lo depositado, debemos tener en cuenta la penalidad por dejar la cuenta con bajo balance y pagar comisiones que no advertimos inicialmente.

3. Aprendamos a discriminar entre la información que nos corresponde de aquellas que no forman parte de nuestro servicio. Ejemplo: si alguien está abriendo una cuenta como único titular, entonces no debe prestarle atención en ese momento a las condiciones para cuentas mancomunadas o empresariales que en ocasiones están contenidas en el mismo documento.

4. Listemos las informaciones que han sido de mayor impacto en experiencias pasadas de servicios. Si tuvimos que retirar una tarjeta de crédito o cerrar una cuenta por una situación determinada, la experiencia nos dice a qué ponerle más atención y qué evitar en el futuro.

5. Ubiquemos previamente, antes de firmar, los documentos o informaciones que aplican al servicio o transacción que estamos a punto de realizar. Vayamos al portal de la entidad o pasemos por una de sus oficinas y procuremos, de antemano, la información puntual que resulta de interés. Ejemplo: revisar el tarifario o pedir un ejemplar del contrato antes del día de la firma. Al momento de formalizar el servicio y una vez tenga el documento a mano, vaya a las informaciones que identifico previamente y coteje y confirme sus hallazgos.

Estoy consciente de estos consejos no son una clave secreta de técnicas de lectura rápida de contratos bancarios ni para el éxito en el buen uso de los productos o servicios financieros, pero dada la cantidad de información a la que nos exponemos en la sociedad de hoy día, tenemos que ir aprendiendo a defendernos de estas montañas virtuales, que aunque resulten las menos divertidas, inciden de forma determinante en nuestro bienestar económico presente y futuro.


El autor es abogado especialista en regulación financiera y socio de la firma Capital, Abogados & Consultores.

 


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    No sé si mi recomendación es acertada, pero creo que como clientes podemos pedir una copia del contrato en lugar de que firmemos y ellos (el banco) se queden con el único contrato. De todas formas, una persona se puede sentir presionada a firmar, ya que de lo contrario no obtendrá el servicio que busca. De esta forma podemos tener una constancia en casa del contrato ya aceptado.

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